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miércoles, 28 de octubre de 2015

"Un alimento por sí solo no genera cáncer, sino la dieta en su conjunto"

La industria cárnica rechaza enérgicamente la clasificación de embutidos como cancerígenos y considera inapropiado atribuir a un único factor un mayor riesgo de cáncer. “Éste es un tema muy complejo que puede depender de una combinación de otros factores, como la edad, genética, dieta, medio ambiente y estilo de vida”, afirma la Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España

La industria cárnica rechaza enérgicamente la nueva clasificación realizada por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), un organismo especializado de la Organización Mundial de Salud (OMS), donde se evaluó el riesgo carcinogénico de las carnes rojas y los productos cárnicos. Como resultado, los productores quieren ser proactivos y adelantarse con el fin de proporcionar tantos detalles como sea posible, servir de base para una completa fuente de información para el consumidor, para tener una mayor comprensión de la identificación de los peligros y la evaluación de los riesgos asociados.

“Existe amplia evidencia científica que demuestra los beneficios del consumo de carne dentro de una dieta saludable. La carne y los productos cárnicos son una fuente esencial de nutrientes. Son una extraordinaria fuente de proteínas de alto valor biológico, así como una gran fuente de aminoácidos esenciales; de vitaminas del grupo B, como la vitamina B12 que contribuye al funcionamiento normal del sistema inmune y de minerales como el hierro, que ayuda a reducir el cansancio. Por lo tanto, la carne y los productos cárnicos tienen un valor nutritivo muy importante, difícilmente sustituible por otros productos en nuestra ingesta diaria”, comienza recordando la Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España (Anice), entre la que se incluyen numerosas empresas de la provincia de Salamanca, una de las principales productoras de carne y embutido de España.

Además, la industria cárnica considera que es inadecuado atribuir a un factor individual un mayor riesgo de cáncer. “Éste es un tema muy complejo y depende de una combinación de factores como la edad, genética, dieta, medio ambiente y estilo de vida. De hecho, el riesgo relativo de cáncer derivado del consumo de productos cárnicos es menor que el producido por otros factores de riesgo: enfermedades de colon, IMC (índice de masa corporal), falta de actividad física y tabaco. Factores ambientales (aire exterior e interior, contaminantes, así como contaminantes de suelo y del agua de bebida) han mostrado valores de riesgo mucho mayores en diferentes tipos de cáncer”, argumenta Anice.

Recuerda además que el consumo real de carne y productos cárnicos en la Unión Europea es considerablemente inferior a lo que podría considerarse como ingesta diaria alta (más de 50 gramos por día). Por lo tanto, la industria de la carne aconseja mantener el actual consumo promedio, ya que como cualquier otro alimento, un consumo excesivo nunca es apropiado.

“Durante muchos años, la industria europea de la carne ha estado trabajando, tanto en reformulación como en procesos de elaboración, para mejorar la composición nutricional y optimizar el valor nutritivo de los productos cárnicos con el fin de ofrecer, entre otros, productos con bajo contenido en sal y en grasa”, afirma Anice. Y concluye: “Además, la industria cárnica cumple estrictamente los estándares legislativos y respeta los límites aplicables a los aditivos dentro del marco legal, y al mismo tiempo está destinando constantemente recursos a innovación para reducir el uso de aditivos y optimizar los procesos de fabricación y los ingredientes utilizados”.



El verdadero problema es el consumo excesivo de carne

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