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viernes, 24 de mayo de 2019

«El brócoli no te va a curar el cáncer. Solo tu oncólogo»

El dietista-nutricionista, docente y divulgador Julio Basulto (Barcelona, 1971) ha dedicado su último (y científico) libro –Dieta y cáncer, escrito junto a Juanjo Cáceres y editado por Martínez Roca– a investigar qué puede y qué no puede hacer la alimentación por nuestra salud. Que quede claro: la realidad científica respecto al cáncer es que la dieta puede ser preventiva o paliativa, pero no curativa. 

Siempre es recomendable una alimentación saludable. Pero ni las frutas, ni los cereales integrales, ni el brócoli curan el cáncer.

–El cáncer te lo cura, si puede, un oncólogo de bata blanca. El sauce se utiliza en la elaboración de las aspirinas. ¿A que nadie diría que comer sauces quita el dolor de cabeza? Pues lo mismo con el brócoli. Hay un nuevo estudio científico que menciona el brócoli. Bien, vale. Me imagino, en todo caso, que es preliminar porque si no estaría ya en los hospitales. Aunque se demostrara que una sustancia presente en el brócoli y no en las judías verdes se puede usar como terapia médica contra el cáncer, eso no significa que comer brócoli tenga efecto alguno sobre los tumores.

En el libro afirma que «no existe una alimentación específica que nos proteja contra el cáncer». Pero añade: «Una dieta saludable y rica en frutas, hortalizas, legumbres y cereales integrales es útil para reducir el riesgo».

–Un patrón general de alimentación saludable seguido por toda la población disminuye las probabilidades de que esta presente ciertos tipos de cáncer. Ahora bien, ¿qué patrón concreto? ¿Qué tipo de frutas? ¿Qué cantidad? ¿Con qué cocción exacta se deben cocinar las verduras? ¿Tienen que ser frescas, congeladas o de cercanía?

Puedes llevar una dieta saludable y que te diagnostiquen cáncer.

–Por supuesto. Y te puedes hartar a hamburguesas industriales y no tenerlo. En todo caso, los fumadores, tengan o no cáncer, están perjudicando su salud, están poniendo negros sus pulmones.

Una conocida gurú habla de alimentos anticáncer: cúrcuma, semillas de lino, brócoli, frutos rojos, cítricos…

–Es engañoso. Si lo dijera una empresa de alimentación sería ilegal. En Europa, para decir que un determinado producto baja el colesterol, por ejemplo, tiene que tener la aprobación previa de la Agencia de Seguridad Alimentaria. Lo que dice esta gurú es mentira. Y eso genera frustración y culpabilidad, incluso depresión, porque las personas están especialmente vulnerables. Si haces caso a esas voces puedes dejar de lado un tratamiento médico porque piensas que es química y lo otro es natural. En el caso de las semillas de lino, no creo. En el del limón, sí, porque afecta al esmalte y te duele cuando bebes algo frío o caliente. La cúrcuma no tiene efectos preventivos. Es más, puede interaccionar con medicamentos que esté tomando el paciente.

La prensa, que muchas veces publica artículos de titulares golosos y con poco rigor científicos, ¿debería hacer autocrítica?

–Lo que yo creo es que no nos enseñan a ser escépticos. No nos enseñan cómo funciona la evidencia científica. La gurú que acabamos de mencionar es médica. ¿Cómo diferenciar entonces que yo tengo razón y ella no?

Porque su libro es abrumador por sus referencias científicas.

–Pues el libro de la gurú tiene más citas bibliográficas que el mío. En realidad, debería ocurrir como en Francia, donde el colegio de médicos expulsó al creador de la dieta Duncan. Aquí, en España, hay gente que da conferencias diciendo que el agua sin cloro cura el cáncer. Mi libro se vende bien, vamos por la segunda edición, pero no se vende mucho más, ¿por qué? Porque no promete la cura del cáncer.

¿Alguna recomendación científica para los enfermos?

–Desconfiar de cualquier cosa que suene demasiado bonita como para que sea verdad. Pensar que si no te lo está diciendo el oncólogo es que no es importante. Seguir a raja tabla lo que te dice el médico, que es lo que al final te va a salvar la vida. No hacer ayunos porque el pronóstico empeorará. Un enfermo de cáncer necesita calorías, proteínas e hidratos. Y nada de tomar complementos alimenticios.

¿Y consejos para la gente sana?

–Huir del sedentarismo, el alcohol, la lactancia artificial, el tabaquismo, la alimentación malsana y las relaciones dañinas. No comas mejor, deja de comer peor. La dieta no va a mejorar tu estado de salud pero una mala dieta lo va a empeorar.



La dieta puede ser preventiva o paliativa, pero no curativa

miércoles, 22 de mayo de 2019

«Al principio me costó aceptar el agujero en el cuello, pero hay que vivir»

  • Pacientes laringectomizados piden apoyo psicológico previo y orientación sobre cómo abordar su recuperación

Cáncer de laringe. Había que extirpar el órgano donde se encuentran las cuerdas vocales, perder la voz y aprender a hablar con el esófago. El diagnóstico supuso un mazazo para Dimas Barbón, gijonés de 63 años. «Me dio un bajón importante y estuve indeciso entre si operarme o no. Me afectaba el aspecto físico, el agujero en el cuello... Porque, en principio, me lo iban a sellar con cirugía, quimioterapia y radioterapia. Pero si me administraban quimioterapia, al tener un by-pass, podía perder la pierna. Me decía: 'que dure lo que tenga que durar'. Pero enseguida decidí pensar en positivo y aceptar la intervención porque hay que vivir».

En marzo se cumplirán dos años de su paso por el quirófano, a la que siguieron una treintena de sesiones de radioterapia. Dimas quiso aportar su testimonio a otros enfermos y familiares en la jornada que esta semana organizó la Asociación Española contra el Cáncer en Gijón sobre los cánceres de cabeza y cuello (fosas nasales, senos paranasales, cavidad oral, faringe, laringe y glándulas salivares), con 300 casos en Asturias por año. Los principales factores de riesgo: el alcohol y el tabaco. Es más frecuente en hombres y la edad media está en los sesenta años.

Cambios hasta en el carácter

No oculta los efectos. Los primeros, los físicos. Los cambios en la imagen personal, aprender a hablar desde el esófago y las secuelas de la radioterapia, porque «el olfato y el olor disminuyen». Pero hay más repercusiones: laborales, sociales y afectivas. «Era transportista, tenía que llamar a clientes y estaba limitado por el habla. Me jubilaron». Cuando sale a tomar algo, le molesta el ruido por lo que le cuesta expresarse. «La verdad es que echas de menos la clase de persona que eras. Reconozco que ahora me enfado más, que discuto y eso también repercute en la pareja. Es una vida con limitaciones, sí, pero no son importantes. Puedes pasear, comer... Hay que aceptar. No nos podemos dar por vencidos. Eso sí, echo mucho de menos bañarme en el mar».

Comparte con Pablo Cabral, de 58 años, las carencias que encuentra en el proceso de recuperación. Pablo -que trabajaba de camarero- lamenta la falta de «apoyo psicológico antes de la intervención para saber de antemano qué camino va a tener uno que seguir». En este sentido, la psicóloga de la delegación asturiana de la Asociación contra el Cáncer, Rocío Toledo, sostiene que, «según los estudios, una cuarta parte de los pacientes acaba por desarrollar problemas psicológicos en alguna de las fases del proceso. Es un aspecto que inicialmente no priorizan. Porque lo primero es salvar la vida y después adaptarse a los cambios funcionales (volver a hablar bien, comer, nutrirse...) y lo mismo les ocurre a sus familiares. La salud mental queda de lado y en ella influye mucho el entorno familiar. Que le cuiden, que le ayuden y le orienten...». Precisamente, orientación es otra de las demandas de los pacientes. Sostienen que, al abandonar el hospital, se encuentran «muy perdidos». «Sales y no sabes ni limpiar la cánula», algo a lo que les enseñan en la Asociación contra el Cáncer, donde imparten talleres sobre disfagia (tragar) y primeros auxilios. Pero, por encima de todo, son optimistas. Froilán Viña, de 51 años y que trabajaba como soldador, sigue con las clases de logopedia. «No tengo ningún complejo. Además, ahora los móviles permiten traducir los mensajes a voz y son de gran ayuda». Sí echa de menos cantar. La misma pasión tiene Héctor Garaot, comercial de 66 años de Trevías, quien asegura sentirse fuerte. Y Miguel Fanjul -el único no laringectomizado, sufrió un carcinoma debajo de la lengua- no pierde el humor, pese a los problemas para «comer porque se me queda la comida debajo de la lengua y entonces no puedo hablar». 


Hay que aceptar. No nos podemos dar por vencidos.

lunes, 20 de mayo de 2019

La vida después del cáncer de laringe

Usted no puede cambiar el hecho de que ha tenido cáncer. Lo que sí puede cambiar es la manera en que vivirá el resto de su vida al tomar decisiones que le ayuden a mantenerse sano y a sentirse tan bien como pueda. Éste puede ser el momento de revaluar varios aspectos de su vida. Tal vez esté pensando de qué manera puede mejorar su salud a largo plazo. Algunas personas incluso comienzan durante el tratamiento.

Tome decisiones más saludables

Para muchas personas, recibir un diagnóstico de cáncer les ayuda a enfocarse en la salud de formas que tal vez no consideraban en el pasado. ¿Qué cosas podría hacer para ser una persona más saludable? Tal vez podría tratar de comer alimentos más sanos o hacer más ejercicio. Quizás podría reducir el consumo de bebidas alcohólicas o dejar el tabaco. Incluso cosas como mantener su nivel de estrés bajo control pueden ayudar. Éste es un buen momento para considerar incorporar cambios que puedan tener efectos positivos durante el resto de su vida. Se sentirá mejor y además, estará más sano.

Usted puede comenzar a ocuparse de los aspectos que más le inquietan. Obtenga ayuda para aquellos que le resulten más difíciles.

Aliméntese mejor

Alimentarse bien puede ser difícil para cualquier persona, pero puede ser aún más difícil durante y después del tratamiento del cáncer. Esto es especialmente cierto para los cánceres de cabeza y de cuello, como cáncer de laringe o hipofaringe. Puede que el cáncer o su tratamiento afecte su capacidad de tragar el alimento o causar resequedad en la boca, pérdida de dientes y cambios en el gusto, entre otros problemas. Las náuseas pueden ser un problema a raíz de ciertos tratamientos. Tal vez no tenga apetito y pierda peso involuntariamente.

Si el tratamiento le ocasiona cambios de peso o problemas con la alimentación o el sentido del gusto, coma lo mejor que pueda y recuerde que estos problemas usualmente se alivian con el pasar del tiempo. Puede que encuentre útil comer porciones pequeñas cada 2 o 3 horas hasta que se sienta mejor. Usted puede también preguntar a los especialistas en cáncer que lo atienden sobre consultar los servicios de un nutricionista (un experto en nutrición) que le pueda dar ideas sobre cómo lidiar con estos efectos secundarios de su tratamiento.

Una de las mejores cosas que puede hacer después del tratamiento del cáncer consiste en adoptar hábitos saludables de alimentación. Puede que a usted le sorprendan los beneficios a largo plazo de algunos cambios simples, como aumentar la variedad de los alimentos sanos que consume. Lograr y mantener un peso saludable, adoptar una alimentación sana y limitar su consumo de alcohol puede reducir su riesgo de padecer varios tipos de cáncer. Además, esto brinda muchos otros beneficios a la salud.

Descanso, cansancio y ejercicio

El cansancio extremo, también llamado fatiga, es muy común en las personas que reciben tratamiento contra el cáncer. Éste no es un tipo de cansancio normal, sino un agotamiento que no se alivia con el descanso. Para algunas personas, el cansancio permanece durante mucho tiempo después del tratamiento, y puede que les resulte difícil estar activas y realizar otras cosas que deseen llevar a cabo. No obstante, el ejercicio puede ayudar a reducir el cansancio. Los estudios han mostrado que los pacientes que siguen un programa de ejercicios adaptado a sus necesidades personales se sienten mejor física y emocionalmente, y pueden sobrellevar mejor su situación.

Si estuvo enfermo y no muy activo durante el tratamiento, es normal que haya perdido algo de su condición física, resistencia y fuerza muscular. Cualquier plan de actividad física debe ajustarse a su situación personal. Una persona de edad más avanzada que nunca se ha ejercitado no podrá hacer la misma cantidad de ejercicio que una de 20 años que juega tenis dos veces a la semana. Si no ha hecho ejercicios en varios años, usted tendrá que comenzar lentamente. Quizás deba comenzar con caminatas cortas.

Hable con el equipo de profesionales de la salud que le atienden, antes de comenzar. Pregúnteles qué opinan sobre su plan de ejercicios. Luego, trate de conseguir a alguien que le acompañe a hacer ejercicios de manera que no los haga solo. La compañía de familiares o amigos al comenzar un nuevo programa de ejercicios puede aportarle ese estímulo adicional para mantenerlo en marcha cuando la voluntad no sea suficiente.

Si usted siente demasiado cansancio, necesitará balancear la actividad con el descanso. Está bien descansar cuando lo necesite. En ocasiones, a algunas personas les resulta realmente difícil darse el permiso de tomar descansos cuando estaban acostumbradas a trabajar todo el día o a asumir las responsabilidades del hogar. Sin embargo, éste no es el momento de ser muy exigente con usted mismo. Esté atento a lo que su cuerpo desea y descanse cuando sea necesario.

Tenga en cuenta que el ejercicio puede mejorar su salud física y emocional:
  •     Mejora su condición cardiovascular (corazón y circulación).
  •     Junto con una buena alimentación, le ayudará a lograr y a mantener un peso saludable.
  •     Fortalece sus músculos.
  •     Reduce el cansancio y le ayuda a tener más energía.
  •     Ayuda a disminuir la ansiedad y la depresión.
  •     Le puede hacer sentir más feliz.
  •     Le ayuda a sentirse mejor consigo mismo.

Además, a largo plazo, sabemos que realizar regularmente una actividad física desempeña un papel en ayudar a reducir el riesgo de algunos cánceres. La práctica regular de actividad física también brinda otros beneficios a la salud.

¿Puedo reducir el riesgo de que mi cáncer progrese o regrese?

La mayoría de las personas quieren saber si hay cambios de estilo de vida específicos que puedan adoptar para reducir su riesgo de que el cáncer progrese o regrese. Para muchos de los tipos de cáncer existe poca evidencia sólida que pueda guiar a las personas. Sin embargo, esto no implica que no haya nada que no se pueda hacer, sino que en su mayor parte, esto aún no se ha estudiado bien. En la mayoría de los estudios se analizan los cambios del estilo de vida como una forma de prevenir que aparezca el cáncer en primer lugar, y no tanto para disminuir su progreso o prevenir su regreso.

El consumo de tabaco y alcohol ha sido claramente asociado con cánceres de laringe e hipofaringe. Por lo tanto, no fumar ni consumir alcohol puede ser beneficioso. Si usted fuma es muy importante que deje de hacerlo. Dejar de fumar mejora las probabilidades de que el tratamiento sea exitoso, reduce la probabilidad de que el cáncer regrese, y también podría reducir su probabilidad de desarrollar otros cánceres nuevos (especialmente otros cánceres de cabeza y cuello o pulmón), lo cual constituye un serio problema entre los sobrevivientes de cáncer de laringe y de hipofaringe. Abandonar el hábito también puede ayudar a mejorar su apetito y su estado general de salud. 

Puede que ayude el adoptar comportamientos saludables, tal como una buena alimentación, ejercitarse de forma habitual y mantener un peso saludable, aunque nadie está seguro de esto. Sin embargo, sí sabemos que estos cambios pueden tener efectos positivos en su salud que pueden ser mayores que el riesgo de cáncer.



Mantener hábitos saludables es beneficioso

jueves, 16 de mayo de 2019

Los vicios evitables

Cada vez son más las personas que apuestan por la vida sana y dejan de lado adicciones cada vez peor vistas como el tabaco o el alcohol.

Ya no es raro entrar a un bar y no oler a cigarrillo o estar en un restaurante y no respirar el olor del plato junto al del humo de tabaco. La denominada ´Ley Antitabaco` que entró en vigor en España hace justo una década -con las restricciones de fumar en estos lugares desde 2010- ha normalizado situaciones como las descritas. O quizá no tanto.

Como muestra un botón: En esta época de verano, donde las protagonistas son las terrazas, bien sea al aire libre o con toldos, en ocasiones provocan que el humo de tabaco no se vaya tan fácilmente. De hecho, casi la mitad de las personas encuestadas en un sondeo de la Sociedad Española de Medicina segura que sigue expuesto a este tabaco sin quererlo, el denominado fumador pasivo. Aunque la normativa es estricta, las denuncias por incumplimiento de la Ley se amontonan también en los tribunales de Castilla y León.

Peor lo tiene la gente que ha reconocido tener que respirar humo de tabaco en su puesto de trabajo -6% según el mismo estudio- o incluso tener que convivir con la nicotina dentro de su casa -14%-. El problema viene cuando se expone a sectores  de riesgo, como los niños, quienes, sin quererlo, inhalan un humo perjudicial en edades ,tan tempranas: “En menores se ha estudiado que el 6,8% de los menores de 4 años están expuestos a ello”- apunta Lidia Sanz, psicóloga de la Asociación Española contra el Cáncer en Castilla y León- “y lo peor es que están siendo dañados, porque en un organismo y unos pulmones en crecimiento, las consecuencias son brutales”.

No es fácil dejarlo, desde luego, pero para ello trabajan desde la AECC con grupos que ayudan a desengancharse a quienes peor lo están pasando. En ese sentido, Sanz asegura que aunque la adicción física a la nicotina se supera en unas dos semanas, la psicológica cuesta más: “Hay que trabajar los hábitos y rutinas porque es lo que más cuesta romper. Socialmente está más aceptada, pero no se puede olvidar que es una adicción”.

EL DETALLE: Mientras que el cigarrillo tradicional ha caído en ventas desde 2008 un 12% el de liar ha subido un 24% y sus ventas suponen un total de 640 millones de euros según la OMS.Malos hábitos, malas consecuencias

Un vicio que, de no tomar conciencia y cartas en el asunto, puede desembocar en enfermedades serias como el cáncer. Como dato, el 30% de los tumores están asociados a fumar cigarrillos y aunque muchos piensen que el único posible es el de pulmón, lo cierto es que también puede derivar en cáncer de laringe, esófago, estómago o hasta vesícula: “Por todos los órganos por los que se filtra esos componentes hay un riesgo añadido de padecerlo” matiza Sanz.

La exposición a estos agentes contaminantes, si bien en otros casos no depende de uno mismo, tiene la particularidad de que sí se puede evitar. Tan solo basta con apagar el cigarrillo, mantenerlo lo más lejos posible y apostar por la vida sana.

Por desgracia la convivencia con la palabra cáncer ya es común y, en ese sentido, uno de los que más se conocen y mejor porcentaje de curación tiene -según el último dato de la AECC el porcentaje de supervivencia está en el 82,8 por ciento- es el de mama. A pesar de ello, aún siguen siendo muchos los meses de pruebas, de quimioterapia, de radioterapia que merman las ganas de hacer algo más a quienes lo sufren una vez se sale de cualquiera de las sesiones. Pero durante el tratamiento es tan importante el cuidado en el centro médico como en el propio hogar.

La alimentación y el ejercicio suponen un tanto por ciento importante para salir más fortalecido de ese duro trance: “Los efectos adversos se van a presentar a todos los niveles por los tratamientos que se realizan, pero con una buena nutrición y ejercicio se pueden paliar en cierta medida sus consecuencias y las pacientes ven que van a poder con su cuerpo”, asegura la oncóloga Rocío Fonseca.

Fonseca, junto a otros especialistas, ha editado una Guía de Nutrición para las pacientes que se encuentran en esta situación en las que se da una serie de pautas, según la fase de la enfermedad en la que estén, para afrontar el trance, desterrando vicios y optando por una alimentación y ejercicio adecuados que revitalicen en una etapa en la que impera la desgana. Aunque no es fácil: “No hay nada efectivo a la primera. La única dieta que tiene un beneficio para prevenir un cáncer de mama es la dieta mediterránea junto a la eliminación del alcohol o el tabaco” puntualiza.

La enfermedad cada vez se conoce más, sí, pero aún hay retos como los que señala la oncóloga que hace autocrítica apuntando a su propio sector. De hecho, reconoce que la mayoría de oncólogos no tienen una “excesiva” formación en nutrición y ejercicio físico para estos pacientes dentro de los temarios que estudian en la facultad de Medicina. Un hándicap que provoca que tengan que especializarse a posteriori con cursos concretos: “En España es necesario que se integren en los planes de tratamiento a estos pacientes, algo que sucede en otros países de Europa y que creo que es fundamental para ayudar en esas fases del tratamiento”. En lo que coinciden ambas especialistas, psicóloga y oncóloga, es en la prevención, que además del chequeo médico rutinario incluye una buena alimentación, un peso correcto y un cuerpo en forma. Tres medidas que están al alcance de nuestra mano.


Los buenos hábitos es la mejor forma de eliminar el riesgo de cáncer

viernes, 3 de mayo de 2019

La nutrición, gran aliada contra el cáncer

  • Verduras, frutas y legumbres reducen el riesgo de sufrir esta enfermedad - La nutricionista Yolanda Albelda apuesta por unidades de apoyo nutricional para los enfermos oncológicos

Una alimentación sana y acabar con el sedentarismo son claves para reducir el riesgo de desarrollar enfermedades como el cáncer y también para luchar contra él, ya que los alimentos pueden favorecer los tratamientos así como minimizar sus efectos secundarios. Es lo que se conoce como nutrición celular activa o nutrición inteligente, que se basa en el poder terapéutico de los alimentos y en su capacidad para proteger frente a la predisposición genética.

Sin embargo, este potencial no se tiene en cuenta en las unidades oncológicas, según la doctora en Farmacia y experta en Nutrición Yolanda Albelda, que mañana impartirá un taller sobre "Nutrición, importancia antes, durante y después del cáncer" en el Hospital la Rosalera de Santiago, dentro del Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama y del Día Mundial del Cáncer de Mama, que se celebra el 19 de octubre. 

"Cada vez hay más estudios científicos que evidencian la relación directa entre el consumo de determinados alimentos y el cáncer. Se considera que un 30% de los casos de cáncer de vías respiratorias y estómago está causado por el tabaco; otro 35% está distribuido entre genética, virus, contaminación ambiental, tóxicos alimenticios y exposición solar; y el otro 35%, a la alimentación", advierte la experta.

La especialista sostiene que las unidades de oncología deberían tener una unidad de apoyo de nutrición. "La mayoría de los pacientes oncológicos desconocen que con una corrección alimentaria y unas pautas suplementarias pueden pueden ayudar a su organismo a combatir las células cancerosas, reducir los efectos secundarios de la quimio y de la radioterapia y prevenir una recidiva. Hay que empezar a prohibir ciertos productos y a potenciar otros", dice.

El consumo de leche animal en edad adulta, especialmente de vaca, comer mucha carne de ternera y el azúcar, así como prescindir de la fruta, la verdura y las legumbres favorece la aparición de cáncer, según Albelda. Pero no solo el tipo de alimento determina la salud. También la forma de ingerirlos, un término sobre el que se tienen que ser especialmente cuidadosos los enfermos oncológicos. Albelda aboga por una alimentación ecológica y por incorporar a la dieta al menos un 35% de alimentos crudos, y en el otro 65% restante, mejor cocido, al vapor o a la plancha que frito, y evitar las altas temperaturas en el horno, a la brasa y a la barbacoa, es decir, que la preparación de los alimentos no supere los 120º. 

En cuanto a la fruta, recomienda comerla entera, no en zumo, ya que los azúcares se asimilan más deprisa cuando se ingiere exprimida, y en el caso de las personas en tratamiento oncológico, recomienda moderar su consumo, ya que el azúcar es una de las cosas que más les gusta a las células cancerosas. Dentro de las frutas, la especialista recomienda a los enfermos de cáncer reducir la ingesta de manzana, melocotón y naranja, y sustituirla por otras como el limón y el pomelo, la sandía, la granada, el níspero, la mandarina, el caqui, la pera, el melón y los frutos rojos como los arándanos.


Una alimentación sana favorece los tratamientos contra el cáncer