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martes, 3 de noviembre de 2015

¿Qué puede hacer la dieta para prevenir el cáncer?

Los alimentos que comemos, sus proporciones y la forma en que los cocinamos son las bases de una dieta equilibrada, que puede prevenir ciertos tipos de cáncer y mejorar la calidad de vida de los pacientes oncológicos, al combatir los efectos negativos de la obesidad sobre esta patología.

Dentro de los talleres en psicooncología organizados por MD Anderson Cáncer Center Madrid, junto a pacientes y familiares, EFEsalud ha asistido al encuentro sobre la “Prevención de la obesidad en el paciente oncológico”, donde el doctor de la Unidad de Dietética y Nutrición, Pedro José Robledo, ha analizado las pautas para adelantarse y afrontar el cáncer desde la dieta.

Lo que comemos no sólo incide sobre la salud del presente, sino también sobre nuestro estado sanitario en el futuro, debido al valor preventivo de los alimentos, que se encuentra en su capacidad para intervenir en los ciclos de estructuración del ADN, de tal manera que “elementos como los antioxidantes o las vitaminas permiten reparar daños a nivel celular y evitar modificaciones que deriven en una célula mala”, explica el doctor Robledo.

    El 35% de las muertes por cáncer en Estados Unidos podría evitarse con una modificación de la dieta.

Si bien este vínculo entre obesidad y cáncer no es de causa-efecto, ya que pueden intervenir múltiples factores, una alimentación variada reduce las posibilidades de enfermar.

Cuando el diagnóstico oncológico no se puede evitar, la importancia de unos hábitos de vida saludables reside en su capacidad para combatir la desnutrición y el deterioro inmunitario provocados por el tratamiento o la propia enfermedad.

Dos características, prevención y calidad de vida, que sugieren un tratamiento multidisciplinar del cáncer, en el que la actividad física y el estado nutricional se conviertan en parte del tratamiento.

Alimentos y prevención

Llegar a encontrar una dieta variada, en función de la edad y el consumo calórico de cada persona, permite reducir el riesgo oncológico y afrontar mejor la enfermedad.

    “Para saber nuestro exceso de grasa corporal medimos el perímetro abdominal, ya que el peso total también incluye el agua, huesos y masa muscular”, señala el doctor.

En función de la grasa sobrante y el consumo individual de calorías, es posible ajustar alimentos y proporciones para desarrollar una dieta equilibrada que reduzca el peligro de cáncer, debido a que:
  •     El consumo habitual de carne roja aumenta el riesgo de cáncer de colon.
  •     La grasa de los alimentos está relacionada con el cáncer de mama, colon y próstata.
  •     El consumo de alcohol excesivo supone mayores probabilidades de padecer tumores de laringe, páncreas y vías biliares.

Junto a la reducción de alimentos perjudiciales, una dieta adecuada puede incluir nutrientes protectores como la fibra, que previene al organismo contra el cáncer de estómago o mama, y la vitamina D, por su papel protector frente al cáncer de colon.

    “En cuanto a la forma de cocinar, cuanto más sencilla es la elaboración culinaria, más sana es la comida”, indica.

Para conseguir una dieta variada, el doctor Robledo insiste en la necesidad de añadir opciones que nos permitan cumplir los consejos generales de alimentación, por lo que “si no puedo comer un plato de lentejas, pues que la guarnición de una proteína, sea judías verdes”.

Los hábitos de vida después del diagnóstico

Fruto de la patología y el tratamiento, los pacientes oncológicos padecen alteraciones metabólicas, desnutrición y problemas alimentarios, que obligan a tener en cuenta la alimentación para mejorar su calidad de vida.

    “En la actualidad se considera necesario aumentar los nutrientes más deficitarios y compensar las carencias vitamínicas que genera la quimioterapia”, remarca el doctor Robledo.

Junto a estas medidas, en ocasiones, para alcanzar una dieta adecuada a cada persona es necesario evitar ideas arraigadas en los pacientes y sus familias, que relacionan la salud con una alimentación abundante o que abusan de un componente por sus comprobado efectos positivos.

Además de la salud, la manera de cocinar puede tener en cuenta la saborización, es decir, las alteraciones sufridas por los pacientes en cuanto al sabor y olor de los alimentos, lo que permite elaborar un plato que sepa bien, sin la necesidad de añadir un extra de grasa.

“Incorporar orégano y apio a unas lentejas genera un estimulo de sabor que les permite comerlas y evita utilizar chorizo, que les puede parecer demasiado salado”, afirma.

Bajo la idea de que “los alimentos no curan”, Pedro José Robledo insiste en que ello no quiere decir que no aporten los nutrientes necesarios para reducir el riesgo de padecer la enfermedad o mejorar la respuesta al tratamiento.


Los alimentos no curan, pero ayudan a curar

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