lunes, 25 de enero de 2016

La importancia del apoyo psicológico para ganar la partida al cáncer

El apoyo psicológico se impone como terapia complementaria para ayudar a la superación del cáncer. Una tercera parte de los afectados y sus familias lo necesita. Vencer el miedo a la enfermedad es posible

El cáncer mata. Es verdad. Pero cada vez menos, a un ritmo de 0,7% de descenso al año. Por eso, porque más de la mitad de los diagnosticados se salvan, pese a que se sienta como la peor enfermedad que se pueda padecer, es necesario que los pacientes afronten los tumores con ganas de vivir o, al menos, de tener la mayor calidad de vida posible. A ese oficio, entre otros, se dedican en la Asociación Española contra el Cáncer (Aecc), la entidad que mayor apoyo psicológico gratuito presta en España.

En 2005 atendió a 17.570 enfermos, no sólo pacientes, sino también familiares, casi al 50%. No en vano, el cáncer es un conjunto de enfermedades que abarca más de 200 tipos de tumores malignos, cada uno con sus características y que pueden desarrollarse de diferente forma en cada persona.

Quien llega desde fuera, sin cáncer, se le antoja que lo más difícil del trabajo de un psicólogo tiene que ser cómo explicarle a alguien que puede morir o, mucho mejor, cómo convencerle de lo contrario, más allá de la depresión o la ansiedad. Y eso aunque las cifras sean tozudas, ya que sobreviven el 71% de los niños, el 56,4% de las mujeres y el 44% de los hombres (los tumores de pulmón y estómago son los más letales).

«El psicólogo tiene que trabajar la relación entre cáncer y muerte. Pero nadie puede asegurar a un paciente que no va a morir. El psicólogo no puede crear falsas expectativas y tampoco ser demasiado paternalista. Nuestra obligación, y la de toda la sociedad, es romper la relación entre cáncer y muerte. El afectado tiene que vivir el presente, ha de llevar una vida satisfactoria, tenga el pronóstico que tenga». Son palabras de uno de los psicólogos de la Aecc, Francisco Montesinos. Pero no sirven como resumen del trabajo que acometen 175 psicólogos que se reparten por todas las sedes provinciales de la Aecc y 68 hospitales. Y tampoco para el otro número indeterminado de profesionales que hacen el mismo trabajo en asociaciones de pacientes con tumores concretos o en otras entidades.

El papel de las familias

Otra psicóloga, Carmen Yélamos, explica que un papel fundamental en la enfermedad lo tienen los familiares. «Muchas veces no saben cómo ayudar, buscan orientación y poder estar bien para afrontar mejor la enfermedad. También intervenimos en duelos, o para ayudarles a adaptarse mejor al sufrimiento y al desgaste emocional que implica tener a alguien muy próximo en fase terminal». Por ejemplo, recomienda a las familias que no incurran en la «conspiración del silencio» y no piensen en que «bastante tiene con lo que tiene». Esa postura sólo contribuirá a que el paciente se sienta peor. Y de la misma forma, evitar el paternalismo, tratar al enfermo como a un niño. Así sólo se logra que éste se vea incapaz, sienta soledad y no tenga con quien hablar de sus problemas.

Quienes más requieren asistencia psicológica son las mujeres y jóvenes de ambos sexos. Los más reticentes son los varones de media y avanzada edad. ¿Si no estoy loco, para qué voy a ir a un psicólogo?, se cuestionan. Pero la enfermedad no es la locura, es el cáncer. La asistencia psicológica es necesaria para el 30% de los 155.000 casos que cada año se diagnostican en España.

El problema es que la sanidad pública no se la da y muchos oncólogos tampoco la ofrecen por eso de que la psicología no es una especialidad sanitaria o, simplemente, porque el altísimo número de pacientes que atienden les impide aconsejarles más allá de lo que ordena el tratamiento. Pero hay quienes recomiendan el apoyo psicológico tras el diagnóstico y quienes lo encuentran en el hospital.

Consultas individuales

Las terapias son, generalmente, individuales y buscan que el enfermo se adapte al diagnóstico y al tratamiento, que sea capaz de superar la enfermedad y reintegrarse en la vida normal, tanto en el plano laboral como familiar y social. También se atiende a los supervivientes, en los que se suelen producir depresión y el «síndrome de Damocles», la continua percepción de amenazas a sus vidas. Las sesiones pueden ser de orientación, de una a tres entrevistas, u otras que duran hasta tres meses o más.

Pero sobre todo ello, está la intención de «proporcionar al enfermo una atención integral e individualizada, tanto de pautas de alimentación, como de sexualidad y organización del tiempo libre», plantea Carmen Yélamos. Las terapias en grupo se están imponiendo en el caso de tumores de mama y laringectomizados. «No existe rechazo, la demanda sube porque los enfermos entienden que el grupo puede ayudar a superar el problema al ver otros modelos donde se vence a los temores o a la falta de autoestima», advierte Yélamos.

Todos los enfermos pasan por fases, «tras la negación de la enfermedad viene la adaptación», asegura Montesinos. Los peores momentos son los del diagnóstico, «es un «shock», la palabra cáncer es un mazazo», seguidos por las recaídas, los primeros ciclos de quimioterapia, la pérdida de cabello o cirugías como la mastectomía. La vuelta a la vida normal es problemática: «Todo el mundo lo desea, pero cuando llega no se sienten capaces, han corrido una maratón, han llegado a la meta y se encuentran agotados».

Si se observa a los pacientes por etapas, a cada una de ellas corresponden preguntas comunes. En el diagnóstico, las habituales son ¿por qué a mí, qué he hecho yo para tener esta enfermedad? o ¿me voy a morir? Durante el tratamiento la más frecuente es ¿voy a ser capaz de superarlo? Tampoco la vuelta a casa se libra de enormes dudas, desde ¿seré capaz de hacer lo que hacía antes? a ¿podré olvidarme? o ¿podré ver crecer a mis hijos? Pero quien quiere, encuentra. Respuestas y ayuda.



El psicólogo ayuda a superar las inquietudes

No hay comentarios:

Publicar un comentario