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jueves, 12 de marzo de 2015

Dos genes contra el cáncer de laringe

Un estudio dirigido por López Otín y en el que participó el IMOMA descubre que la inactivación de dos proteínas supone un peor diagnóstico



Dos genes tienen una especial influencia en el desarrollo del cáncer de laringe. Esa es la conclusión a la que ha llegado un equipo de científicos de la Universidad de Oviedo, el Instituto de Medicina Oncológica y Molecular de Asturias (IMOMA) y el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) a través del Instituto Oncológico, dirigidos por el catedrático Carlos López Otín. Se trata de los genes que codifican las alfa-cateninas 2 y 3, dos proteínas que participan en el proceso de interacción entre células. Los investigadores han descubierto que esos genes están mutados e inactivados en un 15% de los cánceres de laringe, según publicó ayer la revista ‘Nature Communications’.

Uno de estos expertos, Víctor Quesada, que forma parte del grupo de López Otín, explicó a EL COMERCIO que «en principio los experimentos nos dicen que al perder estos genes, los tumores se vuelven más agresivos». Es decir, en esos casos las células que mutan crecen a una mayor velocidad e invaden los tejidos. Para llegar a esta conclusión fue necesario secuenciar la parte del genoma que codifica todas las proteínas de una célula en 4 tumores malignos de laringe. Luego se analizaron 85 muestras de cáncer adicionales para concluir que los genes de las alfa-cateninas 2 y 3 estaban frecuentemente mutados.

«Aún queda muchísimo»

La hipótesis es que las proteínas se inactivan, favoreciendo así la progresión tumoral y presentando un peor pronóstico del cáncer de laringe que en caso en el que estas proteínas están activas. En definitiva, las alfa-cateninas 2 y 3 frenan el cáncer de laringe. Hasta el momento, no se habían identificado la implicación de estas proteínas en los tumores humanos, pero los científicos afrontan ahora otro reto, como es «ahondar en la investigación básica con la aplicada. Nuestra intención es generar un catálogo de los genes que pueden influir en el desarrollo tumoral. Se trata de una nueva ruta bioquímica que no se sabía que estaba involucrada en estos tumores», indicó Quesada.

Las aplicaciones prácticas podrían ir desde la introducción de mejores métodos para anticipar el pronóstico de los pacientes hasta el desarrollo de nuevas terapias. Pero para ello aún habrá que esperar. Víctor Quesada explicó que «aún queda muchísimo porque tenemos que ver cómo influir en esa ruta bioquímica sin dañar las células sanas. Por eso la necesidad de hacer un catálogo de genes lo más amplio posible, porque, a priori, no se sabe cuál va a ser la ruta mejor».

El siguiente paso sería el correspondiente al diagnóstico y el pronóstico de estos tumores. Será al final de todo ese proceso cuando se puedan desarrollar nuevas terapias dirigidas a contrarrestar dichas alteraciones. Para que haya sido una realidad, el proyecto contó con la financiación del Ministerio de Economía y Competitividad, la Fundación Botín, la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, la Obra Social Cajastur y el Instituto Carlos III.



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