lunes, 27 de abril de 2015

La acidez estomacal y el cáncer

La acidez estomacal puede ser un padecimiento más serio de lo que se piensa, ya que el ascenso continuo de jugos digestivos puede alterar los tejidos del esófago y favorecer el surgimiento de tumores malignos.

Comer de manera abundante, sufrir indigestión por estrés, ingerir alimentos irritantes o con mucha grasa, así como fumar y beber alcohol son factores que propician la aparición de reflujo gastroesofágico, condición en la que los fluidos que contiene el estómago regresan hacia el esófago y generan molesta sensación de “ardor interno” a la que llamamos agruras.

Es cierto que todos hemos padecido este problema alguna vez y que su presencia ocasional no es motivo de alarma, pero cuando sucede habitualmente es factor de riesgo para sufrir esófago de Barrett, padecimiento que se distingue porque el revestimiento del conducto que lleva los alimentos de la boca al estómago presenta irritación y cambios notables en su estructura celular.

Cabe recordar que el estómago tiene la función de fraccionar los alimentos en moléculas pequeñas mediante el uso de secreciones ácidas que los disuelven; por tal motivo, cuenta con un revestimiento especial que le impide sufrir lesiones mientras procesa nutrientes. Sin embargo, el esófago no tiene tal defensa y sus tejidos no son tan resistentes, de modo que su única protección es una “compuerta” que se localiza en la boca del estómago y que se cierra mediante un músculo en forma de anillo (esfínter) para evitar que la comida regrese.

El funcionamiento deficiente de esta barrera, casi siempre ocasionado por indigestión y consumo de alimentos difíciles de asimilar, hace que los líquidos gástricos regresen por el tracto digestivo hacia la boca y, cuando esto sucede de manera repetida, puede presentarse el esófago de Barrett.

De acuerdo con varias estadísticas, este problema ataca con más frecuencia a hombres que a mujeres, ya que tabaquismo, consumo de alcohol y alimentación inadecuada son más comunes en ellos. Asimismo, es común en personas mayores de 50 años cuando han practicado aquellos hábitos que son causa de reflujo gastroesofágico por períodos prolongados.

Cambio celular

El médico australiano radicado en Gran Bretaña Norman R. Barrett fue uno de los primeros científicos en reportar, en 1950, que los tejidos del esófago eran susceptibles de presentar anormalidades, pues a través de sus estudios encontró que había pacientes en quienes las células que normalmente cubren a este conducto digestivo (epitelio plano del esófago) se alternaban con otras que son similares a las que se localizan en el interior del estómago (epitelio cilíndrico).

Aunque el galeno pensó que este fenómeno era un defecto presente desde el nacimiento (congénito), investigaciones posteriores demostraron que los cambios en el tejido del esófago ocurren cuando éste entra en contacto con los jugos gástricos y biliares (utilizados para asimilar las grasas), además de que se ha comprobado que las células alteradas pueden volverse cancerosas y formar tumores.

Asimismo, hay que señalar que el surgimiento del esófago de Barrett no sólo depende de factores externos, también genéticos debido a que hay quienes desarrollan este padecimiento a pesar de tener hábitos de salud relativamente buenos y moderado problema de agruras.

Se sabe que el esófago de Barrett no genera síntomas fáciles de reconocer, pero como se vincula estrechamente con el reflujo crónico (que se presenta de manera frecuente y durante muchos años), se puede suponer su presencia a través de diversas manifestaciones:
  • Digestión difícil, lenta y molesta que disminuye su gravedad con el uso de antiácidos.
  • Pirosis o ardor detrás del esternón (hueso central del pecho), mismo que se incrementa al inclinarse, comer o dormir.
  • Dificultad para tragar alimentos (disfagia).
  • Eructos que se acompañan con sensación de acidez.
  • Regurgitación de alimento.
  • Vómito, a veces acompañado con sangre.
  • Ronquera o cambios de voz, pues los jugos digestivos que ascienden por el esófago, casi siempre al dormir, pueden dañar las cuerdas vocales.
  • Garganta irritada y tos, también por acción de los ácidos estomacales.
El diagnóstico precoz de esta alteración es fundamental y se basa en la sospecha clínica; en otras palabras, todo paciente con problema constante de reflujo gastroesofágico o con antecedentes familiares de padecimientos en este segmento del tubo digestivo, sobre todo si tiene 50 años o más, podría desarrollar esófago de Barrett y, por ende, es recomendable que se someta a evaluación.

La observación del esófago se realiza mediante endoscopio, un dispositivo médico que se inserta a través de la boca y que consiste en una cámara diminuta montada sobre un tubo flexible. La endoscopía es sistema que también permite obtener pequeña muestra de tejido esofágico para que sea analizada en laboratorio (esofagoscopia con biopsia) y determinar la gravedad del caso. Es muy probable que el gastroenterólogo solicite al paciente no comer ni beber antes de realizar dicha prueba.

Prevenir acidez y riesgos

Una vez que se ha establecido el diagnóstico de esófago de Barrett será necesario llevar a cabo medidas terapéuticas que impidan su desarrollo hacia estados más complicados o que favorezcan el surgimiento de tejidos cancerosos.

En primer lugar, se recomienda el uso de medicamentos que bloqueen el exceso de jugos gástricos (antiácidos) después de la comida, o que impidan su producción durante las horas de sueño. También es necesario llevar a cabo otras medidas y cambio de hábitos para mejorar el estado del paciente, entre ellas:
  • Bajar de peso.
  • No utilizar cinturón, pantalón o falda ajustados.
  • Evitar acostarse después de las comidas.
  • Dormir con la cabecera de la cama elevada.
  • Tomar los medicamentos con mucha agua.
  • Evitar el consumo de grasa, chocolate, cafeína, chile y condimentos, pues favorecen la aparición de agruras.
  • Eliminar el consumo de alcohol, tabaco y bebidas gaseosas.
El bloqueo de los jugos biliares representa un problema mayor y poco estudiado, ya que los fármacos que eliminan o reducen a los ácidos gástricos no actúan sobre ellos. Por tal motivo, el paciente debe permanecer bajo vigilancia médica y, de acuerdo con el criterio del gastroenterólogo tratante, se someterá a esofagoscopia periódicamente  a fin de monitorear posibles cambios.

Si el esófago de Barrett evoluciona de manera desfavorable y hay evidencia médica de que se presentan alteraciones celulares que pudieran desencadenar en cáncer, se puede recomendar una cirugía para la extirpación de una porción del esófago (resección esofágica).

Empero, en fechas recientes se ha desarrollado una técnica menos agresiva, llamada terapia fotodinámica, que se basa en el uso de una “tinta” que se acumula en las membranas de las células cancerosas (fotofrina) y una fuente de luz que activa a dicha sustancia y destruye al tumor (balón esofágico). El resultado es la eliminación de las células anormales que revisten al esófago sin afectar el tejido normal.

Finalmente, resta señalar que el diagnóstico y tratamiento oportuno del reflujo gastroesofágico puede prevenir el inicio del esófago de Barret. Por ello es muy importante que cuando este problema se presente de manera constante, se acuda con el médico familiar o gastroenterólogo para llevar a cabo medidas que permitan el control de la enfermedad.


El reflujo puede ser más serio de lo que pueda parecer
 

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