Asociación Barcelonesa de Laringectomizados: Inmunoterapia
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miércoles, 29 de junio de 2022

Tratamientos del cáncer garganta

El tratamiento del cáncer de laringe varía en función del estadio del tumor en la laringe, de la localización del mismo (glotis, supraglotis o subglotis) y de las preferencias del paciente. 

Si bien el objetivo fundamental de un tratamiento es eliminar el cáncer, preservar la función de los órganos afectados también es muy importante, ya que el tratamiento podría afectar a la calidad de vida de los pacientes. Por ello, es muy importante llevar a cabo un manejo multidisciplinar de esta enfermedad, con la participación de múltiples especialistas.

Existen 3 opciones principales de tratamiento para el cáncer de laringe:

  • Radioterapia 
  • Cirugía
  • Quimioterapia.

Para tratar el cáncer de laringe se puede utilizar una de estas terapias o una combinación de ellas. La cirugía y la radioterapia son los tratamientos más frecuentes. Es posible utilizar quimioterapia antes de la radioterapia y/o cirugía, o durante estas, para aumentar la posibilidad de destruir las células cancerosas.

¿Qué opciones de tratamiento existen?

La cirugía radical de la laringe o  laringectomía total,  tiene como secuela la pérdida permanente del habla así como la respiración a través de un orificio que comunica directamente con la tráquea o traqueostoma.

Una vez planteadas las distintas opciones de tratamiento debe ser el paciente el que debe elegir la mejor opción siempre que esto sea posible.

Cirugía

Aunque es posible que se tenga que realizar la extirpación de la laringe (laringectomía), en la actualidad se realizan con más frecuencia cirugías conservadoras para preservar la voz.

Cuando el cirujano te recomiende este tratamiento, seguramente te explicará con profundidad los detalles del mismo. Este es un buen momento para que preguntes y expreses todas tus dudas. Disponer de la suficiente información evita la aparición de temores infundados. 

Dependiendo de la situación de cada enfermo, existen diferentes opciones y técnicas de tratamiento quirúrgico:

  • Laringectomía total: Se extirpa toda la laringe. Es una cirugía mutilante ya que va asociada a traqueostomía permanente y a pérdida de la voz (se extirpan las cuerdas vocales).
  • Cordectomía: Consiste en la extirpación únicamente de la cuerda vocal afecta. Puede ser abierta o con láser. 
  • Laringectomía supraglótica: Consiste en extirpar la supraglotis. Preserva las cuerdas vocales y puede no necesitar traqueostomía permanente. Tiene la ventaja de que preserva la voz.
  • Linfadenectomía: Es la extirpación de los ganglios linfáticos de la zona del cuello. Dependiendo de la localización del tumor, el riesgo de afectación de los ganglios del cuello puede variar. En los tumores supra y subglóticos es frecuente esta afectación por lo que se suele llevar a cabo la linfedenectomía. Se conoce con el nombre de disección ganglionar cervical. En los cánceres de glotis, no se afectan los ganglios por lo que no es preciso realizar este tipo de cirugía. 
  • Cirugía con láser: En los últimos años la cirugía mediante láser de CO2 se ha convertido en una herramienta muy útil para los tumores pequeños, confinados a las cuerdas vocales, con la ventaja de no necesitar traqueostomía y con una recuperación más precoz tras la cirugía.

Efectos secundarios de la laringectomía

La laringectomía, como ocurre en la mayoría de las intervenciones quirúrgicas, no está exenta de complicaciones y de efectos adversos, los cuales pueden presentarse con mayor o menor frecuencia tras la intervención. Habitualmente, suponen un problema grave para el paciente, afectando su calidad de vida. 

Molestias asociadas a la intervención

  • Dolor en la zona de la intervención: Cuando te despiertes de la anestesia, es normal que sientas dolor en la zona de la intervención. Generalmente, el cirujano dejará pautados fármacos que te aliviarán. Si el dolor no cede es importante que lo comentes con el personal de enfermería o con el médico cuando te visite unas horas después de la cirugía. El dolor, en este caso, no indica problemas de recuperación sino simplemente que hay una herida. 
  • Molestias por sonda nasogástrica: También supone importante fuente de incomodidad el hecho de que el paciente requiera tener puesta una sonda nasogástrica durante un tiempo tras la cirugía. 
  • Traquestomía: En algunas ocasiones la cirugía del cáncer de laringe hace que el enfermo requiera la realización de una traqueostomía, orificio que comunica la tráquea con el exterior, y que se encuentra en la parte inmediatamente superior del esternón. 
  • Afonía y disfonía: Una secuela importante de la laringectomía y de la cirugía conservadora es la pérdida de la voz en el primer caso (afonía) o la alteración de la misma (disfonía) en la segunda. Esta secuela supone una alteración de la calidad de vida de los pacientes, ya que los enfermos que precisan este tipo de cirugía necesitan una posterior rehabilitación funcional. Tienen que aprender, no sólo los cuidados del traqueostoma (así se llama el orificio), sino que también necesitan aprender a comer y a hablar de nuevo (ya que requirieron la extirpación de las cuerdas vocales). 

Cuidados después de una cirugía de laringe

El cirujano te explicará con profundidad los detalles de la cirugía. Este es un buen momento para que preguntes y expreses todas sus dudas. Te indicará los cuidados de fisioterapia que sean precisos en cada caso y las ayudas que puedan necesitar. 

Los efectos secundarios y molestias son las que presentan la mayoría de los procedimientos quirúrgicos. 

Los cuidados para el dolor y la higiene de la herida serán indicados a cada paciente por parte del personal sanitario en el hospital. 

Quizá lo más destacado en estos casos sea la alteración anatómica y estética; así como las infecciones que son muy frecuentes en esa zona.


Radioterapia para el cáncer de laringe

La radioterapia se puede emplear como tratamiento único o en combinación. Se puede administrar antes de la intervención para disminuir su tamaño y facilitar la cirugía, o después de la misma, para consolidar el tratamiento.

Asimismo, se puede administrar con la quimioterapia para potenciar sus efectos (quimioirradiación).

Opciones de radioterapia 

El tratamiento con radioterapia siempre es individualizado, es decir, cada enfermo tendrá su tratamiento específico y distinto al de otro paciente, dependiendo de la localización y extensión de la enfermedad.

Según la finalidad con que se emplee, la radioterapia puede ser curativa o paliativa.

Dependiendo de la localización, y sobre todo de la fase en la que se encuentre la enfermedad, puede ser un tratamiento con finalidad curativa, sobre todo en etapas iniciales. Suele dar buenos resultados para los cánceres localizados en la glotis.

En general, la radioterapia en el cáncer de laringe, tiene distintas aplicaciones:

  • Como único tratamiento en los tumores localizados en una cuerda vocal (T1 y T2) sustituyendo a la cirugía con similares resultados.
  • Como tratamiento complementario de los tumores resecados por completo pero con los márgenes afectados y los ganglios cervicales analizados positivos.
  • Formando parte de un tratamiento combinado con quimioterapia en aquellos tumores en los que no se puede plantear la cirugía como primera opción.
  • Salvo para los tumores de glotis, suele ser necesario casi siempre que el tratamiento comprenda todo el cuello.

El tratamiento de radioterapia suele durar entre dos y siete semanas, dependiendo de la dosis que se administre y del número total de sesiones.

Diariamente, cada sesión dura sólo unos minutos (quince aproximadamente).

Quimioterapia

La quimioterapia es una de las modalidades terapéuticas más empleadas en el tratamiento del cáncer. Su objetivo es destruir, empleando una gran variedad de fármacos, las células que componen el tumor con el fin de lograr la reducción o desaparición de la enfermedad.

Un régimen o programa de quimioterapia, por lo general, consiste en una cantidad específica de ciclos que se administran en un período de tiempo determinado. Un paciente puede recibir 1 fármaco por vez o combinaciones de diferentes fármacos al mismo tiempo. Existen múltiples esquemas que se utilizan en esta enfermedad, muchos de ellos utilizando cisplatino como el agente más frecuente.

El uso de estos esquemas de quimioterapia para el cáncer de laringe, se puede usar antes de la cirugía, radioterapia, o ambas, denominándose entonces terapia neoadyuvante.

Los efectos secundarios de la quimioterapia dependen de la persona y de la dosis utilizada, pero pueden incluir fatiga, náuseas y vómitos, caída de cabello, pérdida del apetito, diarrea, sequedad en la boca, pérdida de la audición y llagas abiertas en la boca que pueden derivar en infecciones.


En los últimos años, se han introducido nuevas alternativas terapéuticas.

La terapia dirigida es un tratamiento que apunta a los genes o a las proteínas específicos del cáncer, o a las condiciones del tejido que contribuyen al crecimiento y a la supervivencia del cáncer. Este tipo de tratamiento bloquea el crecimiento y la diseminación de las células cancerosas y, a la vez, limita el daño a las células sanas. El cetuximab  es un tratamiento dirigido aprobado para el uso combinado con la radioterapia para el cáncer de cabeza y cuello localizado y también está aprobado para el uso con la quimioterapia para el tratamiento de pacientes con cáncer metastásico (vea a continuación).

La inmunoterapia, diseñada para estimular las defensas naturales del cuerpo a fin de combatir el cáncer, también ha demostrado utilidad en esta enfermedad, y la agencia europea del medicamento ha aprobado el uso de nivolumab y pembrolizumab para el tratamiento de pacientes con carcinoma de células escamosas metastásico o recurrente después de que una quimioterapia con un fármaco basado en platino haya dejado de funcionar.

Asociación Española Contra el Cáncer


Existen varias formas de tratar el cáncer de laringe



Fuente: Tratamientos del cáncer de garganta (Asociación Española Contra el Cáncer, 2021). Recuperado el 29/06/2022 de https://www.contraelcancer.es/es/todo-sobre-cancer/tipos-cancer/cancer-laringe/tratamientos

jueves, 13 de febrero de 2020

Qué es la inmunoterapia

La inmunoterapia, también denominada terapia biológica, es un tipo de tratamiento para el cáncer que estimula las defensas naturales del cuerpo a fin de combatir el cáncer. Utiliza sustancias producidas por el cuerpo o fabricadas en un laboratorio para mejorar o restaurar la función del sistema inmunitario. La inmunoterapia puede actuar:
  • Al detener o retrasar el crecimiento de las células cancerosas.
  • Al impedir que el cáncer se disemine a otras partes del cuerpo.
  • Al ayudar al sistema inmunitario para que funcione mejor a la hora de destruir las células cancerosas.
Existen varios tipos de inmunoterapia, incluidos los siguientes:
  • Anticuerpos monoclonales y terapias agnósticas del tumor.
  • Inmunoterapias no específicas.
  • Terapia con virus oncolíticos.
  • Terapia con células T.
  • Vacunas contra el cáncer.

Anticuerpos monoclonales y terapias agnósticas del tumor

Cuando el sistema inmunitario del cuerpo detecta algo nocivo, produce anticuerpos. Los anticuerpos son proteínas que combaten las infecciones.
Los anticuerpos monoclonales son un tipo específico de terapia que se fabrica en un laboratorio. Se pueden utilizar de diversas maneras. Por ejemplo, los anticuerpos monoclonales se pueden usar como terapia dirigida para bloquear una proteína anormal en una célula cancerosa.
Los anticuerpos monoclonales también se pueden utilizar como una inmunoterapia. Por ejemplo, algunos anticuerpos monoclonales atacan a proteínas específicas de las células cancerosas. Estos señalan las células para que el sistema inmunitario pueda encontrarlas y destruirlas.
Otros tipos de anticuerpos funcionan liberando los frenos del sistema inmunitario a fin de que este pueda destruir las células cancerosas. Las vías PD-1/PD-L1 y CTLA-4 son cruciales para la capacidad del sistema inmunitario de controlar el crecimiento del cáncer. Estas vías a menudo se denominan puntos de control inmunitarios (inmune checkpoints). Muchos tipos de cáncer utilizan estas vías para evadir el sistema inmunitario. El sistema inmunitario responde al cáncer bloqueando estas vías con anticuerpos específicos denominados inhibidores de los puntos de control inmunitarios. Una vez que el sistema inmunitario es capaz de encontrar el cáncer y responder a este, puede detener o desacelerar el crecimiento del cáncer.
Los siguientes son ejemplos de inhibidores de los puntos de control inmunitario:
  • Ipilimumab (Yervoy).
  • Nivolumab (Opdivo).
  • Pembrolizumab (Keytruda).
  • Atezolizumab (Tecentriq).
  • Avelumab (Bavencio).
  • Durvalumab (Imfinzi).
Una serie de ensayos clínicos de anticuerpos monoclonales se encuentran en curso para diversos tipos de cáncer. Si bien muchos puntos de control inmunitarios están aprobados para cánceres específicos, algunos se usan para tratar tumores en cualquier parte del cuerpo centrándose en un cambio genético específico. Estos se denominan “tratamientos agnósticos del tumor”. Por ejemplo, el pembrolizumab ha sido aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration, FDA) para tratar tumores metastásicos o tumores que no se pueden tratar con cirugía. Estos tumores también deben tener cambios genéticos específicos llamados inestabilidad de microsatélites alta (Microsatellite Instability-High, MSI-H) o deficiencia en la reparación del ADN defectuoso (DNA Mismatch Repair, dMMR). Los tumores que tienen MSI-H o dMMR no reparan muy bien el daño en su ADN. Esto significa que a menudo desarrollan muchas mutaciones o cambios en su ADN. Estos cambios hacen que sea más fácil para las células inmunitarias encontrar y atacar el tumor.
El nivolumab es un fármaco similar que ha sido aprobado para tratar el cáncer colorrectal metastásico con MSI-H o dMMR cuando la quimioterapia no funciona. 

Los efectos secundarios del tratamiento con anticuerpos monoclonales dependen del propósito del fármaco. Por ejemplo, los efectos secundarios de los anticuerpos monoclonales usados para la terapia dirigida son diferentes de los que se usan para la inmunoterapia. Los efectos secundarios de los inhibidores de puntos de control inmunitarios podrían incluir efectos secundarios similares a los de una reacción alérgica.

Inmunoterapias no específicas

Al igual que los anticuerpos monoclonales, las inmunoterapias no específicas también ayudan a que el sistema inmunitario destruya las células cancerosas. La mayoría de las inmunoterapias no específicas se administran después o al mismo tiempo que otros tratamientos para el cáncer, por ejemplo, la quimioterapia o la radioterapia. Sin embargo, algunas inmunoterapias no específicas se administran como el principal tratamiento del cáncer.
Las dos inmunoterapias no específicas que se usan con más frecuencia son las siguientes:
  • Interferones. Los interferones ayudan al sistema inmunitario a combatir el cáncer y pueden desacelerar el crecimiento de las células cancerosas. Un tipo de interferón elaborado en un laboratorio se llama interferón alfa (Roferon-A [2a], Intron A [2b], Alferon [2a]). Este es el tipo de interferón que se usa con más frecuencia en el tratamiento del cáncer. Los efectos secundarios del tratamiento con interferón pueden incluir síntomas similares a los de gripe, un mayor riesgo de infecciones, erupciones cutáneas y cabello fino.
  • Interleuquinas. Las interleuquinas ayudan al sistema inmunitario a producir células para combatir el cáncer. Una interleuquina elaborada en un laboratorio se llama interleuquina-2, IL-2, o aldesleuquina (Proleukin). Se utiliza para tratar el cáncer de riñón y el cáncer de piel (en inglés), incluido el melanoma (en inglés). Los efectos secundarios frecuentes del tratamiento con IL-2 incluyen aumento de peso y presión arterial baja. Algunas personas también pueden experimentar síntomas similares a los de la gripe.

Terapia con virus oncolíticos

La terapia con virus oncolíticos usa virus genéticamente modificados para matar células cancerosas. Primero, el médico inyecta un virus en el tumor. Luego, el virus ingresa en las células cancerosas y se reproduce. Como resultado, las células explotan y mueren. A medida que las células mueren, liberan sustancias específicas denominadas antígenos. Esto provoca que el sistema inmunitario del paciente se dirija a todas las células cancerosas del cuerpo que tengan esos mismos antígenos. El virus no ingresa en las células sanas.
En 2015, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los EE. UU. aprobó la primera terapia con virus oncolíticos para tratar melanomas. El virus usado en el tratamiento se denomina talimogén laherparepvec (Imlygic) o T-VEC. El virus es una versión genéticamente modificada del virus del herpes simple que causa herpes labiales. El médico puede inyectar T-VEC directamente en las áreas de melanoma que un cirujano no puede extirpar. Las personas reciben una serie de inyecciones hasta que no queda ninguna área de melanoma. Los efectos secundarios pueden incluir los siguientes:
  • Fatiga.
  • Fiebre.
  • Escalofríos.
  • Náuseas.
  • Síntomas similares a los de la gripe.
  • Dolor en el lugar de la inyección.
Los investigadores están analizando otros virus oncolíticos para diferentes tipos de cáncer en ensayos clínicos. También están evaluando los virus en combinación con otros tratamientos, como la quimioterapia.

Terapia con células T

Las células T son células inmunitarias que combaten la infección. En la terapia con células T, algunas células T se quitan de la sangre del paciente. Luego, estas células se modifican en un laboratorio para que tengan proteínas específicas denominadas receptores. Los receptores permiten que las células T reconozcan las células cancerosas. Las células T modificadas se cultivan en el laboratorio y se regresan al cuerpo del paciente. Una vez ahí, salen y destruyen las células cancerosas. Este tipo de terapia se denomina terapia con células T con receptores de antígenos quiméricos (Chimeric Antigen Receptor, CAR).
El uso de las células T para terapia con CAR ha sido muy eficaz en el tratamiento de determinados cánceres de la sangre. Los investigadores aún están estudiando esta y otras maneras de modificar las células T para tratar el cáncer.

Vacunas contra el cáncer

Una vacuna contra el cáncer (en inglés) es otro método usado para ayudar al cuerpo a combatir la enfermedad. Una vacuna expone al sistema inmunitario a un antígeno. Esto provoca que el sistema inmunitario reconozca y destruya ese antígeno o los materiales relacionados. Existen 2 tipos de vacunas contra el cáncer: vacunas para prevención y vacunas para tratamiento.
Los ejemplos anteriores no incluyen todos los tipos de tratamientos de inmunoterapia. Los investigadores están estudiando muchos fármacos nuevos. Puede obtener más información sobre la inmunoterapia en cada sección específica de cáncer en Cancer.Net. Consulte las páginas Tipos de tratamiento y Últimas investigaciones. También puede obtener información en inglés sobre las últimas investigaciones sobre inmunoterapia en el blog de Cancer.Net.

Preguntas para hacerle al equipo de atención médica

Hable con su equipo de atención médica sobre si es posible incorporar la inmunoterapia como parte de su plan de tratamiento. Si es así, considere la posibilidad de formular estas preguntas:
  • ¿Qué tipo de inmunoterapia recomienda? ¿Por qué?
  • ¿Cuáles son los objetivos de este tratamiento?
  • ¿Será la inmunoterapia mi único tratamiento? Si no es así, ¿qué otros tratamientos recibiré como parte de mi plan de tratamiento?
  • ¿De qué modo recibiré el tratamiento de inmunoterapia y con qué frecuencia?
  • ¿Cuáles son los efectos secundarios posibles de la inmunoterapia, tanto a corto como a largo plazo?
  • ¿Cómo afectará este tratamiento mi vida cotidiana? ¿Podré trabajar, hacer ejercicio y realizar mis actividades habituales?
  • ¿En qué estudios clínicos sobre la inmunoterapia puedo participar?
  • ¿A quién debo llamar si tengo preguntas o surgen problemas?



    Así funciona la nueva inmunoterapia contra el cáncer

miércoles, 25 de abril de 2018

La inmunoterapia combinada mejora la «quimio» tradicional en cáncer de pulmón

  • Un estudio demuestra, por primera vez, que cuantas más mutaciones tiene un tumor mejor es la respuesta al tratamiento inmuno-oncológico
Que la inmunoterapia es el futuro –y cada vez más el presente– en el tratamiento del cáncer es algo que ya se sabe. Que a mayor número de mutaciones mejor resultados se obtiene con estas terapias era algo que –si bien se sospechaba– acaba de demostrar por vez primera un estudio presentado en la reunión anual de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer (AACR por sus siglas en inglés) celebrado en Chicago (EE UU).

«Tenemos la hipótesis de que los tumores con más mutaciones genéticas son más proclives a responder a la inmunoterapia», explica Luis Paz Ares, jefe del Servicio de Oncología del Hospital 12 de Octubre de Madrid y coordinador del trabajo, en el que han participado 150 centros de 32 países, seis de ellos españoles. Y eso es lo que ha venido a confirmar el ensayo. Bueno, eso y que la combinación de dos tratamiento inmunoterápicos (nivolumab e ipilimumab) en primera línea en pacientes con cáncer de pulmón no microcítico (el más común) avanzado con alta carga mutacional tumoral (TMB por sus siglas en inglés) reduce el riesgo de progresión o muerte en un 42% en comparación con el abordaje clásico, la quimioterapia.

Así, según estos resultados preliminares (que también han sido publicados simultáneamente en la prestigiosa revista «New England Journal of Medicine»), la tasa de respuesta global fue superior con la combinación (45,3%) frente a la quimio (26,9%); el 68% de los pacientes tuvieron respuestas mantenidas a un año (25% con quimioterapia). Además, la tasa de efectos adversos grado 3-4 asociados al tratamiento fue similar: 31% frente a un 36% de la quimioterapia.

Alta carga mutacional

La importancia de este trabajo radica en que de él se extraen dos conclusiones: de una parte, como decíamos al principio, que por primera vez se demuestra que la TMB puede ser un factor predictivo que valide el uso de inmunoterapia. La TMB es un biomarcador cuantitativo que refleja el número total de mutaciones que tienen las células tumorales. En este estudio de los 1.739 pacientes investigados, 299 presentaban una carga mutacional alta. «El tabaco produce mutaciones en el ADN, y cuantas más tiene un tumor más agresivo es. Por eso el melanoma y el cáncer de pulmón son las neoplasias que más mutaciones presentan, porque son tumores que se exponen mucho al carcinógeno», explica el doctor Paz Ares.

La segunda de las conclusiones es que la combinación de dos fármacos inmunoterápicos parece tener más eficacia en términos de tasa de respuesta y de supervivencia libre de progresión, si bien, como apunta Paz Ares, «será interesante ver más adelante la supervivencia global, que es algo que conoceremos seguramente cuando los datos estén más maduros». Por último, otro de los mensajes a tener en cuenta sería que el perfil de efectos secundarios es manejable y del tipo inmunitario, por lo que «es importante que sean manejados por personal experto», concluye Paz Ares.



Las técnicas combinadas se han demostrado eficaces

viernes, 24 de noviembre de 2017

La flora intestinal, clave en la eficacia de la inmunoterapia frente al cáncer

  • La eficacia de la inmunoterapia con inhibidores de la PD-1 varía en función de las bacterias presentes en la microbiota intestinal y de que el paciente haya tomado o no antibióticos
Las inmunoterapias, o lo que es lo mismo, los nuevos tratamientos para potenciar el sistema inmunitario, tienen por objetivo fortalecer la actividad de las células inmunes, muy especialmente de los linfocitos T, para que combatan distintas enfermedades, caso sobre todo del cáncer. Unas inmunoterapias que, sin embargo, no siempre resultan efectivas frente a los tumores. De hecho, y mientras en algunos pacientes parecen ser muy eficaces, en otros no inducen ningún efecto positivo. Pero, ¿qué determina que un paciente oncológico responda o no a una inmunoterapia? Pues según dos nuevos estudios publicados en la revista «Science», la composición de la flora intestinal.

Concretamente, el primero de los estudios demuestra que los antibióticos disminuyen la eficacia de la inmunoterapia con inhibidores de la PD-1. Y el segundo, que la flora intestinal de los pacientes respondedores a este tipo de inmunoterapia alberga mayores cantidades de bacterias ‘buenas’. En consecuencia, ambas investigaciones no solo tienen importantes implicaciones para el tratamiento del cáncer con inhibidores de la PD-1, sino que sugieren que mantener una flora intestinal ‘saludable’ puede ayudar, y mucho, a combatir los tumores.

No mezclar con antibióticos

La ‘proteína de muerte celular programada 1’ (PD-1) es una proteína que se localiza en la superficie de las células y que actúa como un ‘punto de control’ –o ‘checkpoint’– inmunológico: suprime la actividad de los linfocitos T y, en consecuencia, ‘apaga’ o bloquea la respuesta inmune. Una situación que puede resultar muy peligrosa en caso de un cáncer. No en vano, y ante la ausencia de un sistema inmune que las combata, las células tumorales tienen vía libre para crecer. En consecuencia, los inhibidores de esta PD-1 se presentan como uno de los principales baluartes de la inmunoterapia frente al cáncer. De hecho, ya hay inhibidores de la PD-1 aprobados para tratar algunos tipos de tumores, caso del colorrectal. El problema es que estos inhibidores no funcionan en todos los pacientes. Pero, ¿por qué en unos pacientes sí y en otros no?

El primero de los estudios, dirigido por investigadores del Instituto de Oncología Gustave Roussy en Villejuif (Francia), tuvo por objetivo evaluar si los antibióticos pueden comprometer la eficacia de la inmunoterapia con inhibidores de la PD-1 en pacientes con cáncer de pulmón o renal. Y de acuerdo con los resultados, los pacientes que han recibido terapia previa con antibióticos –por ejemplo, para una infección urinaria o dental– tienen una menor tasa de supervivencia que aquellos que no ha sido sometidos a antibioterapia. Es decir, en caso de haber recibido un tratamiento previo con antibióticos, la eficacia de la inmunoterapia es menor. Y esto, ¿cómo es explica?
  • Los resultados de ambos estudios sugieren que mantener una flora intestinal ‘saludable’ puede ayudar, y mucho, a combatir el cáncer

Para responder a esta pregunta, los autores analizaron la composición de la flora intestinal de todos los pacientes. Y lo que vieron es que la supervivencia tras la inmunoterapia se encontraba directamente condicionada por la presencia de una bacteria denominada ‘Akkermansia muciniphila’. Así, y a mayor cantidad de esta bacteria, mayor era la probabilidad de supervivencia del paciente. O lo que es lo mismo, mayor era la tasa de respuesta a la inmunoterapia. De hecho, y mientras ‘A. muciniphila’ se detectó en el 69% de los pacientes con respuesta parcial y en el 58% de aquellos en los que se estabilizó la enfermedad, únicamente se pude detectar en el 54% de los participantes que no respondieron al tratamiento.

Entonces, y en caso de haber recibido terapia previa con antibióticos, ¿qué se puede hacer para evitar el fracaso de la inmunoterapia? Pues una posibilidad sería incrementar la concentración de esta ‘A. muciniphila’ en la flora intestinal. Como explica Bertrand Routy, director de la investigación, «en ratones tratados con antibióticos, la suplementación oral de la bacteria incrementó la eficacia de las células inmunitarias de los animales, potenciando así su respuesta a la inmunoterapia».

Bacterias ‘buenas’ y ‘malas’

Por su parte, el segundo de los estudios, dirigido por investigadores del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas en Houston (EE.UU.), tuvo por fin evaluar si la composición del microbioma intestinal tiene alguna influencia en la respuesta a la inmunoterapia con inhibidores de la PD-1 en pacientes con melanoma avanzado. Y para ello, los autores analizaron las muestras de la flora intestinal tomadas a 112 pacientes que ya habían recibido el tratamiento.

Los resultados mostraron que los pacientes cuya flora era rica en bacterias de los géneros ‘Faecalibacterium’ y ‘Clostridiales’ tenían una mayor probabilidad de responder a la inmunoterapia y de disfrutar de periodos más largos libres de enfermedad. Por el contrario, aquellos con una microbiota en la que abundaban bacterias de la familia ‘Bacteroidales’ tenían menores tasas de respuesta y, por tanto, menores índices de supervivencia libre de progresión de la enfermedad.

Es más; el análisis de las respuestas inmunitarias de los participantes reveló que los participantes que albergaban las bacterias beneficiosas –‘Faecalibacterium’ y ‘Clostridiales’– tenían una mayor cantidad de células inmunes. Por tanto, la probabilidad de que su sistema inmune se infiltrara y destruyera los tumores era muy superior.

Sin embargo, y de manera similar a lo observado en el primer estudio, la situación se puede corregir añadiendo las bacterias beneficiosas. Como concluye Vancheswaran Gopalakrishnan, director de la investigación, «el trasplante de microorganismos de los pacientes respondedores en ratones libres de gérmenes y el seguimiento de su respuesta al tratamiento con inhibidores de la PD-1 reveló unos resultados similares a los observados en los humanos».



Una buena salud de la flora intestinal favorece la inmunoterapia contra el cáncer

lunes, 23 de octubre de 2017

Identificado el mecanismo por el que la inmunoterapia previene la recurrencia en el cáncer

  • La inmunoterapia impide que las células tumorales resistentes a los tratamientos manipulen a las células inmunes para evitar su ataque
A día de hoy contamos con tratamientos muy eficaces frente a muchos tipos de cáncer. Unas terapias que, fruto de los avances alcanzados en la investigación, no siempre son capaces de evitar que el tumor ya eliminado vuelva a reaparecer. Y es que muchos tumores albergan células que, resistentes al tratamiento, permanecen en un estado de latencia en espera de que concluya la terapia. Y una vez se suspende el tratamiento porque el paciente está potencialmente curado, estas células se ‘despiertan’ y proliferan para formar tumores mucho más agresivos. Pero, ¿el sistema inmune no hace nada para evitar esta reaparición tumoral o ‘recidiva’? Pues sí, pero en ocasiones su labor resulta, cuando menos, ‘inadecuada’. De hecho, un nuevo estudio dirigido por investigadores del Instituto de Investigación Oncológica de Londres (Reino Unido) muestra cómo estas células cancerígenas ‘durmientes’ engañan al sistema inmunitario para les ayude a ‘despertarse’ y proliferar. La buena noticia es que las inmunoterapias, esto es, los tratamientos para potenciar la actividad del sistema inmunitario, pueden prevenir estas recurrencias tumorales al mostrar a las células inmunes cómo evitar este ‘engaño’.

Como explica Alan Mercher, co-director de esta investigación publicada en la revista «Cancer Immunology Research», «nuestro trabajo muestra que el sistema inmune del paciente juega parece jugar un papel crucial en la recurrencia del cáncer. El sistema inmunitario, que en principio mantiene a las células cancerígenas bajo control, colabora en el despertar y posterior alimentación de las células tumorales residuales. Y además, parece mirar hacia otro lado e ignorar su crecimiento».

Sistema manipulado

El objetivo del nuevo estudio era ver por qué algunas células tumorales son invulnerables a los tratamientos y adquieren una capacidad cancerígena ‘potenciada’ tras permanecer latentes durante largos periodos de tiempo. Y para ello emplearon un modelo animal –‘ratones’– de cáncer para ver cómo se comportaban las células inmunes antes del tratamiento, tras la administración de la terapia supuestamente eficaz, y una vez tenía lugar la reaparición de la enfermedad.

Por lo general, y en respuesta a una lesión o una infección, las células inmunes liberan señales que promueven la inflamación, lo que ayuda al organismo a destruir las células cancerígenas. El problema es que, según sugiere el nuevo estudio, estas señales pueden ser manipuladas por las, si bien escasas, células tumorales resistentes. Y como consecuencia de esta manipulación, estas señales son empleadas para la reaparición y proliferación de un nuevo tumor que, además, resulta mucho más agresivo. Por ejemplo, la señal denominada ‘TNF-alfa’, que inicialmente actúa como agente antitumoral y facilita la erradicación de las células cancerígenas por el sistema inmunitario, se convierte, una vez ‘manipulada’ en un nuevo tipo de señal que promueve la recurrencia tumoral.

Es más; las células cancerígenas resistentes tienen la capacidad de ‘convencer’ a las células ‘asesinas’ o células NK –del inglés ‘natural killers’, tipo de linfocito T responsable de controlar y regular el tamaño de los tumores– para que miren para otro lado. El resultado es que estas células tumorales tienen vía libre para crecer de forma incontrolada. Para ello, y según muestra el nuevo trabajo, las células resistentes tienen en su superficie elevadas cantidades de una molécula que, denominada ‘PD-L1’, interactúa con la molécula ‘PD-1’ en la superficie de las células NK y envían la orden de ‘no atacar’.

Sin embargo, no todo son malas noticias. La ‘proteína de muerte celular programada 1’ –esto es, la PD-1– se presenta como uno de los principales baluartes de la inmunoterapia frente al cáncer. De hecho, el estudio muestra que la administración de inhibidores específicos de esta PD-1, ya disponibles, puede retrasar, o incluso prevenir, la recurrencia tumoral en los ratones.

Como refiere Alan Mercher, «muchos de los métodos empleados por los tumores resistentes al tratamiento para volver a proliferar y mantenerse ‘escondidos’ del sistema inmune pueden bloquearse con las inmunoterapias ya existentes. Una idea que, de hecho, es apoyada por las evidencias surgidas de los ensayos clínicos, que muestran que las inmunoterapias pueden reducir el riesgo de que los tumores vuelvan a aparecer».

Inmunidad potenciada

En definitiva, parece que las células tumorales durmientes se aprovechan del sistema inmune para reactivar la enfermedad, así como que ya hay inmunoterapias disponibles para evitar que esto llegue a suceder.

Como concluye Kevin Harrington, co-director de la investigación, «cada vez está más claro que el sistema inmune se encuentra en el núcleo del puzzle de cómo podemos tratar el cáncer de forma más efectiva. Este nuevo trabajo es fascinante y ayuda a comprender por qué el sistema inmune de un paciente puede ser efectivo frente al cáncer en unas ocasiones y por qué en otras no lo es. También muestra que queda mucho por aprender sobre las células cancerígenas que permanecen durmientes como vía para resistir los efectos de los tratamientos. Los cambios que tienen lugar en estas células las capacitan para manipular mejor el sistema inmunitario, y comprender estos mecanismos abre nuevas vías de tratamiento para prevenir las recaídas».



La medicina sigue avanzando en la erradicación de las recidivas 

miércoles, 26 de julio de 2017

El tratamiento experimental para el cáncer que le devolvió el color al cabello canoso de los pacientes

  • De los 52 pacientes con cáncer de pulmón, 14 sufrieron una transformación en la pigmentación de su cabello.
(BBC Mundo Ciencia)-De canoso a negro o marrón oscuro. Este fue el cambio que experimentó el cabello de un grupo de pacientes que participaba en un estudio que evalúa la efectividad de un tratamiento para el cáncer con nuevos fármacos de inmunoterapia.
Dado que la caída del cabello es uno de los efectos secundarios más comunes de la quimioterapia, el cambio de pigmentación tomó por sorpresa a los investigadores.

De los 52 pacientes con cáncer de pulmón, 14 recuperaron el color que tenían de jóvenes.

"Fue un efecto secundario totalmente inesperado", le explica a BBC Mundo Noelia Rivera, dermatóloga de la Universidad Autónoma de Barcelona y coautora del estudio.

Cabello de la juventud

Cuando el primer paciente consultó a los investigadores por esta transformación, el equipo creyó que se trataba de un caso aislado.
  • Los investigadores aún no han logrado descubrir el mecanismo que da lugar a esta transformación.
Pero al conversar con otros pacientes y analizar fotos tomadas antes y después del tratamiento, concluyeron que los fármacos Keytruda, Opdivo y Tecentriq propiciaron un cambio.

En 13 pacientes el pelo se tornó de color marrón oscuro o negro y en uno solo se colorearon algunos sectores.

Del resto, en algunos no se pudieron constatar cambios porque no tenían canas en el momento del tratamiento y en otros que sí eran canosos no se registraron cambios.

Algo que resultó difícil verificar al 100% es si los pacientes que observaron un cambio de color recuperaron el color que tenían en su juventud o si se les volvió más oscuro.

"Los pacientes nos explican que es el color que tenían de jóvenes, pero como la mayoría de nuestra población (en España) tiene el pelo de color marrón oscuro o negro y no tenemos gente rubia en el estudio, no podemos decir con absoluta seguridad de que no se trate de un oscurecimiento inespecífico", explicó Rivera.

Remedio contra las canas

Un factor interesante asociado al cambio, es que parece indicar que el tratamiento está funcionando para el paciente.

Todos -excepto uno- de los 14 pacientes que manifestaron un cambio de pigmentación respondieron bien al tratamiento.

Sin embargo, Rivera aclara que esto por ahora entra en el terreno de la especulación, ya que el estudio aún no ha finalizado y el tratamiento se encuentra en plena fase de investigación.
  • Si se descubre el mecanismo del cambio de coloración, se podrían desarrollar otro tipo de fármacos para tratar las canas.
Lo que muchos se preguntan ahora es qué posibilidades hay de desarrollar un tratamiento para revertir las canas a partir de este hallazgo.

En principio, explica la investigadora, estos fármacos no pueden usarse en gente sana con con fines estéticos porque tiene efectos colaterales muy serios.

"El medicamento bloquea el mecanismo por el cual el cuerpo se defiende de las enfermedades autoinmunes, y si lo quitamos puede inducirlas", dice.

"Puede provocar todo tipo de enfermedades autoinmunes del sistema endocrino, puede alterar la tiroides y otros órganos, las glándulas suprarrenales, la hipófisis, puede afectar al hígado de forma autoinmune...".

No obstante, Rivera señala que si se descubre el mecanismo por el que se revierten las canas -algo que han intentado pero hasta ahora no han logrado descifrar- se podría "buscar alguna otra molécula, o alguna vía de administración con esta diana para desarrollar un fármaco más seguro con esta intención."


Un curioso efecto secundario del tratamiento contra el cáncer

jueves, 20 de julio de 2017

Un paso hacia las vacunas del cáncer

Investigadores de EE UU y Alemania desarrollan dos antídotos personalizados que demuestran ser viables y seguros en humanos - Atacan directamente a los tumores

La idea de las vacunas contra el cáncer recobra fuerza. No solo una. Habría un fármaco personalizado para cada cáncer y persona. Esa es la terapia viable y con resultados esperanzadores, que plantea ahora la élite científica, con nuevos datos bajo el brazo.

La revista Nature acaba publicar los resultados de dos estudios iniciales en humanos que muestran las posibilidades de crear vacunas para tipos de cáncer concretos en personas específicas. Esta idea ha sido estudiada de manera independiente por dos equipos de investigación, uno liderado por el hospital oncológico Dana Farber de Boston y la Escuela de Medicina de Harvard, en EE UU, y el otro por la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz, en Alemania. Ambos han desarrollado vacunas similares, las han ensayado por primera vez en pacientes y han obtenido resultados parecidos. tanto el equipo de EE.UU. "Nuestro estudio demuestra que las mutaciones individuales pueden ser explotadas, abriendo así un camino a la inmunoterapia personalizada para pacientes con cáncer", aseguran los científicos en el ensayo en Nature. Ambos equipos, tanto el alemán como el norteamericano han creado compañías de biotecnología para desarrollar dichas vacunas.

En el caso del cáncer, las vacunas que se buscan no son preventivas, sino terapéuticas y el objetivo es el tumor. "Están pensadas para enfermos con cáncer avanzado; persiguen lograr que el sistema inmune del individuo reaccione contra las células del cáncer que están presentes", explica la oncóloga gallega y experta en terapias Isabel Lorenzo. "No sabemos a donde llegará este camino. Se han investigado diferentes vacunas para diversos tumores a lo largo de dos décadas: se han probado en cáncer de mama, de próstata, de riñón , melanoma, tumores cerebrales...", relata la doctora. "Estos ensayos muestran la mejora progresiva en todo el proceso de elaboración de estas vacunas, que cada vez son más selectivas y más inmunogénicas", asegura algo escéptica la experta. "Llevamos unos 20 años trabajando en ese mismo sentido en diversos tipos de tumores, si bien cada vez las vacunas conseguidas se perfeccionan más".

Volviendo a los estudios recientes, el primero de ellos, liderado por Catherine Wu en EE UU, creó vacunas con hasta 20 neoantígenos diferentes asociados a las mutaciones en melanomas de seis pacientes. Se llama NeoVax. "El melanoma es un tumor excelente para probar vacunas de este tipo porque reacciona muy bien ante tratamientos inmunológicos de muchos tipos", añade la oncóloga gallega. Y así fue: tras 25 meses de seguimiento, cuatro de los pacientes tratados no habían sufrido una recaída. En dos de ellos, el cáncer había regresado, pero los investigadores lograron hacer retroceder del todo la enfermedad empleando una de las inmunoterapias más convencionales, un fármaco que ataca a las proteínas PD1 con que las células de cáncer se protegen de los linfocitos.

Pero Catherine Wu también está probando en dos pequeños ensayos con pacientes de glioblastoma, el cáncer cerebral más agresivo y difícil de tratar con NeoVax.

En un segundo ensayo alemán, liderado por Ugur Sahin, de la empresa Biopharmaceutical New Technologies (BioNTech), los investigadores crearon vacunas dirigidas a hasta diez mutaciones en 13 pacientes con melanoma. Con una técnica de empaquetamiento de ARN para provocar la respuesta inmune, lograron que ocho de los pacientes permaneciesen libres de tumores tras 23 meses de seguimiento. Cinco de los pacientes sufrieron recaídas antes de comenzar con la vacunación, dos de ellos tuvieron alguna respuesta después de recibirla y uno experimentó una regresión total después de combinar la vacuna con una terapia anti PD1. "La muerte específica de neoantígenos de células tumorales autólogas se mostraron en las metástasis resecadas después de la vacunación de dos pacientes", concluyen los autores del ensayo en fase III:

Los ensayos con vacunas terapéuticas comenzaron en la década de los 80 y usaron diversas formas. Entrenaron en el laboratorio células de defensa que luego se introducían en los pacientes; se probó con fragmentos de proteínas tumorales e incluso con ADN que recogiera información de los tumores y permitiera a las defensas lanzarse contra ellos. Se ensayaron los más variados adyuvantes, sustancias acompañantes que estimulan al sistema inmunitario.

Eso sí, si estas vacunas personalizadas confirman que son eficaces y seguras en próximos ensayos clínicos, el coste podría ser un obstáculo.


El cáncer, cada vez más acorralado

miércoles, 19 de julio de 2017

El estrés emocional crónico puede iniciar el proceso de un cáncer

  • El doctor Pere Gascón ha demostrado que existe una estrecha relación entre la inflamación, el sistema nervioso y el tumor maligno
  • Las personas que se hunden durante meses en una depresión a causa de una muerte cercana están en riesgo
Pere Gascón (Barcelona, 1949), es uno de los máximos exponentes internacionales en la investigación que vincula sistema nervioso –las neuronas, el cerebro– y cáncer. Ejerce en el servicio de Oncología del Hospital Clínic. Fue su responsable hasta el 2015.

Usted ha estudiado la relación entre sistema inmunológico y cáncer.
–Soy inmunólogo tumoral y siempre he investigado el microambiente que rodea al tumor: los linfocitos, los macrófagos... con el fin de atacar al cáncer. Por desgracia, hemos visto que cuando un tumor se ha aposentado bien, las células de su microambiente, que son parte del sistema inmunológico, cambian de chaqueta y se ponen de parte del tumor.

Vaya.
–Sí. Los macrófagos, que estaban para defendernos, se pasan al bando del cáncer. Los fibroblastos, que daban consistencia al tejido conectivo, apoyan al tumor, que las compra y lo favorecen. Así en todos los cánceres.

¿Y en las metástasis? [Diseminación de un cáncer a varios órganos]
–Sabemos que cuando se produce una metástasis existe un nido celular previo que se aprovecha de procesos inflamatorios crónicos asintomáticos, que tenemos en diferentes partes del cuerpo sin saberlo. El cáncer crece en núcleos inflamatorios.

¿Siempre?
-Si. Esto es muy importante. El cáncer siempre surge de un proceso inflamatorio, y crece más en ese ambiente. Es su microambiente.

¿Un ejemplo?
–Fácil: ¿qué hace el tabaco? Causa una inflamación crónica en los pulmones. Fumas e irritas constantemente los bronquios. Eso es un campo abonado –no todos los fumadores lo sufrirán– para que una célula cancerosa anide allí. Para que se produzca una mutación.

¿Qué ocurre en una inflamación?
–Las células del propio tejido inflamado se van multiplicando, con intención de repararlo, hasta que hay un error. La inflamación indica que hay células activadas por un virus, el tabaco, asbestos… No hablo de la inflamación que surge cuando te tuerces un tobillo. Esa no es cancerosa.

¿La solución del cáncer vendrá del propio sistema inmunológico?
–Es uno de los futuros más actuales. Se han identificado las células que impedían actuar al sistema inmunológico que debe defendernos. Esto es una revolución de hace cinco años. Hay fármacos específicos para tratar metástasis por melanoma, cáncer de riñón, y otros. Esas personas, antes morían en pocas semanas y ahora están viviendo hasta cinco años.

"La línea inmunológica puede ser la respuesta al cáncer en la primera mitad del siglo XXI"

¿Es la línea definitiva anticáncer?
–Con el cáncer nunca existirá una línea definitiva. La línea inmunológica, combinada con otras, puede ser la respuesta al cáncer en la primera mitad del siglo XXI. Pero la célula cancerosa se las sabe todas. Se hace resistente. Yo ya no estoy ahí.

¿Y en qué está usted?
–En el desarrollo de algo que identifiqué hace 20 años, cuando trabajaba en EEUU. Descubrí que células del cáncer de mama tenían un receptor [enlace] que es un neurotransmisor [mensajero químico entre neuronas]. Yo siempre he tenido la neurología en la cabeza, y la he estudiado muchísimo. Entonces pensé: si un producto de las neuronas libera una sustancia que se une a un receptor de la célula cancerosa, eso significa que existe una comunicación entre sistema nervioso y cáncer.

¿Lo confirmó?
–Si. Un investigador de Sevilla, Miguel Muñoz, siguió mis publicaciones y demostró que prácticamente en todas las células cancerosas que él estudió existía aquél receptor neuronal que yo encontré. Lo detectó en tumores de colon, próstata, pulmón, cerebro y leucemias.

¿Y qué ocurrió?
–Vimos que esos cánceres también tienen receptores de otro neurotransmisor, la adrenalina. Luego, si en las células cancerosas existen receptores de neurotransmisores, eso significa que el sistema nervioso está dialogando con el cáncer. Y ahora viene lo fuerte.

Adelante.
–Últimamente, hemos demostrado que el sistema nervioso, en general, propicia el crecimiento del cáncer, forma parte de la tumorogénesis, es decir, de la formación y el crecimiento del tumor. Varios investigadores de EEUU han aludido a esa relación en sus publicaciones.

¿Adónde lleva todo esto?
–Hace 20 años que voy detrás de demostrar que existe una conexión entre el sistema nervioso y el cáncer. Y es lógico, porque el sistema nervioso nos regula el rítmo cardiaco, la respiración, el intestino. Todo. La sustancia que yo he estudiado es un neurotransmisor inflamatorio: he observado la conexión entre inflamación, cáncer y sistema nervioso.

¿Esto relaciona al cáncer con los choques emocionales fuertes?
–Por ahí puede ir la cosa. Pero, yo he dicho por activa y por pasiva que las emociones no causan cáncer. El cáncer es consecuencia de un proceso lento, y el organismo tiene una capacidad de regeneración brutal. No es fácil generarlo. Surge de la rotura de muchos sistemas corporales.

"Hay personas de 50 y pocos años que pierden el trabajo y año y medio después les surge un cáncer"

De múltiples coincidencias.
–Si. Cada vez tenemos más evidencias de que cuando una persona sufre estrés crónico, de meses –por la muerte de una persona que te rompe la vida o la pérdida de un hijo–esas emociones conducen a un estrés en el que se liberan citoquinas inflamatorias, sustancias que crean un ambiente proinflamatorio del que no se es consciente. Esto lo hemos visto en personas de 50 y pocos años que pierden el trabajo y año y medio después les surge un cáncer.

¿Si ese parado encuentra otro empleo el proceso maligno se detiene?
–Imposible saberlo. Si el estrés emocional ha durado muchos meses, es posible que el proceso canceroso ya vaya por libre. Lo importante es la cronificación del conflicto.

¿El sistema nervioso potencia las defensas inmunológicas?
–Claro. Cuando el sistema nervioso está equilibrado, las defensas están óptimas. Esto se ha demostrado. Un buen sistema nervioso que permite dormir bien, estar equilibrado y hacer ejercicio físico potencia el sistema de defensas. Y a la inversa, sabemos que los estados estresantes, deprimentes y crónicos, son estados proinflamatorios.

Riesgo de cáncer.
–Lo que causa el cáncer no es la emoción, sino el proceso que conduce a un ambiente celular inflamatorio, que es esa situación personal negativa. El estrés emocional crónico puede poner en marcha el proceso que inicia un cáncer.

¿Qué tipo de estrés es maligno?
–El contínuo, que va ligado a una depresión e impide dormir. Puede tener su origen en el trabajo o en una vida familiar infernal.

¿El control mental de cada persona en esas circunstancias límite es determinante?
– Si.El control mental de cada cual es determinante. Se suma a su predisposisición genética.



La depresión puede determinar el desarrollo de un cáncer

lunes, 10 de julio de 2017

Hallan cómo lograr que los pacientes con cáncer reciban las dosis exactas de quimioterapia

El nuevo método permite una mejor estimación de la función renal, lo que posibilita un mayor ajuste de las dosis de los fármacos para mejorar su eficacia y seguridad

La quimioterapia constituye, junto a la cirugía y la radioterapia –y en espera de un mayor desarrollo de la inmunoterapia–, el tratamiento más comúnmente empleado para combatir el cáncer. Y es que a día de hoy contamos con fármacos muy eficaces para detener la progresión, cuando no directamente curar, distintos tipos de tumores. Pero cuidado: además de eficaces, estos fármacos quimioterápicos son altamente tóxicos para el organismo. De ahí la necesidad de que los tratamientos sean administrados en su justa dosis para cada paciente, sin pecar por exceso ni por defecto. Pero, ¿cómo se calcula esta dosis? Pues entre otras variables, en función de la tasa de filtración glomerular (TFG), esto es, la velocidad a la que los riñones filtran la sangre, lo cual no resulta nada fácil. De ahí la importancia de un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), en el que se muestra un modelo para una estimación mucho más precisa de la función renal –o lo que es lo mismo, de la TFG– en los pacientes oncológicos para, así, ajustar en mayor medida las dosis de los fármacos y mejorar tanto la eficacia como la seguridad de la quimioterapia.

Como explica Tobias Janowitz, director de esta investigación publicada en la revista «Journal of Clinical Oncology», «la función renal, estimada como TFG, se evalúa en prácticamente todos los pacientes oncológicos y su valor influye en muchas de las decisiones terapéuticas. Sin embargo, desconocemos cuál es la mejor manera de medir este valor en los pacientes oncológicos. Dada la importancia de esta medida en la práctica clínica habitual, creemos que es necesario ofrecer un modelo basado en la evidencia para su cálculo en este contexto».

Dosis más precisas

Los riñones llevan a cabo un gran número de funciones vitales para el organismo, caso de la producción de vitamina D, de la regulación de la presión sanguínea y de la filtración de los deshechos y toxinas fuera de la sangre. Pero, ¿por qué es tan importante la determinación de la TFG en los individuos con ciertas patologías, caso de un cáncer? Pues porque la función renal puede indicar cómo está progresando la enfermedad, si el tratamiento está teniendo un efecto pernicioso sobre algunas de las funciones claves del organismo, o si es seguro o no prescribir un fármaco a una dosis concreta. Un aspecto este último que cobra una enorme importancia en el caso de los pacientes con cáncer. El problema es que medir la TFG es ‘técnicamente’ difícil, y muchos médicos utilizan métodos que pueden resultar altamente imprecisos.
  •  Demasiada quimioterapia puede ser tóxica e, incluso, amenazar la vida del paciente, pero una dosis demasiado baja puede ser inefectiva (Edward Williams)
Como indica Edward Williams, co-autor de la investigación, «la exactitud en la dosificación de la quimioterapia es muy importante. Demasiada quimioterapia puede ser tóxica e, incluso, amenazar la vida del paciente. Pero una dosis demasiado baja puede ser inefectiva frente al cáncer. Nuestro modelo ayudará a los médicos a calcular las dosis de quimioterapia de forma más precisa y, por ende, a reducir el riesgo de toxicidad o de fracaso terapéutico».

Concretamente, el nuevo estudio describe un nuevo y mejor método para estimar la TFG. Y para ello, los autores han tenido en cuenta los datos registrados de más de 2.500 pacientes y se han centrado específicamente en la precisión de la dosificación de la quimioterapia, sobre todo el con el fármaco ‘carboplatino’, comúnmente empleado en el tratamiento de diversos tipos de tumores –entre otros, pulmonares, de ovario y de mama.

Y este método de medición de la función renal, ¿realmente funciona? Pues sí, y bastante bien. Como muestran los resultados, el nuevo modelo disminuye notablemente la probabilidad de dosificación incorrecta del carboplatino. Y es que mientras los métodos que se utilizan a día de hoy provocan que más de un 20% de las dosis administradas a los pacientes sean ‘inadecuadas’, el nuevo modelo reduce este riesgo de error a un 11,7%.

Accesible y gratuito

Como refiere Helena Earl, co-autora de la investigación, «creemos que esta herramienta basada en una metodología exigente podría tener un efecto positivo en la atención de un gran número de pacientes con cáncer. Esta es la razón por la que hemos hecho que sea gratuita y fácilmente accesible».

De hecho, el método de evaluación de la TFG, que próximamente será evaluado en pacientes con otras enfermedades no oncológicas, ya se encuentra disponible en internet para su uso clínico.

Como concluye Peter Johnson, director clínico de Cancer Research UK, organismo británico dedicado a la investigación del cáncer y participante en la financiación de este estudio, «los fármacos quimioterápicos son muy potentes, por lo que contar con la dosis correcta supone una enorme diferencia sobre cómo son de efectivos y sobre cómo podemos evitar efectos secundarios innecesarios. Este método para medir cómo están funcionando los riñones del paciente y cómo de rápido dejan el organismo los fármacos como el carboplatino puede ayudar a que los tratamientos sean más precisos y ajustados para cada caso individual».


Un método innovador para ajustar la dosis de quimioterapia

viernes, 9 de junio de 2017

Cómo hacer que el cáncer no sea mortal

  • Los expertos reunidos en el mayor congreso de oncología del mundo creen que las combinaciones de fármacos pueden detener el progreso de la enfermedad
En los años 60, buena parte de la comunidad médica consideraba una aberración tratar a los enfermos de cáncer con quimioterapia. Las combinaciones de productos químicos extremadamente tóxicos basaban su efectividad en una de las diferencias entre las células cancerosas y las sanas. Las primeras se duplican con mayor rapidez y eso las hace más vulnerables a algunos venenos como el cisplatino o el gas mostaza. Cuando aún no se conocía su efectividad, los tremendos efectos secundarios de aquellos tratamientos parecían para muchos solo una forma de hacer más miserables los últimos días de unos enfermos sin esperanza.

Medio siglo después, aquellos cócteles de medicamentos se consideran el primer cambio de paradigma en la búsqueda de una cura para el cáncer. El éxito fue limitado, pero algunos tumores que antes eran una condena a muerte dejaron de serlo. Hoy, muchos de los pacientes de leucemia o linfoma de aquellos años, los primeros tipos de tumor en los que funcionaron las quimioterapias, siguen vivos.

La semana pasada, en la reunión anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) en Chicago, se presentaron los resultados de un estudio con 23.600 supervivientes de cáncer infantil que muestran la cara más optimista de la guerra contra el cáncer. En los años 70, con los primeros tratamientos disponibles sobrevivía el 58% de los niños diagnosticados. En la actualidad, cinco años después del diagnóstico el 84% de los pacientes siguen vivos y los efectos secundarios con los nuevos tratamientos son mucho menores.
  • La quimioterapia, las terapias dirigidas y la inmunoterapia son los tres grandes saltos en la lucha contra el cáncer
En la reunión de la ASCO de este año, que ha tenido lugar entre el 2 y el 6 de junio, han participado alrededor de 38.000 personas que trabajan en los distintos frentes de la lucha contra el cáncer. Muchos de ellos coinciden en que en esta edición no se ha presentado ningún avance que vaya a cambiar la forma de afrontar la enfermedad, pero también se respiraba cierto optimismo sobre las posibilidades de convertir muchos tipos de cáncer en enfermedades crónicas. La idea consiste en lograr combinaciones de fármacos que detengan el progreso de la enfermedad, de un modo parecido a lo que se hace con el VIH. Para conseguirlo, se deberán combinar los beneficios de la quimioterapia con los que aportan otros dos tipos de fármacos que supusieron el segundo y el tercer gran salto en los medicamentos contra el cáncer: las terapias dirigidas y las inmunoterapias.

Un ejemplo de los éxitos de las terapias dirigidas es el trastuzumab, un fármaco diseñado para combatir los tumores de mama con la variación HER2, un cuarto del total. El medicamento, como si fuese una pieza de rompecabezas que encaja con la proteína que quiere anular, bloquea la actividad excesiva de este gen, relacionada con el desarrollo de varios tipos de tumores. A diferencia de la quimioterapia, que daña mucho a todas las células aunque un poco más a las cancerosas, este fármaco actúa específicamente contra su objetivo y es mucho menos tóxico.

En uno de los estudios presentados en ASCO, se trató de comparar la efectividad de la combinación de un tratamiento con trastuzumab y quimioterapia, el habitual ahora, con otro que además añadía otro fármaco dirigido, el pertuzumab, como el anterior, comercializado por Roche. En un estudio internacional bautizado como Aphinity, se observó que, después de tres años de seguimiento, el 94,1% de las mujeres tratadas con la combinación que agrega pertuzumab no había sufrido una recaída frente al 93,2% de las que solo tomaron trastuzumab y quimioterapia. Además, según comentaba Josep Baselga, director médico del Memorial Sloan Kettering Cancer Center y líder del trabajo, se aumentó casi un 20% el tiempo en que las mujeres tardan en recaer.
  • En los 70, un 58% de los niños diagnosticados con cáncer sobrevivía al menos cinco años. Hoy la cifra llega al 84%
El porcentaje de incremento en el número de pacientes que no recae en su enfermedad es pequeño, pero según comenta Javier Cortés, investigador del Hospital Universitario Ramón y Cajal, de Madrid, que también ha colaborado en el estudio, esa mejora se produce sin agregar toxicidad. Miguel Martín, presidente del Grupo Español de Investigación del Cáncer de Mama (GEICAM) y de la  Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) añade al valor humano y social el económico. “El coste para el Estado de la recaída de una de estas pacientes puede estar en los 300.000 o los 400.000 euros”, afirma.

El conocimiento sobre la biología del cáncer ha descubierto la diversidad inmensa de esta dolencia. Como recuerda Martín, “el cáncer no es una enfermedad sino muchas”. Ese avance ha compartimentado el tratamiento de la dolencia no solo por órganos , sino por las variantes genéticas que determinan su forma de acción o la posibilidad de atacarla a través del propio sistema inmune del enfermo. “Necesitamos entender qué pacientes se benefician de cada tratamiento y cuáles no”, plantea Cortés. Para lograrlo, uno de los campos en los que se está avanzando es el de los biomarcadores para agrupar a los pacientes por su tipo de cáncer y por sus probabilidades de responder a un tratamiento concreto.

También se quieren llevar los tratamientos que muestran su eficacia en fases más avanzadas de la enfermedad a los momentos en que aún no está tan extendida. La investigación sobre el cáncer se suele centrar en estas últimas etapas porque hay más que ganar y menos que perder. Los fármacos antitumorales tienen efectos secundarios importantes y es arriesgado dárselos a personas en una situación que aún no es desesperada.

Como en los últimos años, en ASCO [al que EL PAÍS acudió invitado por Roche] se presentó una gran cantidad de estudios sobre fármacos de inmunoterapia, el tercer gran cambio de paradigma en los tratamientos oncológicos. Este enfoque trata de ayudar a que el sistema inmune supere los trucos de las células cancerosas para no aparecer en su radar y evitar el ataque de los linfocitos. Algunas de las primeras terapias de ese tipo mostraron una gran efectividad para un pequeño grupo de pacientes en un pequeño grupo de tumores.
  • El precio de los fármacos contra el cáncer hace que ya se hable de toxicidad financiera
“Hace tres años la inmunooncología se veía como una posibilidad para pocos pacientes y pocos tumores, pero estamos ampliando el espectro”, apunta José Cabrera, director médico de la farmacéutica Brystol Myers Squibb, pionera en este campo. “A lo que vamos es hacia la combinación de fármacos inmunooncológicos para que al final el cáncer sea una enfermedad crónica”, añade. Estas combinaciones podrían consistir, por ejemplo, en un fármaco que atraiga a los linfocitos hacia células de cáncer que habían pasado desapercibidas y otro que anule el sistema antilinfocitos que pondría en funcionamiento la célula tumoral al verse atacada.

En el camino hacia la cronificación del cáncer, además de avanzar en la individualización de los tratamientos según la particularidad de cada tipo de tumor, será necesario el desarrollo de marcadores para personalizar los cócteles adecuados para cada caso. Pero estas medicinas, unidas a la cirugía y la radioterapia, pueden no ser suficientes para ganar la guerra contra el cáncer.

La gran cantidad de fármacos personalizados ha mejorado la supervivencia de muchos enfermos, pero también ha supuesto un incremento de los costes que amenaza con volver insostenible los sistemas de salud. En ASCO, la sociedad americana de oncología clínica y la europea, ESMO, presentaron una ponencia conjunta en la que mostraron sus esfuerzos para evaluar qué fármacos merecen el precio que se paga por ellos y cuáles no. Allí se ofrecieron datos que indican que de los medicamentos para tumores sólidos aprobados en EEUU entre 2002 y 2014 solo el 42% alcanzaron los estándares mínimos de eficacia propuestos por la ASCO. Además, en muchas ocasiones no existe una relación entre el precio pagado por un fármaco y su valor para el paciente en forma de supervivencia o bienestar.

Muchos de los asistentes consideraban que este será uno de los grandes debates en torno a los tratamientos contra el cáncer de los próximos años. En EEUU, algunos pacientes se endeudan pagando de su bolsillo los nuevos medicamentos contra el cáncer. En Europa, no sucede lo mismo, pero la carga la asume el Estado. Aunque las nuevas drogas son mucho más seguras que las viejas quimioterapias ya se habla de una nueva toxicidad: la financiera.


La tendencia de los investigadores es conseguir cronificar el cáncer

martes, 6 de junio de 2017

El terror que frena la lucha contra el cáncer

  • Arranca en Chicago el mayor congreso mundial de oncólogos, en el que se presentan desde enfoques para mejorar la depresión a las últimas inmunoterapias
El cáncer no solo daña el cuerpo, también erosiona la mente. Un estudio reciente mostraba que los pacientes oncológicos tienen un riesgo de suicidio un 55% mayor que quienes no sufren la enfermedad. Otros datos indican que entre el 50% y el 70% de las mujeres jóvenes que han superado un cáncer de mama tienen miedo a sufrir una recaída. “En los quince minutos que tenemos con un paciente, solemos centrarnos en la enfermedad, en cómo va la recuperación, en si está funcionando el tratamiento”, explicaba ayer en el día que comenzaba la reunión anual de la Asociación Americana de Oncología Clínica ASCO 2017 Joshua Jones, del Hospital de la Universidad de Pensilvania. “Hemos asumido que el miedo a las recaídas es real y que puede ser un problema, pero solemos dejar ese miedo fuera de la consulta”, añadía el médico en la reunión que se celebra entre el 2 y el 6 de junio en Chicago (EE UU).

Jones hacía estas declaraciones durante la presentación de tres estudios que tratan de entender mejor cómo paliar el estrés y el miedo asociado a distintas etapas de la convivencia con el cáncer. En un año en que los cerca de 38.000 asistentes a la gran reunión de la lucha contra el cáncer no esperan anuncios revolucionarios, sus organizadores quieren mostrar los resultados de enfoques menos frecuentes que van más allá de la compresión de la biología de la enfermedad o los desarrollos tecnológicos para combatirla.
  • Después del cambio climático el cáncer puede ser otra víctima de las políticas de Donald Trump
En el primero de los estudios, Jane Beith, investigadora de la Universidad de Sidney (Australia), enseñaba los resultados de un proyecto para tratar de “conquistar el miedo” y reducir así los niveles de temor a las recaídas en supervivientes de cáncer de mama, colon y melanoma. Según explicaba en su presentación, ese miedo empeora la calidad de vida, incrementa el estrés y hace que los pacientes olviden ocupaciones tan humanas como hacer planes de futuro. Además, dificulta el tratamiento, porque el terror a enterarse de que el cáncer ha vuelto hace que la gente vaya demasiado al médico, incrementando el gasto sanitario, o lo evite completamente, poniéndose en riesgo a sí misma. Beith explicaba cómo cinco encuentros con un terapeuta durante diez semanas ayudaron a reducir los miedos. Los participantes recibieron terapias para centrarse en el momento presente, lograr dirigir el foco de atención o seguir planificando para el futuro.

Un segundo estudio, liderado por Gary Rodin, del Centro Princesa Margarita para el Cáncer, explicaba la aplicación de psicoterapia para ayudar a pacientes en fases muy avanzadas de la enfermedad. Aplicando una técnica de psicoterapia bautizada como CALM, se ayuda a reflexionar a los pacientes sobre ellos mismos y sus relaciones con sus seres queridos, su propósito en la vida o la esperanza y la mortalidad. Después de seis meses de tratamiento, un 65% de los pacientes sometidos a la técnica CALM que estaban deprimidos vieron reducidos sus síntomas frente a un 35% de aquellos que recibieron el tratamiento convencional. De los que no estaban deprimidos, solo un 13% del grupo CALM sufrió depresión frente a un 30% del otro grupo.

Dentro de las grandes líneas de tratamiento del cáncer, a pesar de que los participantes reconocen que no habrá grandes cambios de paradigma, como el que supuso la presentación de las primeras inmunoterapias eficaces, en ASCO 2017 se seguirán conociendo formas de mejorar las opciones de muchos enfermos. Una de esas maneras son las nuevas combinaciones de inmunoterapias. Este enfoque consiste en superar las barreras que tiene el sistema inmune para reconocer a las células cancerosas como una amenaza para nuestro organismo o de atacarlas y destruirlas en caso de reconocerlas.

En ocasiones, los linfocitos, que se encargan de librarnos de organismos que nos pueden poner enfermos, ni siquiera se encuentran en el entorno de las células malignas. Otras veces, las reconocen, pero no pueden superar su sistema de defensa. El más conocido de estos sistemas y el más aplicado para luchar contra el cáncer consiste en la producción de una proteína bautizada como PL1, que hace las veces de escudo protector para los tumores frente a la proteína PDL-1 con la que los linfocitos se pegan al cuerpo extraño que van a destruir.
  • Las personas con cáncer sufren un 55% más de riesgo de suicidio que quienes no padecen la enfermedad
Durante el congreso, se presentarán algunas combinaciones de fármacos para lograr llevar a los linfocitos hasta las células cancerosas, que las infiltren y que superen sistemas de defensa como el PL1. La combinación es necesaria porque para lograr que los glóbulos blancos realicen cada una de estas tareas puede ser necesario un fármaco diferente.

Dietmar Berger, director de desarrollo clínico para oncología de la farmacéutica Roche, con la que asiste este periódico, comentaba durante una presentación para periodistas que la “combinación está en el centro” de su enfoque. Pero esa combinación de fármacos adecuada requiere recabar antes mucha información. “El cáncer es una enfermedad genética y necesitamos mejorar los diagnósticos moleculares para saber cómo va a responder cada individuo particular a un tipo de cáncer particular”, señalaba Berger. “Cada persona es diferente, sus genes, su sistema inmune, las bacterias que tiene en su intestino… El cáncer es personal y el tratamiento del cáncer debe ser personalizado”, explicaba.

El carácter genético del cáncer también está cambiando la forma de tratarlo. El análisis genético de gran cantidad de tipos de cáncer, como el que realizan compañías como Foundation Medicine, ha permitido determinar que existen las mismas mutaciones en diferentes órganos. De esta forma, un fármaco que es eficaz para una variante que aparece en el hígado, también sería útil cuando esa misma variante se expresa en el colon. El objetivo no sería tanto un órgano concreto como una mutación específica.

La medicina personalizada está consiguiendo mejorar las posibilidades de supervivencia de los enfermos de cáncer, pero también está incrementando los costes. José Tabernero, director del Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO), y presidente de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) a partir del año que viene, comentaba la necesidad de buscar la manera de racionalizar los costes para hacerlos sostenibles. “Una de las posibilidades que se están estudiando consiste en pagar por los medicamentos en la medida que sean eficaces para el paciente, algo que la tecnología actual permite medir y cuantificar”, señala Tabernero. “Esta es una forma de compartir riesgos entre el Estado y las empresas farmacéuticas”, añade. En una presentación organizada entre ESMO y ASCO, se tratarán las posibles estrategias para permitir que los fármacos más innovadores estén disponibles para todos los pacientes y que los que son demasiado baratos ya por haber perdido las patentes no dejen de producirse porque no dan beneficios.

En los próximos días, muchos de los grandes expertos en cáncer del mundo seguirán presentando y discutiendo los últimos avances contra la enfermedad. Hoy será el gran día del congreso que acoge Chicago, una ciudad que presume de algunos de los rascacielos más espectaculares del planeta. Entre ellos, una de las torres del omnipresente Donald Trump, que también despierta inquietud entre los participantes en ASCO 2017. Después de retirar su apoyo al combate del cambio climático, el cáncer puede ser una nueva víctima del presidente de EE UU. Su proyecto de presupuesto, que deberá aprobar el Congreso, incluye recortes de 5.800 millones de dólares para los Institutos Nacionales de Salud (NIH, de sus siglas en inglés), el principal financiador de la investigación biomédica, y de 1.000 millones para el Instituto Nacional del Cáncer (NCI).


El miedo al cáncer y sus efectos, no se observan en los tratamientos

lunes, 29 de mayo de 2017

Diseñan virus para luchar contra el cáncer

  • El objetivo es estimular al sistema inmunológico
A la hora de luchar contra el cáncer, nuestro sistema inmunológico se ve en clara desventaja ya que la mayoría de las células cancerosas sólo provocan una reacción limitada y pueden crecer sin resistencia apreciable. Por el contrario, las infecciones virales hacen que el cuerpo libere señales de alarma, estimulando al sistema inmunológico a usar todos los medios disponibles para combatir al invasor.

Las inmunoterapias se han utilizado con éxito para tratar el cáncer durante muchos años, tienen la ventaja que aumentan la actividad de nuestras defensas, pero no específicamente. Así, la estimulación del sistema inmunológico para combatir de modo directo las células cancerosas era una meta distante.  Hasta ahora. Un grupo de investigadores de la Universidad de Ginebra (UNIGE), Suiza, y la Universidad de Basilea, encabezados por el Profesor Doron Merkler, han diseñado virus capaces de hacer exactamente eso. Estos virus alertan al sistema inmunológico y hacen que envíe células asesinas para ayudar a combatir el tumor. Los resultados, publicados en la revista Nature Communications, proporcionan una base para tratamientos innovadores contra el cáncer.

Los investigadores utilizaron el virus de la coriomeningitis linfocítica (LCMV por sus siglas e inglés), que puede infectar tanto a roedores como a seres humanos. Aunque no eran perjudiciales para los ratones, liberaron las señales de alarma típicas de las infecciones virales. En el interior del LCMV los expertos también integraron ciertas proteínas en el virus que solo se encuentran en células cancerosas. La infección con el virus permitió que el sistema inmunológico reconociera estas proteínas cancerígenas como peligrosas y enviara linfocitos T citotóxicos, también conocidos como células asesinas, para destruirlos. Algo que consiguieron hacerlo exitosamente.


Lo mismo que te mata te podrá sanar