Asociación Barcelonesa de Laringectomizados: Alimentación
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lunes, 22 de marzo de 2021

Dificultades para tragar en pacientes laringectomizados

La mayoría de los laringectomizados experimentan problemas para tragar (disfagia) inmediatamente después de la cirugía. Ya que tragar involucra la coordinación entre más de veinte músculos y múltiples nervios, el daño a alguna de las partes del sistema debido a la cirugía o a la radioterapia puede producir dificultades para esta acción. La mayoría de los laringectomizados tienen pocas dificultades para reaprender cómo tragar. Algunos solo necesitan ajustes menores al comer, como tomar bocados más pequeños, masticar con más cuidado, y beber más líquidos con la comida. Algunos experimentan dificultades significativas al tragar que requieren asistencia para aprender a mejorar esta habilidad trabajando con un terapeuta del lenguaje que se especialice en este tipo de desórdenes.

Las funciones de deglución cambian tras una laringectomía, y se pueden complicar más por la radioterapia y la quimioterapia. La incidencia de dificultades para tragar y obstrucción por comida pueden llegar a ser del cincuenta por ciento de los pacientes y, de no ser tratada, podría llevar a la desnutrición. La mayoría de las dificultades al tragar se notan después de que el paciente haya sido dado de alta. Pueden ocurrir cuando se intenta comer demasiado rápido y no se mastica bien. También pueden suceder tras un traumatismo en parte superior del esófago por ingerir un alimento puntiagudo o beber un líquido muy caliente. Esto puede causar una hinchazón que podría durar uno o dos días.

Los problemas al comer (o disfagia) son comunes tras una laringectomía total. Los problemas pueden ser temporales o prolongados. Los riesgos de los problemas al tragar incluyen un estado nutricional pobre, limitaciones en las situaciones sociales y una reducción en la calidad de vida.

Los pacientes experimentan dificultades al tragar como resultado de:

• El funcionamiento anormal de los músculos faríngeos (dismovilidad).

• La disfunción cricofaríngea del cartílago cricoides y la faringe.

• La disminución de la fuerza de los movimientos de la base de la lengua.

• La aparición de un pliegue de mucosa o tejido cicatrizal en la base de la lengua llamado “pseudoepiglotis”. La comida se puede acumular entre el pseudoepiglotis y la base de la lengua.

• La dificultad en los movimientos de la lengua, al masticar, y en la propulsión de la comida en la faringe por la pérdida del hueso de la hioides y otros cambios estructurales.

• Una contracción dentro de la faringe o el esófago que puede disminuir el paso de la comida y causar su acumulación.

• El desarrollo de una bolsa (divertículo) en la pared faringoesofágica que puede acumular fluidos y comida, y causa la molestia de comida «atascada» en la parte superior del esófago.

Usualmente, no se les permite a los laringectomizados tragar alimentos inmediatamente después de la cirugía, y se deben alimentar a través de una sonda por dos o tres semanas. Se inserta la sonda hasta el estómago a través de la nariz, la boca o la fístula traqueoesofágica, y se administra alimentación líquida a través de esta. Sin embargo, esta práctica está cambiando lentamente; existen cada vez más evidencias de que en cirugías estándares, se puede comenzar la ingestión oral con líquidos claros incluso 24 horas después de la cirugía. Esto también podría ayudar a tragar, ya que se seguirán utilizando los músculos involucrados.

Después de un episodio de obstrucción de comida en la parte superior del esófago, puede ser difícil tragar por uno o dos días. Esto se debe probablemente a la hinchazón local de la parte trasera de la garganta; normalmente, esta desaparece con el tiempo.

Formas de evitar estos episodios:

• Comer despacio y pacientemente.

• Tomar pequeños bocados de comida y masticar muy bien.

• Tragar pequeñas cantidades de comida a la vez y siempre mezclarlas con líquido en la boca antes de tragar. Los líquidos tibios hacen que tragar sea más fácil.

• Bajar la comida con tanto líquido como sea necesario (los líquidos tibios pueden funcionar mejor para algunas personas al bajar la comida).

• Evitar comida que sea pegajosa o difícil de masticar. Cada cual necesita encontrar por sí mismo qué tipos de alimentos son más fáciles de ingerir. Algunos alimentos son fáciles de tragar (como el pan tostado o seco, el yogur y los plátanos) pero otros tienden a ser pegajosos (como las manzanas sin pelar, la lechuga y otros vegetales con hojas, y la carne).

Es posible que los problemas para tragar mejoren con el tiempo. Sin embargo, es posible que se necesite una dilatación del esófago si este queda estrecho permanentemente. Es posible evaluar el grado de estrechamiento con una prueba de deglución. Habitualmente es un otorrinolaringólogo o un gastroenterólogo quien realiza la dilatación.



Hay un porcentaje pequeño de pacientes que tienen disfagia

miércoles, 17 de marzo de 2021

¿Cómo extraer (o tragar) la comida que está atascada en la garganta o el esófago?

Algunos laringectomizados experimentan episodios frecuentes de comida que se atasca en la parte de atrás de su garganta o esófago y no les permite tragar.

Se puede despejar la comida atascada usando estos métodos:


1. Primero, no entre en pánico. Recuerde que no es posible ahogarse porque, al ser laringectomizado, su esófago está completamente separado de su tráquea.

2. Trate de beber un poco de líquido (preferiblemente tibio) e intente forzar la comida hacia abajo aumentando la presión en su boca.

3. Si esto no funciona y habla a través de una fístula traqueoesofágica, trate de hablar. De esta forma, el aire que sople a través de la prótesis de voz puede empujar la comida por encima de la fístula hacia el fondo de su garganta, eliminando la obstrucción. Primero, inténtelo de pie y si no funciona inclínese sobre un lavamanos y trate de hablar.

4. Si esto no funciona, inclínese (sobre un lavamanos, o sostenga un pañuelo o vaso en su boca), llevando su boca por debajo del pecho y aplicando presión sobre el abdomen con su mano. Esto hace subir los contenidos de su estómago y puede despejar la obstrucción.


Estos métodos funcionan para la mayoría de la gente. Sin embargo, cada persona es diferente y es necesario experimentar para encontrar los métodos que mejor funcionen. No obstante, para la mayoría de laringectomizados, tragar se hace más fácil con el tiempo.

Algunos laringectomizados confirman que lograron eliminar la obstrucción masajeando suavemente su garganta, caminando por algunos minutos, saltando de pie, sentándose y levantándose varias veces, golpeando su pecho o espalda, usando una máquina de succión con el catéter ubicado en la parte de atrás de su garganta, o solo esperando un momento hasta que la comida descienda hacia el estómago por sí sola.

Si nada funciona y la comida aún está atorada en la parte de atrás de la garganta, puede ser necesario que un otorrinolaringólogo lo revise o ir por urgencias para que le despejen la obstrucción.




 Ante un atasco, sobre todo hay que mantener la calma


viernes, 24 de mayo de 2019

«El brócoli no te va a curar el cáncer. Solo tu oncólogo»

El dietista-nutricionista, docente y divulgador Julio Basulto (Barcelona, 1971) ha dedicado su último (y científico) libro –Dieta y cáncer, escrito junto a Juanjo Cáceres y editado por Martínez Roca– a investigar qué puede y qué no puede hacer la alimentación por nuestra salud. Que quede claro: la realidad científica respecto al cáncer es que la dieta puede ser preventiva o paliativa, pero no curativa. 

Siempre es recomendable una alimentación saludable. Pero ni las frutas, ni los cereales integrales, ni el brócoli curan el cáncer.

–El cáncer te lo cura, si puede, un oncólogo de bata blanca. El sauce se utiliza en la elaboración de las aspirinas. ¿A que nadie diría que comer sauces quita el dolor de cabeza? Pues lo mismo con el brócoli. Hay un nuevo estudio científico que menciona el brócoli. Bien, vale. Me imagino, en todo caso, que es preliminar porque si no estaría ya en los hospitales. Aunque se demostrara que una sustancia presente en el brócoli y no en las judías verdes se puede usar como terapia médica contra el cáncer, eso no significa que comer brócoli tenga efecto alguno sobre los tumores.

En el libro afirma que «no existe una alimentación específica que nos proteja contra el cáncer». Pero añade: «Una dieta saludable y rica en frutas, hortalizas, legumbres y cereales integrales es útil para reducir el riesgo».

–Un patrón general de alimentación saludable seguido por toda la población disminuye las probabilidades de que esta presente ciertos tipos de cáncer. Ahora bien, ¿qué patrón concreto? ¿Qué tipo de frutas? ¿Qué cantidad? ¿Con qué cocción exacta se deben cocinar las verduras? ¿Tienen que ser frescas, congeladas o de cercanía?

Puedes llevar una dieta saludable y que te diagnostiquen cáncer.

–Por supuesto. Y te puedes hartar a hamburguesas industriales y no tenerlo. En todo caso, los fumadores, tengan o no cáncer, están perjudicando su salud, están poniendo negros sus pulmones.

Una conocida gurú habla de alimentos anticáncer: cúrcuma, semillas de lino, brócoli, frutos rojos, cítricos…

–Es engañoso. Si lo dijera una empresa de alimentación sería ilegal. En Europa, para decir que un determinado producto baja el colesterol, por ejemplo, tiene que tener la aprobación previa de la Agencia de Seguridad Alimentaria. Lo que dice esta gurú es mentira. Y eso genera frustración y culpabilidad, incluso depresión, porque las personas están especialmente vulnerables. Si haces caso a esas voces puedes dejar de lado un tratamiento médico porque piensas que es química y lo otro es natural. En el caso de las semillas de lino, no creo. En el del limón, sí, porque afecta al esmalte y te duele cuando bebes algo frío o caliente. La cúrcuma no tiene efectos preventivos. Es más, puede interaccionar con medicamentos que esté tomando el paciente.

La prensa, que muchas veces publica artículos de titulares golosos y con poco rigor científicos, ¿debería hacer autocrítica?

–Lo que yo creo es que no nos enseñan a ser escépticos. No nos enseñan cómo funciona la evidencia científica. La gurú que acabamos de mencionar es médica. ¿Cómo diferenciar entonces que yo tengo razón y ella no?

Porque su libro es abrumador por sus referencias científicas.

–Pues el libro de la gurú tiene más citas bibliográficas que el mío. En realidad, debería ocurrir como en Francia, donde el colegio de médicos expulsó al creador de la dieta Duncan. Aquí, en España, hay gente que da conferencias diciendo que el agua sin cloro cura el cáncer. Mi libro se vende bien, vamos por la segunda edición, pero no se vende mucho más, ¿por qué? Porque no promete la cura del cáncer.

¿Alguna recomendación científica para los enfermos?

–Desconfiar de cualquier cosa que suene demasiado bonita como para que sea verdad. Pensar que si no te lo está diciendo el oncólogo es que no es importante. Seguir a raja tabla lo que te dice el médico, que es lo que al final te va a salvar la vida. No hacer ayunos porque el pronóstico empeorará. Un enfermo de cáncer necesita calorías, proteínas e hidratos. Y nada de tomar complementos alimenticios.

¿Y consejos para la gente sana?

–Huir del sedentarismo, el alcohol, la lactancia artificial, el tabaquismo, la alimentación malsana y las relaciones dañinas. No comas mejor, deja de comer peor. La dieta no va a mejorar tu estado de salud pero una mala dieta lo va a empeorar.



La dieta puede ser preventiva o paliativa, pero no curativa

viernes, 3 de mayo de 2019

La nutrición, gran aliada contra el cáncer

  • Verduras, frutas y legumbres reducen el riesgo de sufrir esta enfermedad - La nutricionista Yolanda Albelda apuesta por unidades de apoyo nutricional para los enfermos oncológicos

Una alimentación sana y acabar con el sedentarismo son claves para reducir el riesgo de desarrollar enfermedades como el cáncer y también para luchar contra él, ya que los alimentos pueden favorecer los tratamientos así como minimizar sus efectos secundarios. Es lo que se conoce como nutrición celular activa o nutrición inteligente, que se basa en el poder terapéutico de los alimentos y en su capacidad para proteger frente a la predisposición genética.

Sin embargo, este potencial no se tiene en cuenta en las unidades oncológicas, según la doctora en Farmacia y experta en Nutrición Yolanda Albelda, que mañana impartirá un taller sobre "Nutrición, importancia antes, durante y después del cáncer" en el Hospital la Rosalera de Santiago, dentro del Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama y del Día Mundial del Cáncer de Mama, que se celebra el 19 de octubre. 

"Cada vez hay más estudios científicos que evidencian la relación directa entre el consumo de determinados alimentos y el cáncer. Se considera que un 30% de los casos de cáncer de vías respiratorias y estómago está causado por el tabaco; otro 35% está distribuido entre genética, virus, contaminación ambiental, tóxicos alimenticios y exposición solar; y el otro 35%, a la alimentación", advierte la experta.

La especialista sostiene que las unidades de oncología deberían tener una unidad de apoyo de nutrición. "La mayoría de los pacientes oncológicos desconocen que con una corrección alimentaria y unas pautas suplementarias pueden pueden ayudar a su organismo a combatir las células cancerosas, reducir los efectos secundarios de la quimio y de la radioterapia y prevenir una recidiva. Hay que empezar a prohibir ciertos productos y a potenciar otros", dice.

El consumo de leche animal en edad adulta, especialmente de vaca, comer mucha carne de ternera y el azúcar, así como prescindir de la fruta, la verdura y las legumbres favorece la aparición de cáncer, según Albelda. Pero no solo el tipo de alimento determina la salud. También la forma de ingerirlos, un término sobre el que se tienen que ser especialmente cuidadosos los enfermos oncológicos. Albelda aboga por una alimentación ecológica y por incorporar a la dieta al menos un 35% de alimentos crudos, y en el otro 65% restante, mejor cocido, al vapor o a la plancha que frito, y evitar las altas temperaturas en el horno, a la brasa y a la barbacoa, es decir, que la preparación de los alimentos no supere los 120º. 

En cuanto a la fruta, recomienda comerla entera, no en zumo, ya que los azúcares se asimilan más deprisa cuando se ingiere exprimida, y en el caso de las personas en tratamiento oncológico, recomienda moderar su consumo, ya que el azúcar es una de las cosas que más les gusta a las células cancerosas. Dentro de las frutas, la especialista recomienda a los enfermos de cáncer reducir la ingesta de manzana, melocotón y naranja, y sustituirla por otras como el limón y el pomelo, la sandía, la granada, el níspero, la mandarina, el caqui, la pera, el melón y los frutos rojos como los arándanos.


Una alimentación sana favorece los tratamientos contra el cáncer

viernes, 19 de octubre de 2018

La dieta mediterránea reduciría un 30% el riesgo de cáncer de mama

  • Pescado, vegetales, legumbres, frutas y aceite tienen un "efecto protector"
  •     El trabajo apunta a que es más beneficiosa que una dieta baja en grasas
Un proyecto de investigación español ha demostrado, por primera vez, que el consumo de alimentos propios de la dieta mediterránea puede reducir el riesgo de desarrollar un cáncer de mama hasta en un 30%.

Es una de las principales conclusiones del estudio coordinado por la investigadora del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, Marina Pollán, publicado el pasado mes de agosto en la revista científica British Journal of Cancer y presentado este martes en Madrid.

Realizado en mas de 2.000 mujeres, el estudio revela que el consumo de alimentos típicos de la dieta mediterránea, como pescado, vegetales, legumbres, frutas y aceite de oliva, muestra "un claro efecto protector" en un subtipo de tumor, el triple negativo, que generalmente es más agresivo.

En este sentido, Pollán ha indicado que el elevado consumo de pescado en España podría explicar, así, la baja incidencia de este subtipo de tumor en España -12% de los casos frente al 20% que se registra en otros países del entorno-.

El cáncer de mama es uno de los tumores más frecuentes en las mujeres españolas y cada año se diagnostican aproximadamente 26.000 casos nuevos, el 30% de todos los cánceres detectados en mujeres en España.

Mejor que una dieta pobre en grasas

Los investigadores identificaron en la muestra tres tipos de dieta, la denominada 'occidental', que se caracteriza por un alto consumo de productos grasos, carne procesada, dulces, bebidas calóricas y bajo consumo de cereales; la dieta 'prudente', basada en un consumo de productos bajos en grasa, frutas, vegetales y zumos; y la 'mediterránea', en la que se incluye la ingesta habitual de pescado, vegetales, legumbres, patatas, frutas, aceite y un bajo consumo de zumos y bebidas calóricas.

Una vez analizados y relacionados los tipos de dieta y el desarrollo de cáncer de mama, los investigadores llegaron a la conclusión de que el consumo de alimentos de la dieta mediterránea reduce el riesgo de desarrollar este tipo de tumor hasta en un 30%.

Por el contrario, la dieta occidental, que es la más frecuente en mujeres jóvenes, es la más perjudicial para desarrollar cáncer de mama.

En el caso de la dieta prudente, el trabajo no ha podido constatar que este tipo de alimentación esté relacionada ni con una mayor ni con una menor probabilidad de desarrollar cáncer de mama, a pesar de ser la dieta que menos grasa contiene de las tres.

El estudio EpiGeicam, que así se llama el trabajo, ha estado coordinado por el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III y financiado por la Asociación Española contra el Cáncer (AECC).

El presidente de Geicam, Miguel Martín, ha destacado la importancia de este estudio por su "aplicación inmediata" y ha afirmado que "puede marcar una antes y un después en el cáncer de mama en España".

La AECC ha recordado que el 57% de la población no consume a diario frutas y verduras, un 58% incluye en su dieta bollería, carnes grasas y embutidos de dos a tres veces a la semana y que el 75% no realiza actividad física regularmente.



El 57% de la población no consume a diario frutas y verduras

viernes, 5 de octubre de 2018

Cómo evitar el ardor de estómago: alimentos y hábitos que lo provocan

  • Hay que evitar los cítricos, el tomate, el café en todas sus versiones, las especias y los condimentos. 
  • Durante y después de las comidas, mejor erguido; y la siesta sentados o recostados.

La enfermedad del reflujo gastroesofágico, eso que comunmente llamamos ardor de estómago, es tan frecuente que puede suponer hasta una de cada cinco consultas al especialista del aparato digestivo. 

Sólo los casos más graves requieren de medicación, pero una parte esencial de cualquier tratamiento y la primera línea de defensa ante este problema son los cambios en el estilo de vida. Es decir, la alimentación es fundamental, pero hay que ir más allá, transformando algunas malas rutinas que acaban castigando nuestro estómago. 

En el reflujo gastroesofágico, el esfínter esofágico inferior que cierra el paso del estómago al esófago permite que el contenido ácido del estómago ascienda hasta el esófago y la boca, provocando síntomas como pirosis (los ardores de estómago), inflamación en el esófago y dolor retroesternal.

Seamos prácticos. ¿Cómo podemos evitar el ardor de estómago? ¿Qué hábitos hay que cambiar y qué alimentos debemos dejar de consumir? Sigamos las pautas que da la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD). 

  • A la hora de las comidas 

Alimentos a evitar 

Hay que evitar las frutas y zumos cítricos, el tomate y sus derivados, el café en todas sus versiones, las especias y los condimentos. En cambio, hay alimentos que ayudan a disminuir la presión del esfínter: la menta, el ajo, la cebolla y el chocolate y los alimentos ricos en grasa como aceites, mantequilla, carnes grasas o quesos muy curados. 

Ni frío ni calor 

Comer alimentos y bebidas demasiado frías o demasiado calientes puede afectar negativamente a la mucosa del esófago. El alivio inicial que produce la leche suele tener un efecto rebote que intensifica la acidez más tarde. Ten presente además que las comidas muy copiosas provocan distensión de las paredes del estómago que a su vez mantiene abierto el esfínter. 

Ni alcohol ni café 

El alcohol y la cafeína promueven que disminuya la presión del esfínter y éste pierda fuerza. El vino blanco y el cava, en concreto, por su mayor contenido en gas, favorecen en mayor medida el reflujo porque además de disminuir la presión esfinteriana, favorecen el paso del contenido gástrico hacia arriba cuando expulsamos el gas. 

Cómo comer y cómo hacer siesta

Hay que mantenerse erguido durante y después de las comidas. De ese modo favorecemos el efecto de la gravedad sobre el estómago. Durante la digestión el estómago se está contrayendo de forma continua para conseguir que los alimentos se mezclen; si estamos tumbados, estas contracciones facilitan que el contenido del estómago alcance el esófago. Además, hay que evitar tumbarse en las dos o tres horas siguientes y si se trata de la siesta, mejor será hacerla sentados o recostados. 

  • Hábitos que debemos cambiar 

Dejar de fumar 

Fumar causa una disminución de la saliva y con ello se reseca más la boca y la garganta. Además, la saliva contrarresta el ácido por lo que una disminución en la cantidad de saliva que llega hasta el estómago agrava el reflujo. Los fumadores sufren también de más afecciones respiratorias que conllevan tos y la tos aumenta la presión en el abdomen y favorece el ascenso de los ácidos

Perder peso

La pérdida de peso tiene multitud de beneficios para la salud. En este caso, puede ayudar a las personas con sobrepeso a reducir el reflujo. El exceso de peso y el perímetro abdominal provocan una compresión gástrica que favorece el reflujo del contenido gástrico al esófago. 

Ropa que no apriete

Al igual que la tos, la ropa que aprieta el abdomen como pantalones o camisas muy ajustados, aumenta la presión intraabdominal y favorece la salida del contenido del estómago. 

Calzar las patas delanteras de la cama

Este remedio puede resultar útil en los casos en los que exista reflujo durante la noche. 

Cuidad con las almohadas. 

Si ponemos dos o tres, lo que estamos haciendo es flexionar el tronco y de eso modo aumentamos la presión intraabdominal, justo lo que no queremos. 

Menos estrés 

El estrés produce la segregación de sustancias estimulantes, como la adrenalina, que en el caso del sistema digestivo pueden acelerar el vaciamiento del estómago, dificultar la digestión y aumentar la secreción de ácido del estómago.


El ardor de estómago puede derivar en daños graves

jueves, 4 de octubre de 2018

Dentistas advierten que el 75% de los casos de cáncer oral se detecta tarde

  • Mayra Gómez Kemp participa en una campaña que incide en la importancia de su diagnóstico precoz
El Consejo General de Dentistas ha puesto en marcha la campaña "Vigila tu boca, evita el cáncer oral" con el fin de prevenir y detectar a tiempo este tipo de tumores, asociados fundamentalmente al tabaco, que se diagnostican tarde en el 75% de los casos.

Se genera en la boca, incluyendo la lengua, y los tumores tienen una capacidad de crecer de forma autónoma y de extenderse por el organismo (metástasis), según ha explicado el coordinador de la campaña, Juan Seoane, en una rueda de prensa, en la que ha participado la presentadora Mayra Gómez Kemp, que lo padeció.

En España se detectan ocho casos de cáncer oral por cada 100.000 habitantes, una cifra que se encuentra en el promedio de la UE, según Seoane, quien ha asegurado que si se detectan a tiempo la tasa de supervivencia alcanza el 90%, mientras que si se hace en fases avanzadas el porcentaje no supera el 50%.

De ahí la importancia del diagnóstico precoz, que es en lo que principalmente incide la campaña, ya que el 75% de los casos se diagnostica tarde, tal y como ha subrayado el presidente del Consejo, Óscar Castro, que ha insistido, además, en que el oral es uno de los cánceres más prevenibles si se evita, sobre todo, el tabaco.

De hecho, Mayra Gómez Kemp, que ha relatado su experiencia, ha asegurado que la mejor campaña que se puede hacer es "decirle a la juventud que no empiece a fumar".

La iniciativa, lanzada también junto a la Fundación Dental Española, permitirá que durante el mes de noviembre las personas interesadas acudan a una revisión odontológica gratuita en las hasta ahora 1.500 clínicas dentales que participan de forma voluntaria. Además, los ciudadanos podrán obtener toda la información sobre este tipo de cáncer en la web www.canceroral.es, así como en los folletos que estarán disponibles en cerca de 13.000 farmacias españolas.

Entre los síntomas del cáncer oral se encuentran las úlceras bucales, que no curan en dos o tres semanas y no tienen causa aparente, también bultos, y manchas rojas y blancas que no se desprenden al rasparlas.

Gómez Kemp ha hecho un llamamiento a la ciudadanía para evitar el cáncer oral y acudir a hacerse de forma periódica las revisiones odontológicas. "Le debo la vida a mi dentista", ha reconocido la que fuera presentadora del '1,2,3'. "El cáncer me quitó la forma en la que me ganaba la vida. A mí me retiró el cáncer", ha lamentado Gómez Kemp, que ha contado que comenzó a fumar en la adolescencia.

Además del tabaco, el consumo de alcohol, la mala higiene, las comidas excesivamente calientes o las prótesis mal adaptadas también están asociados a este cáncer.


La mala higiene bucal puede ser fuente de problemas oncológicos

martes, 17 de julio de 2018

Tostar en exceso los alimentos puede causar cáncer

Desde el pasado 11 de abril ha entrado en vigor un reglamento de la Comisión Europea que obliga a poner en marcha una serie de medidas para limitar en lo posible la presencia de acrilamida en los alimentos. Pero ¿qué es la acrilamida? ¿Qué alimentos contienen esta sustancia? ¿Cómo podemos reducir en casa su consumo?

Tal como explica María José Álvarez Camps, Tecnóloga de Alimentos del Hospital Vithas Nisa Rey Don Jaime de Castellón y los Hospitales Vithas Nisa de la provincia de Valencia (Zona Azahar), "la acrilamida es una sustancia química tóxica que se produce de forma natural en los procesos culinarios en seco (frituras, asados y horneados) a temperaturas a partir de 120ºC, y se produce en mayor cantidad en alimentos con poca humedad y alto contenido en almidones, en concreto azúcares reductores (fructosa y glucosa), y con proteínas (el aminoácido aspargina)".

Es entonces cuando los azúcares reductores de los alimentos aquellos alimentos ricos en hidratos de carbono como patata, cereales, etc. y las proteínas que contienen reaccionan entre sí con el calor, y dan lugar a la acrilamida. "Cuanto más alta sea la temperatura y menor sea el grado de humedad, más acrilamida se produce", comenta María José Álvarez.

En estos procesos lo que se produce es una reacción llamada reacción de Maillard que origina en los alimentos los colores "tostados" (melanoidinas) muy deseados ya que confieren además del color otros aspectos organolépticos como sabor y olor típicos. "Pero cuanto más oscuro se vuelve el alimento, -puntualiza María José Álvarez-, la acrilamida se encuentra en mayor proporción, sobre todo, en aquellos en cuya composición tienen los elementos que la originan en mayor cantidad".

Probables efectos cancerígenos

Debido a sus probables efectos cancerígenos, las posibles irregularidades que pueda causar en el sistema nervioso y los posibles efectos en el desarrollo del feto, se ha decidido regular en Europa la cantidad máxima permitida de esta sustancia tóxica para aquellos alimentos procesados de amplio consumo que la contienen como el café, las patatas fritas, pan, cereales desayuno y de bebés, productos de bollería, galletería, repostería, etc. y se han establecido buenas prácticas de elaboración en fábricas y servicios de comidas preparadas para reducirla al máximo. Este proceso implica control desde la materia prima hasta el procesado.

Según María José Álvarez, "en nuestras cocinas y cafeterías de los Hospitales Vithas Nisa de la provincia de Valencia y Castellón (Zona Azahar) , se controla a través del sistema de autocontrol conocido como APPCC y los requisitos previos como control de proveedores, trazabilidad, formación de los manipuladores de alimentos, etc, de obligado cumplimiento a nivel nacional, que hacen un análisis de todos los peligros para poder poner medios para prevenirlos. En ellos se incluye el cumplimiento de la normativa europea que hace referencia a la acrilamida (R (CE) 2017/2158 DE LA COMISION del 20 de noviembre de 2017 por el que se establecen medidas de mitigación y niveles de referencia para reducir la presencia de acrilamida en los alimentos)".

Además, a nivel dietético, se visan por parte de nuestra Nutricionista Mª José Martínez de los Hospitales Vithas Nisa de la provincia de Valencia y Castellón (Zona Azahar), los menús propuestos en las distintas dietas, con la intención de tener bajo control el exceso de productos que puedan contenerla.

¿Cómo podemos en casa reducir estos componentes?

"Como los productos procesados que compramos ya están controlados desde el 14/04/2018 (fecha tope para la aplicación del reglamento), podemos tenerlo en cuenta en nuestro consumo diario por ejemplo en la patata fresca:, comprar sólo las necesarias y aquellas que no presenten brotaciones ni se vea seca o vieja.", afirma María José.

"En casa, las patatas las debemos almacenar en zonas frescas no refrigeradas, por encima de 6ºC, con poca luz, y retiraremos las que presenten por almacenamiento prolongado brotaciones o se vean arrugadas o viejas. Cuanto más vieja es la patata y si la sometemos a temperaturas inferiores a 6ºC, en el proceso de maduración, el almidón se transforma en azúcares reductores".

Otras buenas prácticas que se puede hacer es, a la hora de preparar las patatas para cocinar, una vez peladas y troceadas ponerlas a remojo, lo que hace que parte del azúcar pase al agua y reducimos los mismos. "Al freírlas, intentar que el aceite no esté muy caliente, que no humee, si tenemos freidoras domésticas que no supere los 120ºC. En horno, controlar la temperatura de cocinado, no superando los 120ºC, y sobre todo controlar el color que va tomando al pardear, dejar de cocinar cuando esté dorado, evitando colores mas marrones y negros que son un indicador de la presencia en mayor cantidad de acrilamidas.", indica Mª José Álvarez.

Aplicar también estas buenas prácticas con temperaturas y colores a otros productos como en el tostado del pan, carnes y pescados empanados y rebozados, etc. Es fundamental. También en el caso de precocinados se debe seguir siempre las instrucciones de cocinado que presenta en el envase.

"No obstante, no hay que olvidar que la alimentación no es la única fuente de exposición a la acrilamida, puede haber exposiciones laborales por inhalación y/o contacto y la que no hay que olvidar es por inhalación del humo del tabaco", concluye Maria José Alvárez.


Alimentos excesivamente tostados pueden ser un riesgo para la salud

miércoles, 11 de julio de 2018

Cómo cocinar la carne para evitar el riesgo de cáncer

Un estudio revela que no solo la cantidad de carne roja consumida es peligrosa para desarrollar cáncer, sino también el tipo de cocinado y el tiempo de cocción. Los datos indican que es más sano comerla poco hecha y evitar los embutidos

Hace unos años, la OMS incluyó a la carne roja y especialmente la procesada como un potencial riesgo para desarrollar cáncer. Nuevos estudios están demostrando que su consumo no solo se asocia a la cantidad, sino al tipo de cocinado y al propio tiempo de cocción. La evidencia científica de los estudios que se han publicado desde 2015 "señalan el consumo de carne roja como un claro factor de riesgo para diferentes tipos de cáncer, como son el de colon, el de estómago y el de páncreas", explica a Alimente la experta Elena Boldo, que ha llevado junto a Marina Pollán, ambas del Centro de Epidemiología del Instituto Carlos III, entre otros investigadores, un nuevo estudio, este año sobre la incidencia del consumo de carne roja y el cáncer de mama: 'Meat intake, methods and degrees of cooking and breast cancer risk in the MCC-Spain study' a partir de datos recopilados por el MCC sobre casos de cáncer colorrectal, cáncer de mama, cáncer gástrico, cáncer de próstata y leucemia linfática crónica (LLC) con un grupo de control.

"Cada cáncer es un mundo, por eso hacen falta más estudios ya que son prácticamente enfermedades diferentes que hay que estudiar una por una. Nosotros incluimos además de los factores ambientales y otros riesgos documentados, como el sobrepeso, la obesidad, el sedentarismo o el consumo de tabaco, la dieta y encontramos que había una correlación significativa en cuanto al consumo de carne roja y el cáncer de mama", aclara la coautora del estudio.

Un aspecto de este estudio estaba relacionado no solo con la cantidad ingerida de carne roja, sino con el tipo de cocinado y el tiempo de cocción

Un aspecto crucial de este estudio estaba relacionado no solo con la cantidad ingerida de carne roja, sino con el tipo de cocinado y el tiempo de cocción. De hecho, el Instituto Nacional del Cáncer ya ha alertado de que existen mutógenos -sustancias cancerígenas- que se forman en la combustión de la leña o al calentar el aceite en una sartén y que se pueden impregnar en la carne, como son las aminas heterocíclicas y los hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Elena especifica "que no solo se producen por la combustión, sino que están presentes también en la carne y se forman con más facilidad cuando está más cocinada". Es decir, que cuanto más hacemos la carne, más riesgo hay de que estas sustancias potencialmente cancerígenas nos afecten. A priori, existe más riesgo con las barbacoas, las carnes a las plancha y en la sartén.

Los guisos, más peligrosos

En su estudio sobre la incidencia de la carne roja en el cáncer de mama, la experta señala que identificaron un mayor riesgo en el caso de los guisos "probablemente porque el estudio se ha realizado en España y la barbacoa es menos habitual en nuestro país que en otros lugares, como EEUU, por ejemplo". Según sus hallazgos, las mujeres que consumen carne roja muy hecha tienen casi el doble de riesgo de desarrollar cáncer de mama que las que la consumen poco hecha. "Hace falta más estudios y evidencias sobre este aspecto, pero existe una relación clara".

Los consejos son muy contundentes: cuanto menos carne roja se consuma, mejor. Si se hace, que sea poco hecha y cuidado con los guisos. Además, el estudio remarca que los alimentos procesados de carne como los embutidos, las salchichas o los ahumados son también potencialmente peligrosos, por lo que conviene reducir su consumo. Y no hay grandes diferencias entre la carne de vaca, de cerdo o de cordero.

En las carnes blancas no encontraron riesgos, pero sí indicios de que son peores empanadas y con aceites reutilizados

En cuanto a las carnes blancas, como el pollo o el pavo, las investigadoras no encontraron una relación directa en cuanto a su consumo y la cocción, pero sí varios indicios respecto al tipo de cocinado. Concretamente cuando son empanadas o rebozadas y se ha reutilizado el aceite. Remarcan que es solo una hipótesis, pero que asocian a las frituras con estos aceites que acumulan sustancias cancerígenas. El empanado las hace más propensas a que los mutógenos se adhieran con mayor facilidad ya que se impregnan de más aceite. "No podemos afirmar todavía nada porque es solo una hipótesis, hacen falta más estudios". Respecto al cáncer de mama, las investigadoras no hallaron datos que supusieran un mayor riesgo.

Un dato revelador en este sentido es que se encontró una mayor relación con la carne guisada que con la carne a la barbacoa, a la plancha o en contacto con el fuego a altas temperaturas. En este sentido, Elena Boldo matiza que la investigación estaba circunscrita a España y aquí hay una menor cultura de barbacoa que en otros países como EEUU, y en cambio un mayor consumo de embutidos, que son también un importante factor de riesgo. Sus recomendaciones son claras: consumir menos carne roja, si se hace que sea poco hecha y en cualquier caso hacer ejercicio, un aspecto que no se explica suficientemente lo importante que es para una buena salud, concluye la experta.


Cuanto menos carne roja se consuma, mejor


martes, 10 de julio de 2018

Cuatro claves de nutrición para un verano más fresco y equilibrado

El calor del verano hace más apetecibles los alimentos frescos, aunque algunos consumidos en momentos de ocio (helados, gelatinas…) no son recomendables. En el consultorio del mes de junio, la nutricionista de “El Bisturí”, Laura González, anima a hacer de nuestras ensaladas platos completos e insiste en disminuir el consumo de bebidas azucaradas y carnes grasas en las barbacoas
  • Las bebidas frescas e hidratantes son más apetecibles en verano, aunque siempre es preferible el consumo de agua
En verano aumentan los momentos de ocio en los que son frecuentes las salidas con amigos y familiares. Laura González, responsable de Salud y  Nutrición de Nestlé, responde a las preguntas del consultorio de junio para que este verano nuestras comidas y bebidas sean ocasiones en las que disfrutar de manera saludable y equilibrada.

¿Se pueden beber más refrescos en verano?

“En nuestra alimentación habitual debemos evitar todas aquellas bebidas que tiendan a sustituir el agua como bebida habitual (bebidas azucaradas o edulcoradas, néctares, lácteos azucarados, aguas aromatizadas, bebidas energéticas, etc.)”. Esta recomendación que recalca Laura González en el consultorio parece olvidarse en los momentos de recreo. Sin embargo, es importante recordar que la salud no se va de vacaciones.

“El aporte nutritivo de estas bebidas es muy limitado, y además tienen mucho azúcar”. Por ejemplo, una lata de refresco contiene entre 50 y 55 gramos de azúcar, y puede llegar a superar los 80 gramos en las bebidas de medio litro. La especialista explica cómo esta ingesta excesiva de azúcar eleva el riesgo de sobrepeso y obesidad ligado a enfermedades crónicas como la diabetes o las enfermedades cardiovasculares.

Además, el calor no sólo puede animar al consumo de refrescos, sino  también al de otros alimentos ligados a estos momentos de ocio, tales como los helados, la bollería o la comida rápida. “No es cuestión de rechazarlos sistemáticamente, pero no deben formar parte de nuestra alimentación diaria”, aclara la nutricionista.

¿Qué diferencia hay entre las gelatinas y las aguas gelificadas?

La correcta hidratación es importante en todas las edades, pero existen grupos de personas especialmente vulnerables. “En el caso de los ancianos con disfagia, es decir, con dificultad para ingerir líquidos, tenemos que utilizar productos que sean más viscosos para garantizar la seguridad en su deglución”, informa.
  • Los alimentos frescos apetecibles en momentos de ocio no siempre son saludables, y no deben formar parte de nuestro consumo diario en verano
“Las gelatinas comerciales no son una buena opción, aunque la gente piense que sí”, afirma Laura González. Según la especialista, para conservar su textura tipo gel deben conservarse en frío. “Si se rompe la cadena de frío, la gelatina pierde la homogeneidad y presenta agua sobrenadante, lo que puede hacer que peligre la salud del paciente”.

Por otro lado, debido a que esta textura gel se deshace a una temperatura similar a la del cuerpo humano (unos 37ºC), cuando la gelatina se introduce en la boca, se funde y se pone de nuevo en riesgo la salud del paciente. “Esto es todavía es más grave en pacientes con patología neurológica, ya que tienden a retener la comida en la boca y tardan mucho en tragar, lo que puede provocar una licuación total de la gelatina”, apunta la especialista.

Si el paciente requiere de modificación de la textura de los líquidos, Laura González recomienda utilizar aguas gelificadas. “Las aguas gelificadas son bebidas elaboradas principalmente con gomas que en agua poseen la capacidad de aumentar la viscosidad y formar geles”.

De acuerdo con la nutricionista, estas aguas gelificadas, a diferencia de las gelatinas, sí garantizan una estabilidad en esta textura viscosa a altas temperaturas y en contacto con la boca, por lo que son opciones buenas y seguras para hidratar a pacientes que no pueden ingerir líquidos.  

¿Hay que tomar más ensaladas en verano?

“Aunque las ensaladas no son exclusivas del verano, cuando el calor aprieta nos apetecen más, y es especialmente recomendable incluirlas en nuestra dieta habitual”. Según explica la colaboradora de El Bisturí, en verano aumentan las necesidades de agua y necesitamos aportarla en muchos momentos del día, también en forma de alimentos frescos.

La ensalada ofrece una amplia variedad de combinaciones que hacen de ella la reina de la cocina en verano. Laura González sugiere elegir una base de hortalizas frescas, pasta, patata, arroz o legumbres, e ir añadiendo otros complementos (frutas variadas, huevo cocido, encurtidos, frutos secos y semillas, pescados y mariscos en conserva, queso, fiambres, pan, etc.). “La mejor combinación final se alcanza cuando los vegetales frescos combinan su color, textura y sabores, y se riegan preferiblemente con un aceite de oliva virgen extra”, afirma.

En esta época del año, las ensalada pueden ser un plato completo a la vez que ligero, saciante y, sobre todo, apetecible. Sin embargo, debemos tener siempre cuidado con el aceite y las salsas. “Si abusamos de estos ingredientes una ensalada puede pasar de ser un plato equilibrado y ligero a un plato con muchas calorías”, explica.

¿Cuántas barbacoas se pueden hacer al mes?

Las barbacoas parecen una inocente actividad, pero la recomendación es siempre limitar su consumo. “Se ha demostrado que cocinar alimentos sobre las brasas, especialmente los ricos en grasas y sal como las carnes rojas o los embutidos que habitualmente se utilizan en este tipo de preparaciones, genera compuestos potencialmente tóxicos”, expone Laura.

“Dependiendo de los alimentos que escojamos y de cómo los preparemos dependerá el número que podamos hacer al mes”, sostiene. De acuerdo con los consejos de la especialista, son preferibles las carnes magras, los pescados y las verduras de temporada. “Por ejemplo, podemos hacer brochetas de verdura con pollo”, recomienda.

Además, debemos tener algunas precauciones, como mantener el alimento a cierta distancia del fuego, retirar la grasa visible, realizar pequeños cortes para que el alimento esté menos tiempo en contacto con la parrilla o evitar chamuscar los alimentos. “De esta manera minimizaremos la aparición de los compuestos tóxicos y nuestras barbacoas serás más saludables, menos calóricas”, indica.

Con estos consejos, podremos consumir barbacoas con más frecuencia y mantener una mejor hidratación durante este verano.


Las ensaladas, base de una dieta fresca de verano

lunes, 2 de julio de 2018

La nutrición, parte esencial en el tratamiento contra el cáncer

  • Zaragoza acoge un encuentro multidisciplinar sobre prevención, diagnóstico y tratamiento oncológico.
Zaragoza ha reunido a médicos, pacientes, profesionales de la nutrición y oncólogos para exponer sus conocimientos basados en su experiencia con el cáncer, una de las enfermedades más importantes de nuestro entorno debido tanto a su prevalencia como a sus consecuencias, y la segunda causa de muerte en los países desarrollados, según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer, AECC. De ahí la necesidad de abordar de forma multidisciplinar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad.

Juan Antonio Pérez Vela, periodista y moderador del evento, ha puesto de manifiesto cómo, según datos recientes, la longevidad de la población y la exposición a múltiples carcinógenos a lo largo de la vida son responsables del aumento de las cifras del cáncer en nuestro país, aunque hay que señalar que la tasa de curación y supervivencia cada año es mayor gracias a los múltiples avances científicos y terapéuticos, así como la incidencia en la prevención.

La nutrición cobra una gran importancia tanto en la prevención de la enfermedad como en el transcurso de su tratamiento, incluso después, una vez superado el proceso tumoral y sus consecuencias, cuando de lo que se trata es de recuperar una vida normal y evitar recaídas. La incidencia de desnutrición, del 15 por ciento al 40 por ciento en el momento del diagnóstico de cáncer, llega a alcanzar un 80 por ciento en enfermedad avanzada.

Julio Lambea Sorrosal, del Servicio de Oncología Médica del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa Zaragoza, especialista en un subtipo de tumores en cabeza y cuello, el tercero en prevalencia y la cuarta causa de muerte en el varón, confirma la gran importancia que tiene “la nutrición de nuestros pacientes. Es un tumor que se asocia a un grado de desnutrición, un 30-50 por ciento de los pacientes de cabeza y cuello presentan en algún momento de su evolución desnutrición. Esto tiene un impacto pronóstico en la enfermedad, genera una menor calidad de vida, conlleva una pérdida funcional, prolonga la estancia hospitalaria -los pacientes oncológicos en riesgo nutricional presentan 3,5 días más de hospitalización respecto a los correctamente nutridos-, las complicaciones, las infecciones, la toxicidad del tratamiento que, al no poder hacerse adecuadamente, en algunos casos hay que pararlo, lo que influye mucho en el resultado final. Nos tenemos que empezar a preocupar de la nutrición de los pacientes desde el minuto cero”.

Sabemos que la supervivencia en casos de cáncer ha mejorado en los últimos años gracias, entre otros, al trabajo en equipo de especialistas, patólogos, etc. “Sería ideal además contar con especialistas de nutrición en nuestro comité porque nosotros no estamos formados para valorar y pautar los suplementos necesarios y conductas alimentarias que requieren los pacientes”.

Es muy importante valorar una intervención nutricional a la vez que se plantea el tratamiento oncológico. “Partimos de una situación de desnutrición en muchos casos que vamos a empeorar con nuestros tratamientos; un buen soporte nutricional, con consejos nutricionales y si hace falta suplementos, mejorarán muchos parámetros: inmunes, cicatrización si hay cirugía, se reducirán las complicaciones y mantendremos la intensidad necesaria del tratamiento” apunta Lambea. Solo un tercio de los pacientes en riesgo de desnutrición reciben soporte nutricional.

Estudio Predyces

Recientemente se han publicado los resultados del subanálisis del estudio Predyces en pacientes oncológicos. Realizado en 31 hospitales del ámbito nacional, evaluó la presencia de desnutrición hospitalaria al ingreso y al alta en 1.597 pacientes. El Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa fue el representante de la comunidad de Aragón. El resultado concluyó que 34 por ciento de pacientes en el ingreso hospitalario ya se encontraban en situación de riesgo nutricional, esta cifra alcanza el 36 por ciento cuando reciben el alta hospitalaria, y solo un tercio de los pacientes en riesgo de desnutrición en el momento del alta habían recibido algún tipo de soporte nutricional. La desnutrición en el paciente oncológico se asocia con un aumento de la mortalidad, de reingresos y recaídas, generando un aumento de los costes sanitarios.

Julia Ocón Bretón, del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa Zaragoza, ha aclarado que “los síntomas asociados a la desnutrición están relacionados con la respuesta inflamatoria crónica sistémica que tienen estos enfermos” y como tal hay que tratarla. Incluye pérdida de masa muscular y grasa, aumentando el gasto energético. “El objetivo de la terapia metabólica nutricional es mantener la masa muscular. Porque está demostrado que su falta se asocia con menor capacidad funcional, aumento del cansancio, mayor riesgo de complicaciones infecciosas, quirúrgicas y postquirúrgicas, etc. Hay estudios que demuestran que los pacientes con una menor masa muscular tienen una supervivencia menor”.

En estos casos, la alimentación convencional no es suficiente, son necesarios apoyos exteriores. “Es fundamental realizar un cribado nutricional, con herramientas rápidas y sencillas en el momento del diagnóstico, cada vez que un enfermo entra en el hospital o cada vez que se inicia algún tipo de tratamiento relacionado. Los parámetros que debe incluir son el IMC, índice de masa corporal, la pérdida de peso y la reducción de la ingesta nutricional. También hay que valorar el grado de respuesta inflamatoria que tienen los enfermos”.

El abordaje nutricional tiene que estar basado en tres pilares: aumentar la ingesta nutricional, frenar la inflamación y preservar la masa muscular. Las modificaciones de la dieta junto con el empleo de suplementos y el tratamiento de los síntomas, ha demostrado sus beneficios tanto en la mejora de la desnutrición como en la calidad de vida. La eficacia del tratamiento puede verse mejorada con el empleo sinérgico del ejercicio físico y el empleo de antiinflamatorios. Los objetivos son mantener la masa muscular, evitar la desnutrición, mejorar la tolerancia al tratamiento oncológico y favorecer la capacidad funcional y la calidad de vida del enfermo.

Tratamiento nutricional individualizado

Tanto los pacientes como los médicos reconocen la falta de formación en nutrición e información en desnutrición. María Concepción Morera Pérez, paciente oncológica con problemas de masticación, llegó a perder algunas semanas hasta 5 kilos durante los primeros seis meses de enfermedad después del diagnóstico. “Yo me podía haber muerto más por la desnutrición que por el propio cáncer”. Le tuvieron que hacer una gastrostomía. No todos los profesionales son conscientes de la importancia de la nutrición y sus consecuencias, y tampoco todos los pacientes tienen las mismas necesidades “El tratamiento nutricional de cada paciente debe ser individualizado”, dice Ocón, que añade “Falta esa concienciación y esa sensibilización de la importancia de la nutrición y estamos luchando desde nuestra sociedad, SENPE Y SEEN, para concienciar a todo el mundo, elaborando guías y trabajando estrechamente en todo lo que esté relacionado con la nutrición y el cáncer”.

Cómo incluir el suplemento

Julia Ocón recomienda que se tome cuando tengan apetito, ganas de beber o aprovechando la ingesta de una pastilla. Nunca suple una comida. “Hay que hacerlo atractivo variando los sabores, la temperatura, para que no les cueste incluirlo en la dieta”. Sin olvidar el seguimiento, “el enfermo a lo largo de su evolución va variando sus requerimientos nutricionales”. Lambea asegura que a nivel emocional “al paciente le genera una sensación de bienestar. La suplementación con proteína lo ayuda a sentirse mejor; al verse con más peso, lo interpreta como salud. Es clave en el éxito del tratamiento y en la recuperación, así como en la disminución de las secuelas una vez que termina el tratamiento”. Como conclusión, todos los ponentes estuvieron de acuerdo en que “la nutrición es parte del tratamiento contra cáncer”.

La nutrición, parte esencial en el tratamiento contra el cáncer

miércoles, 16 de mayo de 2018

Alimentos que interfieren en los tratamientos contra el cáncer

Durante los tratamientos contra el cáncer el paciente debe ser precavido con su alimentación ya que ciertos alimentos y bebidas pueden interferir con los fármacos de quimioterapia o con otros medicamentos utilizados simultáneamente para los efectos secundarios. Ante todo hay que controlar los productos de herbolario o plantas medicinales con altas concentraciones de ciertas sustancias. Lo aconsejable es consultar al oncólogo

“Hay que ser conscientes de que no todas las plantas son inocuas y que no todas se pueden combinar con los tratamientos contra el cáncer porque muchas veces hacen que éstos sean menos eficaces o potencialmente más tóxicos”, explica en una entrevista con EFE-Salud la doctora Paula Jiménez-Fonseca, oncóloga médico en el Hospital Universitario Central de Asturias, en Oviedo.

Y pone como ejemplo los taxanos, un potente quimioterápico que provoca efectos como la caída del cabello o la irritación de la piel. “Esos taxanos proceden del tejo y el tejo es un árbol…por tanto, que una planta medicinal provenga de la naturaleza no la hace inocua”, indica la especialista.

Así lo cuenta también en su libro “Comer para vencer el cáncer” (Editorial Nobel), escrito al alimón con la química, farmacéutica y experta en nutrición Belén Álvarez, donde incide en que la mayoría de los alimentos consumidos en dietas variadas y equilibradas (frutas, verduras, cereales, legumbres, pescado, aceite de oliva…) no entorpecen las estrategias terapéuticas contra el cáncer.

La doctora advierte de que algunos fármacos tienen un margen terapéutico estrecho lo que significa que “su dosis eficaz está próxima a su dosis tóxica y pequeñas variaciones en las concentraciones en sangre pueden causar severos efectos adversos o ser ineficaces como es el caso de los anticoagulantes (para tratamiento o prevención de la trombosis), antiepilépticos, digoxina (para trastornos cardiacos), litio (empleado en enfermedades psicológicas y mentales) y la levotiroxina (hormona para tratar el hipotiroidismo).

Atención a las plantas medicinales

El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos advierte ante algunas creencias de que tomar infusiones de determinadas plantas o suplementos basados en hierbas ayuda a curar el cáncer cuando en realidad, afirma, no existen estudios científicos que demuestren este poder curativo.

Incluso, subraya, algunos de estos suplementos pueden afectar la eficacia de los medicamentos contra el cáncer y pueden causar efectos secundarios o interferir con la efectividad de las terapias tradicionales.

Estas son algunas de las plantas medicinales que, como infusión o como complemento alimenticio, no es recomendable consumir durante los tratamientos contra el cáncer, según la oncóloga Paula Jiménez-Fonseca:
  •     Castaño de Indias: para problemas circulatorios, entre otros usos, interfiere con antiácidos y antiulcerosos utilizados para contrarrestar algunos efectos secundarios de los tratamientos contra el cáncer.
  •     Hierba de San Juan: utilizada como antidepresivo y asociada con algunos quimioterápicos como la capecitabina oral incrementa mucho la toxicidad de estos.
  •     Ginseng: un aliado contra el cansancio, interfiere en los tratamientos hormonales contra el cáncer.
  •     Aceite de onagra o prímula: usado como regulador del sistema hormonal interactúa con los antiepilépticos.
  •     Productos de herbolario estimulantes o sedantes pueden interactuar con hipnóticos y ansiolíticos.
  •     Productos de herbolario para adelgazar: deben evitarse durante la quimioterapia ante el riesgo de potenciar efectos adversos graves e interferir en el efecto de estos fármacos y de otros utilizados simultáneamente.

Por contra, la doctora Jiménez-Fonseca también cita algunas hierbas con propiedades medicinales que, en general, no interfieren con los tratamientos como el roibos, un tipo de té rojo sin teina, el jengibre o el cardo mariano.

Precaución con antioxidantes, alcohol, soja…
Además de las plantas medicinales, existen otros grupos de alimentos y bebidas que si se toman en cantidades elevadas pueden obstaculizar los tratamientos de los pacientes oncológicos, como recoge el libro “Comer para vencer el cáncer”.
  •     Antioxidantes: aunque son seguros mientras se están en tratamiento de radio o quimioterapia, sí deben evitarse en cantidades excesivas fuera de la prescripción médica ya que podrían reparar el daño inducido en las células cancerosas por dichos tratamientos.
  •     Alimentos ricos en vitamina K: coles, verduras de hoja verde, suplementos con jengibre y aguacate que pueden interponerse en la acción de los anticoagulantes orales y favorecer el sangrado o la trombosis.
  •     Alcohol: interactúa con antidepresivos, sedantes, opiáceos como morfina, además de dificultar la eliminación hepática de determinados medicamentos durante la quimioterapia.
  •     Soja: no consumir suplementos de soja (pastillas), especialmente con taxanos y con hormonoterapia, empleada en el tratamiento de cánceres de mama hormonodependientes. En forma de brotes o en productos enriquecidos (leche, yogur…) parece no interferir.
  •     Alimentos ricos en cafeína: pueden ocasionar efectos adversos con anticoagulantes orales y excitantes.
  •     Zumo de naranja: no consumir con antiácidos que contengan aluminio, ni con antibióticos.
  •     Zumo de uva: consumo moderado con determinados quimioterápicos como paclitaxel o vincristina.
  •     Zumo de pomelo: afecta a la concentración en sangre de ciertos quimioterápicos y su eliminación, por lo que puede aumentar la toxicidad.
  •     Leche y derivados lácteos: interactúa con la absorción de la quimioterapia oral que debe ingerirse con agua templada o fría ya que las bebidas calientes pueden neutralizar el efecto de los fármacos.
  •     Regaliz: puede interferir con los fármacos administrados a tumores hormonodependientes.
  •     Dieta rica en grasas: aumenta el daño renal de determinados antiinflamatorios utilizados contra efectos de los tratamientos oncológicos o del propio cáncer como el dolor, la fiebre o la inflamación.

Consejos de la Sociedad Americana contra el Cáncer


La Sociedad Americana contra el Cáncer advierte a los pacientes oncológicos que toman sin prescripción médica vitaminas, minerales y otros complementos nutritivos con el fin de ayudar a su sistema inmunitario debilitado por el cáncer y sus tratamientos. Incluso hay quienes erróneamente creen que esos suplementos pueden destruir las células cancerosas.

“Algunas de estas sustancias pueden ser perjudiciales, especialmente cuando se toman en grandes dosis. De hecho, algunas vitaminas y minerales puede que hagan que la quimioterapia y radioterapia sean menos efectivas”, señala en su página web.

Por eso, esta sociedad científica aconseja:
  •     Pedir información sobre los complementos nutritivos a su equipo de atención médica contra el cáncer.
  •     Leer las cantidades y concentraciones de los ingredientes activos en las etiquetas informativas de cada producto.
  •     Si aparecen efectos secundarios, como dificultad para respirar, picazón en la piel (comezón), adormecimiento o cosquilleo en las extremidades, suspender el uso del producto y llamar a su equipo de oncología.

En conclusión, es importante consultar al oncólogo el tipo de alimentación más adecuada mientras se sigue un tratamiento tanto contra el propio cáncer, como para paliar los efectos secundarios, en especial el consumo de plantas medicinales. Beber agua de forma regular ayuda a eliminar la toxicidad de fármacos quimioterápicos.


No todos los alimentos naturales son inocuos ante el cáncer

martes, 10 de abril de 2018

Recomiendan no dorar demasiado las tostadas para evitar el cáncer

  • Durante el proceso de cocción de alimentos con alto contenido de almidón aumenta el nivel de acrilamida, compuesto orgánico que podría producir cáncer.
Las tostadas no se deberían dorar demasiado y habría que consumirlas con un color amarillento a fin de reducir la ingesta de un químico que podría causar cáncer, informó este lunes la Agencia británica de Normas Alimentarias (FSA, en inglés).

Los expertos han hecho este lunes esta recomendación, que pide se aplique también a otros alimentos ricos en almidón, como las patatas, puesto que hornearlos, freírlos o cocinarlos en la parrilla a muy alta temperatura, hasta casi quemarlos, aumenta el nivel de acrilamida, compuesto orgánico que podría producir cáncer.

No obstante, la organización británica 'Cancer Research', que investiga esta enfermedad, puntualizó este lunes que no está probado este vínculo entre la acrilamida y las enfermedades oncológicas en los humanos.

Según la FSA -organismo que hace recomendaciones sobre alimentación a la población-, los niveles más altos de este químico se encuentran en alimentos con alto contenido de almidón que han sido cocinados por encima de los 120 grados centígrados, entre ellos patatas fritas, pan, cereales, galletas, tartas o café.

Este compuesto también se puede incrementar en la cocina de casa cuando estos alimentos son horneados o fritos a alta temperatura.

La FSA hizo una particular advertencia en el caso de las tostadas, al considerar que cuanto más oscuro es el tono que adquiera el pan al calentarlo, más elevada es la concentración de acrilamida.

Durante el proceso de cocción, el azúcar, los aminoácidos y el agua presentes en el pan se combinan para formar el color y la acrilamida, así como el sabor y aroma asociado a ese proceso.

La FSA ha resaltado que no está claro cuánta acrilamida puede tolerar el ser humano, por lo que recomienda a la población que, para prevenir, haga algunos cambios a la hora de cocinar los alimentos.

Añade que estudios en los animales han mostrado que este químico es tóxico y produce tumores, por lo que los expertos asumen que lo mismo puede ocurrir en los humanos, si bien no hay pruebas contundentes sobre esta posibilidad. 


Las tostadas, mejor cuanto menos carbonizadas

martes, 3 de abril de 2018

Huesos fuertes: lo que de verdad necesitas (y es mucho más que calcio)

Veinticinco mil. Es el número de fracturas que provoca la osteoporosis en España cada año. Una enfermedad silenciosa que se estima que afecta a una de cada cuatro mujeres mayores de 50 años. Mujeres que, en muchos casos, toman religiosamente un suplemento de calcio o de vitamina D con la confianza de estar haciendo lo mejor para sus huesos. ¿Pero es esta realmente la mejor estrategia preventiva? Un estudio publicado en la revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA) lo cuestiona. Este metaanálisis de 33 ensayos distintos, en los que han participado 50.000 personas mayores de 50 años, no ha podido comprobar que dichos suplementos sirvan para reducir el riesgo de sufrir esas fracturas. Un resultado no tan inesperado (en 2015 una revisión de estudios publicada por el 'British Journal' ya apuntaba a lo mismo), pero que, sin duda, rompe los moldes y remueve las aguas. Tanto que la propia Sociedad Americana de Patología Metabólica Ósea ha publicado un documento para matizar sus resultados. En primer lugar, advierten de que en el metaanálisis publicado en JAMA solo se ha tenido en cuenta el uso de suplementos de calcio y vitamina D en gente sana. Entre las filas de los 50.000 participantes no había pacientes con osteoporosis ni personas con riesgo de padecerla y eso marca una gran diferencia.

“Es un buen estudio, está muy bien hecho, pero su recomendación habla a la población general. A la gente que está enferma no le podemos decir 'no tomes suplementos de calcio porque no hacen nada', simplemente porque no es así. Hay que ser cuidadoso con los mensajes”, asegura la Dra. Núria Guañabens Gay, consultora sénior del Servicio de Reumatología del Hospital Clinic de Barcelona y portavoz de la Sociedad Española de Reumatología.

Las fuentes de calcio van mucho más allá de los lácteos: legumbres, crucíferas, frutos secos, sardinas...
Los suplementos sí sirven para algo, pero en casos muy concretos. Por ejemplo, han demostrado eficacia en la prevención de fracturas en población senil, que vive en residencias y sufren un déficit de ingesta de calcio o niveles bajos de vitamina D. “También hay gente que cuando llega a la consulta y valoramos cuánto calcio ingieren, es un porcentaje ínfimo, y como sabemos que es muy difícil que cambien sus hábitos alimentarios, recurrimos a un suplemento. Y otro caso ineludible son aquellas personas que están bajo tratamiento por osteoporosis. A esos pacientes es frecuente que se les dé suplementos de calcio porque los estudios que se hicieron para probar su medicación así lo contemplan; es decir, el fabricante ya indica que el medicamento debe estar asociado a la ingesta de 500 o 1.000 mg de calcio para funcionar”, puntualiza la Dra. Núria Guañabens.

¿Y qué debemos hacer el resto de la población? Pues el resto de nosotros debemos dejar de buscar la vía rápida de las pastillas y empezar a tomar conciencia de qué es bueno y qué no lo es, y así evitar ser candidatos de una esas 25.000 fracturas anuales. Y para lograrlo no debemos ampliar nuestras miras más allá del calcio. “Nos solemos centrar en eso, pero una buena salud ósea es algo más que ingerir lácteos a diario -explica la dietista-nutricionista Lucía Martínez y bloguera en 'Cuerpo Mente'-. Nos olvidamos de que es igual de importante que el estatus de vitamina D sea bueno, que hay que hacer ejercicio físico, que la ingesta de vitamina K y magnesio tiene que ser la adecuada… Todos esos factores son igual de importantes, no debemos estar solo fijándonos en la ingesta concreta de calcio”. Repasamos con ambas expertas lo que sí y lo que no debes hacer para mantener tus huesos sanos.

Lo que tus huesos sí necesitan
  •     Toma calcio

El calcio es el principal componente mineral de nuestros huesos y si no hay ningún riesgo diagnosticado, hay que conseguirlo a través de la dieta. Y aquí los fabricantes de productos lácteos han hecho un gran trabajo, porque es imposible que pensemos en este mineral y no lo asociemos a sus productos en todas sus formas, texturas y sabores. ¿Pero cuánto deberíamos ingerir a diario para proveer a nuestros huesos del que necesitan? “Las necesidades son muy variables. Para un adulto se recomiendan desde los 700 mg/día en Reino Unido a los 1.000-1.200 de Estados Unidos. Es decir, hay hasta un 30% de diferencia entre ambos y eso no tiene sentido”, describe Lucía Martínez. Este vaivén de cifras se debe a múltiples factores. Uno de ellos es, por supuesto, cultural (no se come lo mismo en un país que en otro). Otro que no hay que perder de vista es que tomar calcio y que este esté disponible para nuestro organismo no es lo mismo. Otro más, que cuando comemos poco calcio, el que comemos necesita de suficiente vitamina D para llegar a buen puerto… y el déficit de vitamina D es crónico en nuestra sociedad. Otro es que cada etapa de la vida parece que tiene sus propias necesidades de este mineral… Y así se podría seguir hasta el infinito.

En principio, un adulto sano (y español) debería ingerir 1.000 mg/día de calcio, del que solo es capaz de absorber 300 mg. ¿Llegamos hasta esa cifra? Pues la realidad es que en esto los datos tampoco se ponen de acuerdo. Según la Encuesta Nacional de Ingesta Dietética en España (ENIDE), la ingesta de calcio de la población española es de 900 mg/día en adultos. Pero el estudio científico ANIBES comprobó que la mayoría de nosotros toma unos 798 mg/día (862 mg/día los más aplicados). ¿Qué podemos hacer para aumentar nuestra ingesta y llegar a esas cifras, para muchos inalcanzables? Echar mano de una buena despensa es la solución. Y ampliar nuestras miras. Mientras que los lácteos son los favoritos de los españoles a la hora de tener unos huesos fuertes, muchos deben aprender que no solo en ellos se esconde este mineral. Leches vegetales como la de soja, si están enriquecidas, poseen la misma fracción absorbible de calcio que la leche de vaca y con la misma cantidad de producto (100 g). De entre las legumbres, las alubias blancas proporcionan 17 mg de calcio dispuesto para ser usado en tan solo 100 g. Las crucíferas como el brócoli (25,8 mg) y la coliflor (18,7 mg) también pueden ser una buena fuente de calcio. Y la lista aumenta si incluimos verduras como las coles, frutos secos como las almendras, semillas como las de sésamo e, incluso, productos como las latas de sardinillas y anchoas. Así que, en resumen, sí, nuestros huesos necesitan que comamos calcio y que no nos guste la leche no es excusa para no dárselo.
  •     Incluye magnesio en tu dieta

Quizá no lo sepas, pero en tus huesos no solo hay calcio, también hay magnesio. Una dieta equilibrada debería proporcionarnos 300 mg de este mineral a diario, de los que el organismo apenas absorbe el 30%. Existen varios factores que pueden modificar esa absorción, como por ejemplo beber alcohol, sufrir una enfermedad hepática, ingerir alimentos que contengan mucha agua o llevar una dieta rica en proteínas.

España es un país con mucha luz, pero el déficit de vitamina D (que se sintetiza al exponer la piel al sol) es un hecho
Según el estudio ANIBES, la población española realiza a diario una ingesta por debajo de la requerida: 222 mg/día. ¿Es imprescindible llegar a esos 300 mg para mantener nuestros huesos intactos? De momento, los estudios no son muy claros al respecto. “Así como del calcio hay un montón de trabajos, el problema es que con otros minerales como el magnesio hay muchos menos y de resultados contradictorios. No está nada claro, por ejemplo, que tomar suplementos de magnesio reduzca el riesgo de fracturas. Incluso existe un estudio, realizado con mujeres, en el que se puedo ver que, efectivamente, las que tenían menor ingesta de magnesio poseían menor cantidad de hueso, pero, paradójicamente, eso no supuso un aumento del número de fracturas”, explica la Dra. Guañabens. Lo que sí parecen apuntar los estudios es que los déficit nutricionales no son buenos y que, ante los escasos resultados que se consiguen con los suplementos, hay que echar mano de lo que encontramos en el supermercado. Según la Universidad de Harvard (EE.UU.) el bulgur es el cereal que más magnesio contiene, seguido de la cebada. Completan el ranking de los campeones del magnesio las espinacas cocidas, las pipas de calabaza, la harina de maíz, los frijoles, la remolacha verde, el halibut, las almendras tostadas y el arroz integral.
  •     Chequea tu vitamina D

Puede que seamos un país de sol y playa, pero nuestro déficit de vitamina D (que se sintetiza al exponer la piel al sol) es un hecho. La ingesta de vitamina D en la población ANIBES se encuentra muy por debajo de las recomendaciones a nivel nacional y europeo y eso que mejoraban los resultados del estudio ANIBE. “Necesitamos tomar el sol 10 minutos al día, hacernos analíticas para chequear los niveles de vitamina D por si necesitáramos un suplemento y llevar una dieta saludable, que incluya alimentos que nos la aporten”, advierte Lucía. El grupo de pescados y mariscos fue la principal fuente de vitamina D, seguido por el de los huevos, el de la leche y los productos lácteos, y el de los cereales y derivados. Con estos cuatro grupos de alimentos ya se suman más del 85% de la ingesta diaria reportada de esta vitamina.
  •     Descubre la vitamina K

Más estudiada que el magnesio existen dos tipos que son las más interesantes para la salud ósea, la vitamina K 1 y la vitamina K2. La vitamina K, en principio, participa en la coagulación y su déficit se ha asociado con el riesgo cardiovascular. ¿Por qué se ha implicado también al hueso? Pues porque en nuestro esqueleto hay una proteína (la osteocalcina) que necesita vitamina K para acoplarse como es debido al tejido óseo. Cuando una enfermedad (por ejemplo,hepática) provoca un déficit de vitamina K, esta proteína no se ajusta bien dentro del hueso y eso se ha comprobado que aumenta el riesgo de sufrir fractura de fémur. ¿Se debería entonces recomendar tomar algún suplemento de vitamina K? Pues más bien, lo que se recomienda es una adecuada ingesta de hortalizas, coliflor, kiwis, aguacates… “No hay suficiente información para recomendar suplementos de vitamina K para prevenir fracturas en osteoporosis”, concluye la Dra. Guañadens.
  •     Haz ejercicio a diario

El hueso, para estar sano, necesita que hagas ejercicios de carga (sí, caminar sirve) y todos aquellos ejercicios de fuerza que se realizan con máquinas y sirven para la potenciación de extensores. “El ejercicio es buenísimo para el hueso y en gente mayor, a la que no le puedes pedir según qué cosas, pues más, porque simplemente caminando todos los días conservan más masa muscular. Otros ejercicios como el tai chi han demostrado que no solo refuerzan mucho la musculatura de la espalda, sino que ayudan a ejercitar el equilibrio, lo que conlleva que se caigan menos”, explica la Dra. Guañadens.


Lo que tus huesos no necesitan
  •     Que bebas alcohol

Consumir tres unidades de alcohol al día es un factor de riesgo para desarrollar fracturas. ¿Y cuánto es una unidad de alcohol? Una unidad de alcohol equivale a 200 ml de cerveza, a 100 ml de vino o a 25 ml de un licor. Si consumes de forma habitual tres cervezas diarias, tres copas de vino o tres chupitos…, a la larga puedes tener problemas en los huesos.

El tabaquismo influye en la predisposición a sufrir osteoporosis y a padecer fracturas por culpa de ella

"Esto es lo que se dice a población general. Capítulo aparte merecen las personas que hacen un consumo excesivo de alcohol. En ellos se ha visto que tienen más fracturas por dos motivos: el primero es porque se caen más y el segundo, porque sufren más osteoporosis porque ese consumo altera de forma importante todo el sistema hormonal y las células que sintetizan el tejido óseo tienen menos actividad porque el alcohol las afecta directamente. Lo bueno es que si dejan de beber, mejoran el hueso”, explica la Dra. Guañabens.
  •     Que abuses de la sal

“En general, consumimos más sal de la recomendada, no tanto por la que añadimos nosotros mismos, sino por la que tomamos al consumir productos ultraprocesados que suelen ser bastante ricos en sal. De ahí que para tener una buena salud ósea se recomiende una dieta sana equilibrada. Se entiende que en este tipo de dieta se consumen menos de estos productos y así se reduce el consumo de sal al tiempo que se incrementa la ingesta de nutrientes”, explica Lucía Martínez. El problema de la sal y el hueso es que si hay demasiada sal en el organismo, esta 'arrastra' el calcio a la orina. “Por eso, si una persona excreta mucho calcio por la orina o sufre cólicos nefríticos por este problema, la primera medida que se le pide es que tome poca sal. Si das mucha sal, lo que puede haber es un aumento de la calciuria y esto puede contribuir a que tengas una pérdida de este mineral”, explica la Dra. del Clinic.
  •     Que fumes

Existen múltiples estudios que apuntan a que el tabaquismo influye en nuestra predisposición a sufrir osteoporosis y a padecer fracturas por culpa de esta enfermedad. El tabaco y sus componentes atacan a los huesos desde muchos frentes. Por ejemplo, interfieren con las hormonas que el hueso necesita para permanecer fuerte. Al mismo tiempo, los fumadores no solo tienen más papeletas para sufrir una fractura (concretamente el doble), sino que cuando esta se produce, sanan peor. Se recuperan peor de las fracturas que sufren.


Unos buenos hábitos ayudarán a tener unos huesos fuertes en la vejez