Asociación Barcelonesa de Laringectomizados

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jueves, 21 de enero de 2016

Ni agua ni té verde: cinco hábitos de vida saludable que sí reducen el riesgo de cáncer

Una dieta rica en frutas y verduras contribuye a reducir el riesgo de cáncer

El cáncer es una enfermedad multicausal, asociada a hábitos de vida que pueden ser modificados, lo que la convierte en prevenible. Partiendo de esta realidad, constatada en los últimos 50 años por solventes estudios científicos, un equipo de oncólogos ha elaborado el libro «Nutrición y Cáncer, lo que la ciencia nos enseña», una síntesis del conocimiento científico existente sobre la relación entre la nutrición y el cáncer, y el primer manual de estas características que se ha publicado en legua castellana.

El libro, presentado en Barcelona, concluye que la mejor herramienta para protegernos de esta enfermedad, que se prevé que en 2030 causará 13,2 millones de muertes, es mantener unos hábitos saludables.

«Para reducir el riesgo de cáncer no funciona el consumo de té verde, ni de agua ni de dietas anticáncer de moda», afirma Carlos Alberto González Svatetz, principal autor de la obra y responsable de la Unidad de Nutrición, Ambiente y Cáncer del Instituto Catalán de Oncología (ICO). El experto resume en cinco los consejos para hacerse un buen escudo contra la enfermedad: mantener una dieta saludable (rica en frutas y verduras), evitar el exceso de peso, practicar ejercicio físico de manera regular, no fumar y no beber alcohol.

Ese estilo de vida reduce, según se expone en el libro, el riesgo de padecer diversos tipos de cáncer. En concreto, un 51 por ciento el de estómago, un 37 por ciento el de colon y un 26 por ciento el de mama. «En el mercado hay muchos libros sobre dieta y salud, pero a menudo no tienen el rigor científico necesario, sino que tienden a exagerar los efectos positivos o negativos de ciertos alimentos y a hacer afirmaciones sin tener una evidencia sólida detrás», explica Carlos Alberto González.

Antoni Agudo, otro de los autores del libro, también del ICO, señala que otro aspecto dañino de estas divulgaciones es que «hacen despertar expectativas falsas en la gente, que puede llegar a creer que si come esto o lo otro seguro que nunca tendrá un cáncer» o que curará el que padece.

«El problema es que prometen milagros», lamenta Agudo, quien insiste en que la curación del cáncer incluye la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia. El libro describe y analiza los alimentos, patrones alimentarios, nutrientes y compuestos que pueden ser relevantes en su relación con el cáncer y con la aparición de recidivas, incluidos los potenciales cancerígenos químicos de la dieta.

Describe también las evidencias sobre el papel del consumo de alcohol y de bebidas no alcohólicas, la obesidad y la actividad física en el riesgo de cáncer, y hace recomendaciones alimentarias para prevenirlo. Sobre el efecto cancerígeno de la carne procesada, Agudo y González le restan importancia y señalan que mientras en España se la considera responsable de 3.800 casos de cáncer (1,8 % de los tumores), el tabaco es responsable de 42.000 (20 %) y el alcohol de 23.000 (11 %).

La obesidad es, según los autores del libro, un factor importante de incremento de cánceres. En España son atribuibles a ella el 45,2 por ciento de los cánceres de endometrio, el 42,7 por ciento de los de esófago, el 31,1 por ciento de los renales y el 27,5 por ciento de los de colon en hombres.


La mejor herramienta es mantener hábitos saludables

miércoles, 20 de enero de 2016

Cáncer y problemas de memoria o de concentración

Tener problemas relacionados con la memoria o la concentración (a veces descritos como niebla mental o quimiocerebro) depende de factores como el tipo de tratamiento que recibe así como también su edad y otros factores de salud. Los tratamientos del cáncer como la quimioterapia pueden causar dificultad para pensar, para concentrarse o recordar cosas. Lo mismo ocurre con algunos tipos de terapias biológicas y la radioterapia al cerebro.

Estos problemas cognitivos pueden comenzar durante o después del tratamiento del cáncer. Algunas personas notan cambios muy pequeños como un poco más de dificultad para recordar las cosas, mientras que otras tienen problemas mucho más grandes de memoria o de concentración.

Su doctor evaluará sus síntomas y le aconsejará formas de controlar o de tratar estos problemas. El tratamiento de situaciones como desnutrición, ansiedad, depresión, fatiga e insomnio también puede ayudar.

Control de efectos
Es importante que usted o un miembro de su familia diga a su equipo de atención de salud si usted está teniendo dificultad para recordar cosas, para pensar o concentrarse. A continuación hay algunas medidas que puede tomar para controlar problemas menores de memoria o de concentración:

  •     Haga un plan de su día. Haga las cosas que requieren más concentración a la hora del día cuando se siente mejor. Descanse más y duerma bien por la noche. Si necesita descansar durante el día, las siestas cortas de menos de una hora son las mejores. Las siestas largas pueden hacer que le resulte más difícil dormir por la noche. Mantenga una rutina diaria.
  •     Ejercite el cuerpo y la mente. El ejercicio puede ayudar a reducir la tensión y a que se sienta más alerta. El ejercicio libera endorfinas, también conocidas como hormonas de la felicidad, que mejoran su humor y dan una sensación de bienestar. Pregunte qué ejercicios ligeros se recomiendan para usted. Las prácticas de mente y cuerpo como la meditación o los ejercicios mentales como rompecabezas o juegos ayudan a algunas personas.
  •     Ayúdese para recordar cosas. Anote y guarde una lista a mano de información importante. Use una agenda, una grabadora u otro dispositivo electrónico que le ayude a recordar las actividades importantes. Haga una lista de nombres, números de teléfono importantes. Guárdela en un lugar que sea fácil de encontrar.

Preguntas para su equipo de atención de salud
Es importante que usted o un familiar informe a su doctor o a su enfermera sobre cualquier cambio cognitivo o de memoria que usted pueda tener. Prepárese para su visita con una lista de preguntas para hacer. Piense en agregar estas preguntas a su lista:

  •     ¿Tengo yo mayor riesgo de presentar problemas cognitivos de acuerdo al tratamiento que estoy recibiendo?
  •     ¿Cuándo podrían empezar a ocurrir estos problemas? ¿Cuánto podrían durar dichos problemas?
  •     ¿Existe alguna medida que pueda tomar para reducir estos problemas?
  •     ¿Cuáles síntomas u otros problemas debo yo o un pariente reportarles?
  •     ¿Podría reunirme con un trabajador social para obtener más ideas sobre tipos de apoyo y recursos adicionales?
  •     ¿Hay algún especialista que pueda evaluar, tratar o aconsejarme sobre estos problemas (como  neuropsicólogos, terapeutas ocupacionales, terapeutas vocacionales y otros)?

La pérdida de memoria no afecta a todos los pacientes por igual

martes, 19 de enero de 2016

¿Cuánto hay que beber para aumentar el riesgo de cáncer?

El Nurses’ Health Study y de El Health Professionals Follow-Up Study (HPFS) ofreció algunas estadísticas crudas del aumento del riesgo de muerte por cáncer entre los grandes bebedores. En comparación con las personas que nunca bebieron alcohol en absoluto, los grandes bebedores (personas que beben más de tres bebidas alcohólicas al día) fueron:
  •     44 por ciento más probabilidades de desarrollar cáncer de colon.
  •     61 por ciento más propensas a desarrollar cáncer de mama.
  •     165 por ciento más de probabilidades de desarrollar cáncer de la laringe.
  •     395 por ciento más probabilidades de desarrollar carcinoma de células escamosas del esófago.
  •     413 por ciento más de probabilidades de desarrollar cáncer de boca y garganta (oral y los cánceres de la faringe).

Sin embargo, beber parecía disminuir el riesgo de Hodgkin y los linfomas no Hodgkin, y mientras que el riesgo relativo de desarrollar cáncer entre los grandes bebedores fue alta, el riesgo absoluto de desarrollar cáncer entre los grandes bebedores ofrece una perspectiva diferente:

    El riesgo absoluto de desarrollar cáncer de colon en algún momento durante su vida es de 4,95 por ciento. Si usted es un bebedor empedernido, es 7.15 por ciento.

    A nivel mundial, si usted es una mujer, su riesgo de desarrollar cáncer de mama es del 12 por ciento. Si usted es un bebedor empedernido, es 19,2 por ciento.

Aún así, a pesar de que el riesgo absoluto de cáncer es relativamente baja, si su familia tiene un historial de estos tipos de cáncer, o si usted es un fumador, puede valer la pena considerar recortar el alcohol sólo para evitar el cáncer, especialmente si usted tiene una familia con historial clínico de cáncer de esófago o cánceres de la boca y la garganta.

¿Hay una cantidad segura de consumo de alcohol?

Los estudios utilizan una definición de una “copa”, como cualquier bebida de alcohol que contiene 14 g de alcohol. Los diferentes tipos de bebidas alcohólicas pueden tener muy diferente contenido de alcohol. Hay 14 g de alcohol en:
  •   360 ml de cerveza normal (5 por ciento de alcohol),
  •   240 a 270 ml de licor de malta (7 por ciento de alcohol),
  •   150 ml de vino (12 por ciento de alcohol), o
  •   45 ml de bebidas alcohólicas de 80 grados, como el whisky, ron, tequila, o vodka (40 por ciento de alcohol).

Tres o más de estas opciones cada día añade claramente el riesgo de cáncer, pero ¿Es que hay un término medio seguro entre el exceso de alcohol y sin alcohol en absoluto?

Desafortunadamente, los datos simplemente no muestran que cualquier cantidad de alcohol es completamente seguro para el cáncer de mama. Hay estudios que se encontró que el riesgo de cáncer de mama aumenta para las mujeres que consumen tan poco como 10 g de alcohol (alrededor de 2/3 de una bebida) al día. Para otros tipos de cáncer, sin embargo, y para los hombres, los datos son un poco más difusos. Es posible que una bebida al día no es perjudicial para los hombres o para las mujeres que han pasado la menopausia.

Probablemente no hace ninguna diferencia qué tipo de alcohol se toma. En un momento los investigadores pensaron que la cerveza elevó las tasas de cáncer rectal entre los trabajadores cerveceros irlandeses y suecos, y la costumbre de beber sidra de manzana caliente elevó las tasas de cáncer de esófago en Normandía en Francia. Sin embargo, estudios posteriores desmintieron estas asociaciones, y todo tipo de alcohol probablemente tendrá efectos muy similares.



No hay bebidas alcohólicas sin riesgo

lunes, 18 de enero de 2016

Dejar de fumar: Así mejora el organismo

La Ley Antitabaco ha logrado reducir desde 2012 en un 4% el número de fumadores en España.

 «El tabaquismo es el problema sanitario  que causa mayor mortalidad y morbilidad en España y el que provoca un coste sanitario y social más elevado en nuestro sistema de salud. Un coste que es superior a los más de 10.000 millones de euros que recauda el Estado gracias a los impuestos especiales asignados a los productos del tabaco». Una carga en asistencia sanitaria, medicamentos y subsidios por enfermedad o discapacidad que resulta «insoportable», como define la cardióloga Regina Dalmau, presidenta de la Comisión Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), y que sería  muy sencillo reducir: «Bastaría poner más esfuerzo en prevenir que los jóvenes no adquiriesen el hábito y abordar a los fumadores para que lo dejasen».

La estrategia parece sencilla, pero no lo es, pese a todos los datos que se acumulan en contra del tabaco. Porque los datos y las evidencias científicas sobre los daños que produce el tabaco a la salud son abrumadores: una de cada siete muertes en individuos mayores de 35 años en España es atribuible al consumo de tabaco, y, aunque no fallezcan, los  fumadores tienen muchísimas más posiblidades de sufrir ocho enfermedades que empeoran notablemente su calidad de vida antes de acabar con ella:

- Cáncer de pulmón. Es la primera causa de muerte por cáncer en el mundo en varones y está creciendo mucho entre las mujeres. El tabaco es el responsable de entre el 85 y el 90% de los cánceres de pulmón en varones y de entre el 57 y el 80% de los casos en mujeres.

- Tumores en boca, laringe y esófago. Ocho de cada diez de estos tumores guardan relación con el tabaquismo, por los carcinógenos del tabaco y el daño celular que produce su combustión.

- Cánceres del tracto urinario. Los casos de cáncer de vejiga y uréter son entre dos y cinco veces más comunes entre los fumadores, pues las sustancias nocivas del tabaco tienen que ser expulsadas por ahí, produciéndose una acumulación nociva de toxinas.

Otros cánceres. La incidencia de cáncer de páncreas es cuatro veces mayor en fumadores. El tabaco también hace aumentar la incidencia de los cánceres gástricos, de hígado, colorrectal, de cérvix, de vulva y de pene. El cáncer de mama es un 16% más frecuente en las fumadoras habituales y los casos de leucemia mieloide aguda son un 50% más habituales en fumadores.

- Hipertensión arterial. Es más frecuente en fumadores crónicos de más de 15 cigarrillos al día. El hábito crónico también acelera la ateroesclerosis.

- Ictus e infarto de miocardio: El tabaco favorece la aparición de fenómenos trombóticos, produce disfunción endotelial y modifica el perfil lipídico, reduciendo el colesterol bueno (HDL) y aumentando las fracciones de colesterol malo. Eso hace que el riesgo de sufrir un ictus o un infarto de miocardio sea de dos a tres veces superior en fumadores.

- Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Incluso por exposición pasiva, el tabaco es el principal factor causal de la EPOC. La mortalidad por esta causa es 14 veces superior entre los fumadores. El tabaco produce una lesión inflamatoria crónica sobre las vías respiratorias que causa su progresivo deterioro que acaba derivando en bronquitis crónica o enfi sema pulmonar.

- Arteriopatía periférica. El tabaco agrava los síntomas de todas estas enfermedades asociadas. Pero aún conociendo las dramáticas consecuencias que acarrea fumar, en forma de enfermedad y muerte, el 29 por ciento de los españoles sigue haciéndolo. Somos el noveno país de la Unión Europea donde más se fuma, según el Eurobarómetro publicado el pasado mes de junio, pero no estamos muy lejos de los países top: Grecia, Bulgaria, Croacia y Francia. Y eso que la ley antitabaco ha logrado reducir el número de fumadores en un 4% desde 2012.

«El hábito tabáquico hace que cada fumador pierda, de media, diez años de vida respecto a un no fumador, otros tantos de vida saludable. Y lo que es aún más dramático -explica la doctora Regina Dalmau-, casi la mitad de los fumadores morirá por una causa relacionada con su hábito nocivo». Dejar de fumar no es fácil. Poco más de un cinco por ciento de los que lo intentan sin ayuda médica lo logra. Pero los beneficios para la salud de hacerlo son indudables. Se notan apenas unas horas después de haberlo dejado, y 15 años después de hacerlo el cuerpo vuelve a estar como si nunca antes lo hubiera hecho. Entonces, ¿se anima?

CÓMO REACCIONA EL CUERPO AL DEJAR DE FUMAR

12 horas después: Desaparece la nicotina circulante en sangre y se formalizan los niveles de monóxido de carbono. Eso sí, se intensifi can los síntomas del 'mono': mal humor, dolor de cabeza, náuseas...

3 días después: La tensión arterial y la frecuencia cardíaca se regularizan en las personas con alguna cadiopatía. El 'mono' sigue y es posible que no pueda concentrarse ni en las actividades más simples.

1 semana después: Se empiezan a notar mejorías como la desaparición de la tos y de los cuadros de asfixia en los esfuerzos agudos. La ansiedad no se ha ido, pero cada vez es menor.

8 semanas después:  Los cilios que tapizan el árbol bronquial vuelven a impedir la entrada de gérmenes en el organismo. Disminuyen las infecciones respiratorias y la  dependencia psíquica.

6 meses después: Los peores momentos ya han quedado atrás: la dependencia psíquica prácticamente no existe, y la circulación y la función respiratoria ya están en buen estado.

1 año después: El riesgo de padecer una enfermedad coronaria ya es un 50 % inferior que en los fumadores. La mejoría respiratoria es más que evidente.

5 años después: El riesgo de padecer cánceres de boca, garganta, esófago y vejiga ha disminuído a la mitad.

10 años después: El riesgo de cáncer de pulmón es la mitad del que tenía cuando fumaba. También disminuye el de cáncer de páncreas y laringe. Su cuerpo le  da una tregua.

15 años después: Se sentirá como si nunca hubiera fumado. El riesgo de padecer una enfermedad cardiaca será equivalente al que tienen los que nunca han encendido  un pitillo.

Los efectos del 'mono'
  • 1 AUMENTA EL APETITO.

Es inevitable, pero la ganancia de peso se puede evitar no tomando alimentos hipercalóricos.
  • 2 SE ENGORDA.

Lo normal es ganar de tres a cuatro kilos, pero esa no es una excusa válida. Con dieta sana, mucha agua y algo de ejercicio, el peso volverá pronto a la normalidad.
  • 3 CRECE LA ANSIEDAD.

Frente a ella, el ejercicio es el mejor remedio: caminar 30 minutos al día a buen ritmo seguro que la reduce.
  • 4 AUMENTA EL INSOMNIO.

Si empieza a ser un problema vaya al médico, pero antes pruebe con el deporte y la relajación: en nueve de cada diez casos funciona.
  • 5 APARECE LA IMPULSIVIDAD.

Evite las actividades que tenga asociadas al tabaco. Si la tentación le invade, cambie de actividad.
  • 6 EL HUMOR CAMBIA.

La ansiedad y el mal humor se apoderan de uno durante los primeros días, pero poco a poco...




Fumar hace perder una media de 10 años de vida respecto los no fumadores

jueves, 14 de enero de 2016

Qué hacer ante el cáncer de laringe

Esta dolencia se asocia al consumo de tabaco, ya que más del 95 por ciento de los enfermos que la padecen son fumadores.

El cáncer de laringe es la aparición de células tumorales en la laringe. Es el más frecuente de los cánceres de cabeza y cuello, representando un 30 o un 40 por ciento de los mismos. Es diez veces más frecuente en varones que en mujeres, lo que se consideraba relacionado con el tabaquismo.

Actualmente, como el hábito de fumar está equilibrado entre hombres y mujeres, se considera que se debe a factores ligados al sexo todavía por determinar. La máxima incidencia se da a partir de los 60 años, aunque últimamente también hay casos de personas jóvenes. El cáncer de laringe se produce cuando la célula sufre una alteración genética, lo que se traduce en unos cambios morfológicos denominados displasias, que son lesiones precancerosas que pueden ser ligeras, moderadas y severas. Tras estas lesiones, se presenta ya un carcinoma.

Estos tumores se asocian claramente al consumo de tabaco, puesto que más del 95 por ciento de los enfermos son fumadores. Además, también influye el número de cigarrillos consumidos; así, hay trabajos publicados en los que se observa un riesgo de 4,4 para los que fuman diez cigarrillos, y se incrementa a 10,4 para los que fuman veinte.

El consumo de alcohol también está claramente relacionado con estos tumores, y además si se es fumador, se potencian los efectos de alcohol y tabaco. Pero aparte de estos, también hay otros factores de riesgo como son la malnutrición (la cual va muchas veces asociada con consumo de alcohol, un déficit de vitaminas A, B y retinoides), ciertos virus como el del papiloma humano, el sexo masculino, la edad (más de la mitad de los pacientes tienen más de 65 años), la procedencia afroamericana, la exposición laboral a sustancias como el asbesto (amianto), los productos químicos en la metalurgia, las pinturas, la madera, los petróleos y los textiles y la enfermedad por reflujo gastroesofágico (la denominada acidez).

También está demostrada una predisposición genética en familiares de primer grado. Las manifestaciones clínicas dependen de la región anatómica laríngea que esté afectada. La laringe la dividimos en una zona media denominada glotis, que es donde se encuentran las cuerdas vocales, otra zona que está por encima (supraglotis) y una inferior (subglotis). Los tumores que afectan a las cuerdas vocales pueden diagnosticarse en fases precoces, ya que producen síntomas tempranos, en este caso disfonía.

Los de las otras zonas son más silentes por lo que el diagnóstico es generalmente más tardío, siendo los síntomas iniciales una irritación de garganta que no se alivia, sensación de cuerpo extraño en garganta, tos crónica, cierta dificultad para tragar, dolor de oído que no cede, cierta dificultad respiratoria, pérdida de peso, afonía de más de dos semanas, presencia de una masa en cuello y mal aliento. Ante la presencia de estos síntomas es aconsejable un estudio por el otorrinolaringólogo. Para el diagnóstico se realiza una exploración incluyendo endoscopia laríngea, teniendo en ocasiones que recurrir al apoyo con técnicas de imagen del TAC o la RM y la realización de toma de biopsia.

El pronóstico resulta favorable si se compara con otros cánceres, pero depende de lo evolucionado que esté, por lo que es de extrema importancia detectarlo lo antes posible. La supervivencia a los cinco años en tumores glóticos en fase inicial es superior al 90 por ciento, bajando a un 50 en los avanzados y menos si presenta ganglios. En los supraglóticos, se coloca en un 80 por ciento en fases iniciales y en un 50 por ciento en avanzadas. En subglóticos, solo un 40 por ciento de los afectados sobrevive. La protección vegetal contra el cáncer de laringe La Sociedad Americana de Cáncer recomienda una variedad de alimentos saludables, enfatizando en aquellos de origen vegetal. La mejor manera de prevenir la enfermedad es dar grandes pasos orientados a la salud.

Por eso comer todos los días algo de fruta, verduras, vegetales, alimentos integrales de origen vegetal —como pueden ser los diferentes tipos de pan, cereales, arroz o fríjoles— puede ser beneficioso a la hora de prevenir un posible cáncer. Cuidado con... Mantener un consumo restringido de carne roja y procesada, como las salchichas, los fiambres y los embutidos, es uno de los pilares en las dietas de prevención del cáncer. Es preferible el pescado, el pollo u otros tipos de carne.


Prevención y exploración son las mejores armas

martes, 12 de enero de 2016

El cáncer de laringe por amianto es reconocido como enfermedad profesional

El Boletín Oficial del Estado publicó el sábado 19 de diciembre el Real Decreto por el que se modifica el cuadro de enfermedades profesionales en el sistema de la Seguridad Social y se establecen criterios para su notificación y registro.

Este texto viene a modificar el Real Decreto 1299/2006, de 10 de noviembre, debido a que “desde esa fecha se han producido importantes avances en las investigaciones y en el progreso en el ámbito científico y en el de la medicina, que han permitido un mejor conocimiento de los mecanismos de aparición de algunas enfermedades profesionales y de su vinculación con el trabajo”.

Así, se incluye en el cuadro de enfermedades profesionales causadas por agentes carcinógenos y, en concreto, por el amianto un nuevo subagente, el cáncer de laringe, enumerándose asimismo las principales actividades asociadas a ese subagente.

Por su parte, del anexo 2, la lista de enfermedades cuyo origen profesional se sospecha y cuya inclusión en el cuadro de enfermedades profesionales podría contemplarse en el futuro, se suprime el cáncer de laringe producido por la inhalación de polvo de amianto, ya que pasa a incluirse en el anexo 1.

Los trabajos expuestos a la inhalación de polvos de amianto son aquellos trabajos de manipulación de minerales o rocas amiantíferas; fabricación de tejidos, cartones y papeles de amianto; o trabajos de aislamiento térmico en construcción naval y de edificios; limpieza, mantenimiento y reparación de acumuladores de calor u otras máquinas que tengan componentes de amianto; o trabajos de reparación de vehículos automóviles, entre otros.

La decisión de incluir esta nueva enfermedad profesional ha sido aprobada por el Consejo de Ministros a propuesta de la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez. En su proceso de tramitación, este real decreto ha sido informado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y por la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. Además, ha contado con el consenso de los agentes sociales.


El cáncer de laringe por amianto, reconocido enfermedad laboral.

lunes, 11 de enero de 2016

¿Qué deben comer los pacientes con cáncer?

Hace unas semanas, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertaba del riesgo de cáncer asociado al abuso de la carne roja, se ponía de manifiesto una vez más el papel de la dieta en la prevención del cáncer. Pero, ¿y una vez ya diagnosticados? ¿Qué deben comer los pacientes oncológicos? ¿Hay algún alimento que beneficie a las terapias, alguno que se deba evitar...?

Como explica a EL MUNDO la doctora Paula Jiménez Fonseca, oncóloga especialista en Nutrición, el papel de la dieta está mejor establecido en el terreno de la prevención (se calcula que hasta un 40% de los tumores podrían evitarse con cambios en el estilo de vida). Sin embargo, añade a continuación esta especialista del Hospital Central de Asturias, una vez diagnosticado el tumor los alimentos también también tienen un importante papel. Sobre todo para tolerar mejor los tratamientos y prevenir la desnutrición que afecta a un porcentaje importante de pacientes con cáncer.

"El propio tumor tiene un metabolismo acelerado, y eso provoca un adelgazamiento del paciente", explica Jiménez Fonseca para referirse a esa desnutrición tan típica del cáncer denominada caquexia. En algunos tumores, como el de mama, el fenómeno es más infrecuente (se calcula que sólo el 30% de estas pacientes pierde peso), pero en el caso de tumores como el de páncreas (cabeza y cuello, estómago y en general todos los relacionados con el tubo digestivo) puede llegar a afectar hasta al 80% de los pacientes.

Por este motivo, la Asociación de Cáncer de Páncreas (Acanpan) en colaboración con la Fundación Más que Ideas y acaba de publicar una guía sobre nutrición pensada específicamente para estos pacientes. Porque, como subraya la Sociedad Americana del Cáncer (ACS) en su página web, "una alimentación sana ayuda a reconstruir tejidos y a mantener las defensas contra las infecciones. Las personas que se alimentan bien pueden tolerar mejor los efectos secundarios de los tratamientos".

Como explica por su parte el doctor Miguel Ángel Seguí, portavoz de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncólogo del Hospital Parc Taulì de Sabadell (Barcelona), los pacientes con cáncer no deben prescindir de las proteínas, porque su organismo las necesita para evitar la desnutrición y responder a los efectos tóxicos de la quimioterapia.

Eso sí, y enlazando con la cuestión de la carne roja, Seguí explica que tampoco ellos -como la población en general- deben abusar de estos alimentos y pueden obtener las proteínas de otras fuentes (pescado, huevos, carne blanca, lácteos, frutos secos...). "Claro que no deben tomarse un chuletón cada día, pero además en el caso de las carnes procesadas es que se toleran peor", apunta Seguí. Además, como añade la oncóloga asturiana, los cárnicos muy procesados suelen estar muy condimentados y con un alto contenido en sal.

Una de las cuestiones que más preocupa a muchos pacientes con cáncer es el papel que puede tener el azúcar. En este sentido, Seguí aclara que muchos de los malentendidos respecto a este tema surgen de un cierto simplismo biológico: "Como el tumor necesita azúcar para crecer, evitemos el azúcar. Pero eso no va a impedir que el organismo obtenga azúcares a partir de otros nutrientes", explica el oncólogo catalán.

Seguí y la doctora Jiménez Fonseca coinciden, eso sí, en que no conviene abusar del azúcar, sobre todo muy refinada (presente, por ejemplo, en bollería industrial), pero no porque vaya a alimentar el crecimiento del tumor, sino porque no aporta ningún beneficio nutricional y aumenta el riesgo de sobrepeso.

Aunque pequeños cambios de peso son normales durante el tratamiento, es conveniente hacer algo de ejercicio físico (en la medida en que su estado de salud general se lo permita) y no abusar de las grasas, sobre todo las de origen animal.

Como explicaban recientemente los especialistas de la Fundación para la Excelencia y la Calidad de la Oncología (ECO) en un simposio sobre nutrición, los propios síntomas del tumor, asociados a los efectos de la radio y la quimioterapia o a las complicaciones del posoperatorio están detrás de la pérdida de peso que sufren entre el 25% y el 85% de los pacientes oncológicos (en función del tipo de tumor). Detectar cuáles de esos pacientes necesitan un soporte nutricional para mejorar su calidad de vida y su supervivencia es clave para prevenir la desnutrición y, si es necesario, recurrir a la alimentación por vía intravenosa.

De hecho, se calcula que en España sólo 4,5 pacientes con cáncer por cada millón de habitantes recibe nutrición parenteral, frente a 14 pacientes por millón en Reino Unido y hasta 24 por millón en Italia.

Se considera que un paciente está desnutrido cuando ha perdido un 5% de peso en los últimos tres meses o un 10% en los últimos seis. Por eso, como señalaba también en ese foro la doctora Jiménez Fonseca, es importante que los propios hospitales dispongan de un circuito establecido claramente "para derivar de manera inmediata a la Unidad de Nutrición a cualquier paciente oncológico con desnutrición".

Algunos trucos
  •     Evite los zumos comerciales, con un alto contenido en azúcar. Mejor zumos naturales.
  •     Base su dieta sobre todo en alimentos frescos cocinados en casa, y reduzca los productos precocinados o industriales (que suelen tene un mayor contenido en sal).
  •     Los batidos de frutas y verduras crudas licuadas son un buen aporte de vitaminas y minerales.
  •     Evite en la medida de lo posible los suplementos nutricionales, mejor aproveche la dieta y los alimentos frescos para ingerir todos los nutrientes que su cuerpo necesita.
  •     No renuncie a la carne, pero no abuse y recuerde que hay otras fuentes de proteínas (como huevos y pescado).
  •     Si la quimioterapia hace que la comida tenga un sabor metálico pruebe a comer con cubiertos de madera para aliviar esa sensación.
  •     Si ha perdido el gusto por culpa de las terapias utilice hierbas aromáticas para condimentar los alimentos sin recurrir a demasiada sal.
  •     Si siente que se sacia rápidamente y le cuesta comer, recurra a purés de verduras con algo de carne o pescado para alimentarse bien con unas pocas cucharadas.
  •     Las setas son un alimento muy rico nutricionalmente y puede comerlas en tortilla para tener una cena rica y saludable.
  •     Si le gusta la leche y no es intolerante a la lactosa no tiene porqué prescindir de ella durante los tratamientos, elija mejor leches bajas en grasas.
  •     Si tienes poco apetito intenta hacer comidas frecuentes y no muy abundantes, con alimentos que aporten mucha energía y nutrientes con poca cantidad (como los frutos secos).



Consejos útiles para alimentarse durante el cáncer